jueves 22 de mayo de 2008

Un día con Junior

(Iba a ser sólo una tarde, pero nunca salen las cosas como uno lo planea).

Era un día importante (no, no hablo de San Eustaquio, para eso aún queda mucho), clave, crucial, el del reencuentro con Indiana Jones, un héroe, un mito, un icono al que venero desde pequeña (bueno, desde que era más pequeña que ahora, porque como dice mi futuro cónyuge, yo nunca he sido pequeña). Durante varios (bastantes) días he sido presa de una ansiedad que yo achacaba a motivos laborales (relacionados también con el arqueólogo, como el especial o los reportajes que ya comenté, todo ello hecho en mi escaso tiempo libre) pero que seguían ahí una vez aliviada del ajetreo profesional, por lo que el culpable de tanto nervio no era otro que el doctor Jones.

Pese a toda esta angustia, anoche al fin estaba más calmada, al menos dentro de lo que cabe, y lo estuve hasta que mi futuro cónyuge trazó nuestro plan para el día de hoy: estar en el cine antes de las doce de la mañana. Me parecía algo exagerado, teniendo en cuenta que teníamos entradas para las cinco de la tarde, y entonces él me espetó que debería haber sido yo quien propusiese tan, a priori, descabellado plan, porque nunca se sabe qué puede pasar (un pequeño inciso: aunque a los dos nos gusta tanto Indy como Star Wars, a él le tiran más los sables láser y a mí los látigos, uno en concreto). Y claro, me volví a poner histérica.

Esta mañana nos hemos levantado pronto (anoche llegamos del trabajo después de la una de la mañana, así que no hemos dormido mucho) y hemos llegado al cine poco después de las once y media. Antes de entrar en el parking del centro comercial, mi acompañante ha apuntado: "Sube gente para el cine". Y yo he respondido, tan tranquila: "Hoy es fiesta en Sevilla, así que habrá sesión matinal". En la última sílaba me he dado cuenta de la tragedia. Pese a que la compra por Internet y la chica que nos vendió las entradas en la taquilla el 1 de mayo indicaban que la de las cinco (para la que teníamos localidades) era la primera sesión, era más que probable que hubiese un pase matinal.

Podría decir lo vertiginosos que fueron mi entrada en el parking, mi aparcamiento y la subida de las tres plantas que separan la zona de estacionamiento de los cines, pero os lo podéis imaginar. Hemos subido, hemos comprado las entradas y nos hemos metido en la sala a velocidad de vértigo. A pesar de que no estaban numeradas, nos hemos sentado donde solemos hacerlo y hasta nos ha dado tiempo a ir al baño antes de que las luces se apagasen y saliese en pantalla (después de un anuncio inenarrablemente cursi, ñoño y horrible sobre un sitio en la quinta puñeta para celebrar bodas) el logotipo de Lucasfilm.

Mañana haré una reseña completa de la película, pero os adelanto que no sólo no me he cortado las venas ni he pillado un avión para suicidar a Lucas y Spielberg (a Harrison Ford no, porque se me ocurren otras cosas mejores que hacer con él), sino que la hemos vuelto a ver a las cinco (y no porque ya tuviésemos las entradas compradas) y nos queda alguna vez más (en versión original; las dos de hoy, una digital y otra normal, han sido dobladas).

Y termino ya por hoy con un encendido reproche a Nervión Plaza (el cine en cuestión), que al parecer no entiende el concepto primer pase, porque si había sesiones a las doce (cuatro o cinco salas), a las cuatro, cuatro y cuarto y cuatro y media, está claro que la de las cinco no era ni de lejos la primera, algo que expresamente pedí en la taquilla cuando compré las puñeteras entradas hace tres semanas. Mal, muy mal.

El fin de la cuenta atrás

Al fin, después de tanto tiempo de espera, de rumores, de dudas y, por qué no decirlo, también de miedo, hoy se estrena en todo el mundo Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Mi particular calvario termina (o eso espero, porque como sea mala me va a dar algo) a las cinco de la tarde, pero antes os dejo aquí otro reportaje escrito en mi vida real, como dicen algunos, esta vez sobre el estreno de la cuarta entrega. Es 100% libre de espoilers, así que lo podéis leer sin miedo. Y ahora os dejo porque voy a pasar la tarde con el doctor Jones. Que tengáis un buen día.



