jueves, 28 de febrero de 2008

Una tarde con una voz

Hoy es festivo en Andalucía, es mi sexto día consecutivo de trabajo (he tenido una jornada de Liga, dos debates electorales -nacional y andaluz- y una gala de los Oscar), mi jefe sólo ha pasado por aquí un par de horas (dos más de las necesarias) y encima tenemos problemas informáticos (los técnicos, ese colectivo profesional tan difuso en toda empresa, ha decidido, unilateralmente y sin previo aviso, ponerse a toquetear en el sistema), así que la tensión laboral es más bien escasa.

Para mitigar mis involuntarios ratos de ocio (preferiría irme a casa, pero no puedo), me he dado una vuelta en busca de cosas sobre Sam Neill, del que ya hablé hace un par de días. En ese paseo he descubierto que el señor Neill tiene fans como Maureen o Mary Ann, administradoras de la web Wonderful Sam Neill (creo que el título es lo suficientemente explicativo); una tal Nora Roth, húngara para más señas (y que no tiene pinta de llamarse Nora, a no ser que Nora no sea en Hungría un nombre femenino), que tiene una ¿interesante? colección de vídeos creados a partir de fotos del actor, u otra llamada Cristina cuya dirección en MySpace es la explícita Cristina loves Sam Neill y que está adoctrinando a su sobrina de tres añitos. Ahí queda eso.

Dejando a un lado el harén virtual de Neill, en YouTube he encontrado también su prueba para hacer de James Bond (se quedaron con Timothy Dalton), que he añadido en el artículo que le dediqué el domingo, y unos curiosísimos anuncios para fomentar el consumo de carne roja. Lo curioso no es tanto el objeto de la publicidad (el eslogan es Red meat, we were meant to eat it), sino que al final, sin motivo aparente, se marca algo que siendo muy, muy generosos, podríamos llamar un baile. Os dejo aquí uno, pero hay alguno que otro más.



En mi peregrinar virtual tras el rastro de Sam Neill he acabado aterrizando aquí, donde están todos los episodios (son sólo seis) de Space, la serie sobre el espacio que presentó hace unos años en la BBC.

Y me he pasado buena parte de la tarde escuchándolos (a ratos viéndolos, pero sobre todo escuchándolos).



Primer capítulo de la serie.

Los que me conocen bien saben de mi obsesión por las voces, aunque no sea exactamente una obsesión. Me suelo fijar en las voces, y en las miradas, sobre todo en las masculinas (qué le vamos a hacer, me gustan los hombres). Me gustan las voces varoniles, suaves pero firmes, cálidas y profundas, y las miradas expresivas (parece una tontería, pero hay millones de personas que vagan por las calles con la mirada muerta). Aunque casos como mi pasión por Harrison Ford están más allá de toda catalogación, explicación o razonamiento (pero su mirada y su voz encajan en mi tipo), otros como George Clooney se basan en esos dos factores (no exclusivamente, claro, porque el envoltorio tampoco está nada mal).

Sin entrar en la misma categoría que Ford y Clooney, Neill cumple esos dos requisitos, y por eso me he pasado casi toda la tarde escuchando Space, embrujada por su voz (y, todo hay que decirlo, sin hacer demasiado caso a lo que el pobre contaba), tanto que he pensado en grabármelo para tenerlo a mano cuando tenga problemas para dormir, porque es una delicia oírle.

Lo gracioso de todo esto es que, a pesar de que me gusta (profesionalmente hablando) desde hace como 15 años, hasta este mismo mes, gracias a unos episodios de Los Tudor en versión original, nunca había escuchado su voz.

P. D. (02/03): He encontrado otro anuncio de la campaña carnívora de Neill. En esta ocasión, aparte de bailar, corretea tras un pollo.

miércoles, 27 de febrero de 2008

¿El heredero?