Ha vuelto

Indiana Jones regresa este jueves a los cines de todo el mundo con su cuarta aventura, 'El reino de la calavera de cristal'.

Otros son más rápidos, más ágiles, más listos, más jóvenes, saben artes marciales, tienen sofisticadas armas y artilugios y dan más golpes de los que reciben, pero pocos son capaces de implicar tan bien a los espectadores en las aventuras, el miedo, el dolor y el triunfo de un héroe que sortea el fracaso, aventura tras aventura, sólo con un ingenioso y descabellado plan que surge siempre en el último minuto. Con su sombrero y su látigo, regresa a los cines dos décadas después de encontrar el Santo Grial. Su objetivo: El reino de la calavera de cristal. Su nombre: Indiana Jones.

Dos décadas sin Indy

Han tardado 19 años en hacerla, pero la idea de continuar la saga surgió tras La última Cruzada, estrenada en 1989 (de hecho, el plan original era hacer cinco películas). En 1994 Harrison Ford se le acercó a Steven Spielberg durante la gala de los Oscar en la que el primero le entregó al segundo la estatuilla por La lista de Schindler para decirle que estaba listo para empuñar de nuevo el látigo. Parece ser que fue entonces cuando Lucas y Spielberg comenzaron a buscar un guión para la cuarta entrega, una búsqueda infructuosa que demoró el proyecto durante años a pesar de que vieron muchos guiones (durante un tiempo prácticamente no había un guionista en Hollywood que no tuviese en el cajón una historia para Indy).

M. Night Shyamalan o Tom Stoppard (Shakespeare in love) fueron algunos de los que escribieron sobre el doctor Jones, pero todas sus propuestas fueron rechazadas. Lucas se embarcó en su segunda trilogía galáctica, que le tuvo ocupado hasta 2005, y Spielberg comenzó a encadenar rodaje tras rodaje, en un frenesí que las malas lenguas atribuyeron a una necesidad de mantenerse ocupado para rechazar, llegado el caso, filmar un nuevo Indiana Jones.

Y entonces, en 2004, la Red volvió a llenarse de rumores: tenían guión. No se sabe mucho de ese libreto, salvo que lo firmaba Frank Darabont (Cadena perpetua) y que se centraba en la relación del héroe con su hermano (que iba a ser interpretado por Kevin Costner). Cuando ya todos daban por seguro que se iban a poner manos a la obra, saltó la bomba: Lucas lo había rechazado. Siguieron llegando propuestas (que básicamente servían para que, casi cada año, se publicase en algún sitio que el rodaje comenzaría “este verano”) y todas eran descartadas, bien por Lucas (que ha confesado que no le gustaba ninguno de los macguffins –el tesoro tras el que andaría Indy–), bien por Spielberg (reticente a retomar la saga).

Hace algo más de un año volvieron a saltar los rumores. Tenían guión (esta vez de David Koepp) y la rodarían en verano. Como es lógico, nadie se lo creyó, hasta que se publicó la primera foto oficial (tomada además por Spielberg) de Harrison Ford vestido de Indiana Jones.

La historia

Una vez confirmado que sí que habría un cuarto Indiana Jones, la cuestión estaba en averiguar de qué trataría. Hasta llegar a El reino de la calavera de cristal (revelado en septiembre del año pasado por Shia LaBeouf en una entrega de premios de la MTV), registraron títulos como La ciudad de los dioses, El destructor de mundos, El cuarto rincón de la Tierra, La ciudad perdida de oro o La búsqueda de la Alianza.

Algunos de estos títulos tienen que ver con un macguffin del que se habló durante años, la Atlántida, presente en cierto modo en la historia de las calaveras, unos artefactos de origen precolombino, según la leyenda (los científicos han demostrado que las que se conservan en el Smithsonian, el Museo Británico y el museo parisino de Quai Branly datan en realidad del siglo XIX), entregados por los Itzas (habitantes del mundo perdido) a los olmecas y que poseen propiedades como la capacidad de detener el mundo si se alinean todas las existentes.

La ‘fórmula Indy’

Las series de televisión tienen su biblia, un documento que recoge los presupuestos argumentales y narrativos a los que los guionistas deben atenerse para escribir nuevos episodios, y en cierto modo también la tiene Indiana Jones. Aunque en esta entrega hay varias novedades, su espíritu es fiel al de sus predecesoras: la esencia clásica del cine de aventuras (algo de lo que inexplicablemente se quejaron algunos periodistas que la vieron el domingo en Cannes).

Se ha rodado en celuloide, en escenarios reales, no hay un solo efecto digital más de lo necesario, ni experimentos en el montaje (una vez más a cargo de Michael Kahn), Harrison Ford hace la mayor parte de sus secuencias de acción, los productores, aparte de Lucas, vuelven a ser Frank Marshall y Kathleen Kennedy, la música (por supuesto) es de John Williams y el gran fichaje del equipo, el director de fotografía Janusz Kaminski (el nonagenario Douglas Slocombe está retirado), al que le gusta experimentar con texturas y colores, ha sido aleccionado por Spielberg sobre qué aspecto tienen las aventuras de Indiana Jones.

Novedades

Como se suele decir, el tiempo pasa para todos, no sólo para Spielberg, Lucas y Ford (al que estos días le preguntan de un millar de formas si no es, a sus 65 años, demasiado viejo para volver a meterse en la piel del arqueólogo: lo poco visto hasta ahora demuestra que no lo es), sino también para la saga y para el propio personaje.

Si las historias de la trilogía se desarrollaban en los años 30, ahora la acción salta a 1957. No hay nazis (aparte de por coherencia histórica, por el deseo de Spielberg, tras La lista de Schindler, de dejar a un lado a las huestes de Hitler), sino rusos (liderados por el personaje de Cate Blanchett), y también hay varios cambios en el equipo del héroe, unos por causa de fuerza mayor (Denholm Elliot, el entrañable Marcus Brody, falleció hace unos años) y otros no tanto, como John Rhys-Davies (Sallah) o Sean Connery (Henry Jones Sr.), que rehusaron participar. La que sí repite es Karen Allen, que ya buscó con Indy el Arca, y se añaden al grupo Shia LaBeouf, Ray Winstone, John Hurt y Jim Broadbent.

El futuro

Hay quien afirma que esto no es un punto final, sino el inicio de una etapa, con una nueva generación (¿LaBeouf?) tomando el testigo, pero Indiana Jones es Harrison Ford. Ningún otro actor sería capaz de imprimir al personaje las dosis exactas de vulnerabilidad, humor, cinismo, encanto y credibilidad para crear al héroe humano y cercano que ha cautivado a varias generaciones.

Mientras Lucas da pábulo a la rumorología sobre una quinta entrega con Indy reducido a una presencia testimonial, Spielberg sólo dice que continuará si el público quiere que lo haga. El director no se ha cansado de repetir que esta película la han hecho para los fans, para los que durante 20 años se han conformado con revivir en la pantalla del televisor las aventuras que una vez les emocionaron en el cine, porque, pese a que algunos sostienen que la exhibición cinematográfica es un negocio en decadencia en favor de los formatos domésticos, es en la oscuridad de una sala de cine donde se forjan los mitos.

miércoles 21 de mayo de 2008

Autorreferencialidad

Tranquilos, no voy a soltar una parrafada sobre la llamada generación autorreferencial que tan buenas tardes (y noches) me ha dado y a la que además debo un magnífico sobresaliente en una de las asignaturas de la carrera. Voy a hacer algo un poco más raro: invitarme a mí misma, o citarme, como prefiráis, para incluir aquí un reportaje publicado en los periódicos en los que trabajo. Me gano la vida en los nueve periódicos digitales -a veces también en los impresos- del Grupo Joly, aunque, como no me fío mucho de que el enlace al reportaje o al fastuoso especial sobre el arqueólogo que me he currado duren mucho, prefiero pegar a continuación dicho texto, por si alguien le quiere echar un vistazo. Ahí va:


Profesor, arqueólogo, héroe

Casi dos décadas después de su última Cruzada regresa a las salas Indiana Jones, un icono del séptimo arte interpretado por Harrison Ford que condensa la esencia del cine de aventuras.

Sombrero, látigo, una silueta mundialmente reconocible, gusto por emprender arriesgadas expediciones por todo el mundo en busca de tesoros arqueológicos y cierta propensión a recibir palizas son algunos de los rasgos característicos de Indiana Jones, profesor, arqueólogo, aventurero y uno de los héroes más populares de la historia del cine. En el improbable caso de que haya alguien que no se haya enterado de que el doctor Jones regresa este jueves a los cines con El reino de la calavera de cristal o, aún peor, que ni siquiera sepa quién es, aquí van unas claves para ponerse al día.

La trilogía

Aunque está a punto de convertirse en tetralogía, durante casi 20 años Indiana Jones ha sido una trilogía, un tríptico casi perfecto que demuestra que sólo unos pocos privilegiados son capaces de hacer buen cine de entretenimiento. La saga arrancó en 1981 con En busca del Arca perdida, a la que siguieron, en 1984, Indiana Jones y el Templo maldito y en 1989 Indiana Jones y la última Cruzada, las tres ambientadas en los años 30, dirigidas por Steven Spielberg, producidas por George Lucas, protagonizadas por Harrison Ford y acompañadas musicalmente por John Williams, al igual que la cuarta entrega.

Primera parada: Hawai

Hasta allí se fueron Lucas y Spielberg en 1977 mientras se desataba la fiebre galáctica. Entre cóctel y cóctel y ataviados con collares de flores y camisas de atrevidos estampados, Spielberg le confesó a Lucas que siempre había querido hacer un James Bond, aunque a los dueños de la franquicia no les entusiasmaba la idea. Y entonces Lucas recordó una idea aparcada por Star Wars: un arqueólogo, creado con trazos de Las minas del rey Salomón o El tesoro de Sierra Madre y una doble identidad (profesor y aventurero). Su nombre: Indiana Smith. A Spielberg le encantó la idea, pero no su apellido. Jones quedaba mejor, y con el consentimiento de Lucas y un apretón de manos (o puede que fuera un brindis) nació Indiana Jones.

En busca de Indy

Tim Matheson y Peter Coyote fueron algunos de los candidatos a ser Indy, aunque a Lucas le gustaba Tom Selleck, atrapado en un contrato con la CBS para Magnum que no le permitía deslices cinematográficos. A seis semanas del rodaje, estaban sin protagonista. Y Spielberg, en la premiere en Londres de El Imperio contraataca, propuso recuperar un nombre descartado porque a Lucas no le gustaba repetir con los actores: Harrison Ford. Por suerte cedió, porque Ford nació para ser Indiana Jones.

Los malos

Situar la acción en los años 30 les proporcionaba la posibilidad de contar con los nazis, presentes en la primera película y también en la tercera, liderados en el Arca por Toht (Ronald Lacey), al que acompaña otro arqueólogo, Belloq (Paul Freeman), y en la última Cruzada (aparece el Führer, pero de forma tangencial) por Vogel (Michael Byrne), secundado por el millonario Walter Donovan (Julian Glover) y la traicionera Elsa Schneider (Alison Doody). En el Templo no hay nazis, aunque los rivales del héroe no tienen nada que envidiarles, desde el Lao Che (Roy Chiao) de la aventura del prólogo hasta el líder de la secta Thugge, Mola Ram (el fallecido Amrish Puri).

El elemento femenino

Como Almodóvar y James Bond (también aquí hay un prólogo que precede a la acción principal), el doctor Jones también tiene sus chicas. Su primera pareja cinematográfica fue Marion Ravenwood (Karen Allen, que también está en El reino de la calavera de cristal), que tuvo un romance previo (y fallido) con el protagonista y posee una legendaria resistencia al alcohol. A Marion la sustituyó la corista Willie Scott (Kate Capshaw, que en el rodaje del Templo conoció a su actual marido, Spielberg) y a ella Elsa Schneider (Doody), una bella nazi que embauca a Indy y a su padre.

Compañeros

Aunque en el Templo su principal ayudante es el avispado Tapón (Jonathan Ke Quan), en las otras dos entregas son otros los que forman el círculo de confianza del doctor Jones: el polivalente Sallah (John Rhys-Davies) y el despistado y entrañable Marcus Brody (el fallecido Denholm Elliot), un dúo al que en la Cruzada se une su mejor compañero de fatigas, su padre, Henry Jones (Sean Connery), una aparición que sirvió para dar a la historia un tono iniciático y desvelar que Indiana no es más que un apodo (tomado del perro de la familia; en el caso de Lucas, de su propio perro) de Henry Jones Jr. y el origen de su cicatriz, el sombrero, el látigo o su pavor a las serpientes.

Los ‘macguffins’

Para Hitchcock no eran más que elementos que hacen avanzar la acción pero que carecen de importancia, pero para Lucas son mucho más. Aunque en cada prólogo Indiana anda tras la pista de algún artilugio (el ídolo del Arca, los restos de Nurachi del Templo o la Cruz de Coronado de la última Cruzada), no eran esos los verdaderos tesoros. En sus tres primeras aventuras, Indy ha tenido que buscar el Arca de la Alianza, las piedras de Sankara y hasta el Santo Grial. El favorito de Lucas siempre ha sido el Arca. Habrá que ver cómo funciona la calavera de cristal.

Más allá de la pantalla
Como todo mito que se precie, Indiana Jones no se acaba tras los títulos de crédito. Hay novelas, cómics, una serie centrada en sus años mozos (Las aventuras del joven Indiana Jones), videojuegos (uno de ellos con figuritas de Lego), juguetes y, por supuesto, DVD. Hace unos días salió al mercado una nueva edición de la trilogía, que incluye material inédito que hace imprescindible su adquisición para todo fan, tenga o no la anterior versión.

La herencia de Indy
Han sido muchos los que se han disputado el legado del arqueólogo, desde el prescindible remake de Las minas del rey Salomón con Richard Chamberlain y Sharon Stone (que tuvo continuación), La gran ruta hacia China (con Tom Selleck) o la reciente La búsqueda (y su secuela), que han demostrado que no es tan fácil hacer buenas películas de aventuras, hasta las más acertadas Tras el corazón verde (y La joya del Nilo), Tomb Raider, Los Goonies o El secreto de la pirámide (estas dos últimas no están directamente inspiradas en la saga, pero sin ella probablemente no se habrían filmado). Tal vez sea La momia la más digna heredera del espíritu Jones, aunque ninguno de todos estos intentos ha podido igualar, y mucho menos superar, la perfección del original.

lunes 19 de mayo de 2008

El doctor Jones en Cannes

Como ya todos sabréis, los chicos estuvieron ayer en el Festival de Cannes y, claro, la liaron. Cientos de fans haciendo cola para verles unos segundos, periodistas luchando denodadamente por un hueco en la rueda de prensa o en el pase para los medios y una fuerte ovación cuando en la sala de proyección sonó, al principio de la película, la fanfarria de John Williams que acompaña al arqueólogo fueron algunos de los detalles de un día en el que Cannes fue el reino de Indiana Jones.

A la presentación de la película acudió todo el equipo, desde Steven Spielberg, George Lucas y los productores Frank Marshall y Kathleen Kennedy hasta el reparto al completo, capitaneado por un Harrison Ford al que hacía tiempo que no se le veía tan a gusto en la presentación de uno de sus trabajos. Junto a él, Karen Allen, una Cate Blanchett divertida ante todo el jaleo que acompañó durante todo el día a la troupe, Ray Winstone, John Hurt y un Shia LaBeouf que confesó estar aturdido por la expectación de medios y espectadores (si, como dice el tito George, vas a heredar la saga, más te vale acostumbrarte, chaval, porque el látigo pesa mucho más de lo que parece).

Pero no todo fueron aplausos y ovaciones. A la infinita paciencia de Harrison Ford, que no le partió la cara a ninguno de los cientos de originales periodistas que, en varios idiomas diferentes, le preguntaron si no era demasiado viejo para ser Indiana Jones, se une la herejía de otros cuantos indocumentados que, después de ver la película antes que nadie (un lujo que sin duda no supieron apreciar), se quejaron de su "falta de originalidad", un estúpido comentario (nadie quiere que sea original, pro deum hominumque, queremos que sea como las otras tres) aderezado con frases despectivas del tipo "no es una gran película, pero a los fans [que son idiotas, piensan, sin atreverse a decirlo] les va a gustar".

Afortunadamente, los infieles fueron pocos, y en ningún caso pudieron empañar la gran fiesta que Cannes, la hermosa ciudad que se reencontró con Spielberg tras más de 20 años de ausencia, dedicó al hombre del año. Tal como preveía, por agencias entraron cientos de fotos espectaculares (¿cómo podéis dudar del estado físico de Ford habiéndole tenido de cerca? ¿no veis lo bien que está?) con las que no descarto empapelar alguna que otra habitación, y eso sin contar con las del pase de gala de la noche, que tendrán que ser hábilmente arregladas porque en la mayoría sale la canija (akas Calista) pegada cual lapa al hombre mientras la preciosa Cate Blanchett se paseaba sola por la alfombra roja. Si es que no hay justicia.

sábado 17 de mayo de 2008

La trastienda

Sigue la cuenta atrás, y siguen publicándose más y más vídeos del rodaje de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, como este que muestra a Steven Spielberg en plena faena,



o estos otros tres que reúnen distintos momentos del rodaje y que, una vez editados y locutados, seguro que forman parte del making of del filme:







Seguro que alguno se pregunta por qué pongo tantas fotos y tantos vídeos de Indy por aquí. Es simple. Aparte de porque quizás a alguien le gusta verlos (seguro que hay más de uno/a que comparte mi perversión), me gusta tener todo este material a mano, como también me gustará tener cerca las imágenes del desembarco de todo el equipo en el Festival de Cannes, un acontecimiento que tendrá lugar este domingo, o sea, mañana. Se me hace la boca agua sólo con pensar en la cantidad de fotos que van a entrar por agencias (ventajas de trabajar en un periódico) y que van a pasar a formar parte de mi colección particular...

viernes 16 de mayo de 2008

The legend goes Lego

Ese es el eslogan del nuevo videojuego de Indiana Jones. No es una mera adaptación al ordenador o la consola de las aventuras del arqueólogo, porque el título sigue la estela de la saga galáctica y convierte al doctor Jones y a sus compañeros y enemigos en figuritas de Lego. Puede que dentro de un tiempo salga El reino de la calavera de cristal, pero por ahora se han conformado con adaptar las historias de las tres primeras entregas. Aún no ha salido al mercado, pero ya hay un par de tráilers. Atención a la poco esférica bola de piedra que persigue al pequeño Indy en una secuencia tomada de En busca del Arca perdida:



jueves 15 de mayo de 2008

Una de anuncios

La Liga está a punto de acabar (la de Primera, porque a la de Segunda, para mi desgracia, aún le quedan unas semanas) pero, con la Eurocopa a la vuelta de la esquina, aún queda mucho fútbol antes de que empiecen esos sucedáneos conocidos como torneos de verano. El fútbol atrae masas, genera millones y millones de euros (o dólares, pongan la divisa que más les guste) y de vez en cuando inspira maravillas como este anuncio de Nike hecho por Guy Ritchie (el señor Madonna).



Como decía, la Eurocopa casi está aquí, y este año le toca emitirla a Cuatro y Digital+, lo que les ha servido para poner en marcha una campaña cuyo leit motiv es Innsbruck, la sede de la selección española durante el campeonato. Este es el anuncio principal de la campaña, con logo de Dharma incluido, en el que, por cierto, ya no se aspira a ganar el torneo, sino sólo a pasar de cuartos:



Estos otros dos, vistos en Chica de la tele, no tienen nada que ver con el fútbol, pero no tienen desperdicio. El primero, de Chevrolet, se burla de una conocida campaña de Citroën y el segundo, de Canal+ Francia, demuestra que es mejor ver las películas que esperar a que alguien te las cuente.