Es pronto para decir si J. J. Abrams es o no el heredero de George Lucas, primero porque Lucas sigue vivito y coleando (por muchos años, espero) y en activo, y segundo porque la carrera de Abrams no es aún lo suficientemente extensa (por muy ruidosa que sea), pero si alguien es capaz de darle a la industria (cinematográfica y televisiva) el meneo que precisa es Abrams (la última revolución fue la de los chicos de las barbas -Lucas, Spielberg, Coppola, Scorsese...-, allá por los años 70).

No sé dónde se tomó, ni qué fue lo que les reunió, ni, lamentablemente, de qué hablaban, pero la foto, que es muy hermosa, podría dentro de unos años ser recordada como el inicio de una nueva revolución.

martes, 26 de febrero de 2008

Una noche agridulce

Bardem ya tiene su merecidísimo Oscar, y tal vez eso fue lo mejor de una noche en la que casi todos pillaron algo y los Coen al fin triunfaron, aunque no creo que No es país para viejos sea la mejor película que han firmado (el año pasado ocurrió lo mismo con Scorsese; con él no protesté, y no lo haré tampoco ahora).

Fue una noche sobria, sencilla, sin los fastos de otras ocasiones (no olvidemos que sólo han tenido dos semanas para prepararla por culpa de la huelga), pero aun así a mí me gustó. Eché de menos algún vídeo con Jon Stewart al inicio, o algún numero al estilo Billy Crystal, pero salvo eso la ceremonia fue impecable, ágil y entretenida, lastrada sólo, como siempre, por los números musicales (¿alguien más se alegró de que el triple nominado Alan Menken se fuera con las manos vacías?).

El reparto de premios siguió la tónica de años anteriores (a la que se han apuntado también los Globos de Oro) y fue eso, un reparto. No es país para viejos se llevó cuatro de las ocho estatuillas a las que optaba (Película, Director, Guión Adaptado y la de Bardem), Pozos de ambición dos (Fotografía y la de Daniel Day-Lewis), Expiación una para la Música (Alberto Iglesias volvió a hacer el viaje en balde), Juno otra para su guión, Michael Clayton la de Tilda Swinton, La vida en rosa dos, una para su protagonista, Marion Cotillard, y para su maquillaje, y El ultimátum de Bourne los tres premios por los que competía (Montaje y los dos de sonido).

Ya he dicho en alguna ocasión que no me gustan estos repartos, que aunque sea un poco cruel me gusta que haya ganadores y perdedores, aunque como sólo he visto No es país para viejos y Pozos de ambición (y sin duda prefiero la de los Coen, porque la de Paul Thomas Anderson es un despropósito), tampoco sé si los premios son o no justos, así que no me meteré en ese jardín.

Al menos No es país para viejos se ha llevado cuatro Oscar de primera división (porque por mucho que compitiera en la categoría de reparto Bardem es el alma de la película) y, como ya ocurrió con Infiltrados (se llevó también cuatro, con la salvedad de que el de interpretación fue sustituido por el montaje), los premios a la Mejor Película y al Mejor Director vuelven, como siempre debería ser, a coincidir.

Los cuatro premios de interpretación volaron a Europa, algo que unos (los infames comentaristas Figueras y Barceló; alguien debería arrebatarle a Canal+ los derechos de los Oscar solamente para no tener que escuchar las sandeces que sueltan cada año) justifican con el sólido argumento de que "cada año hay más académicos extranjeros" y otros por la sequía creativa en la que supuestamente vive inmerso Hollywood (los premios de guión, de dirección y a la Mejor Película fueron para títulos y profesionales norteamericanos).


Al margen del premio de Bardem, que se pasó toda la noche a la vera de Jack Nicholson (y seguro que después cayeron con él unas cuantas copas, porque ya sabemos lo que le gusta a Jack una buena juerga), y del otro Oscar cantado de la noche, el de Daniel Day-Lewis, que se arrodilló cuando lo recogió de manos de Helen Mirren, diciendo que es lo más cerca que estaría de ser nombrado caballero (me sigue sorprendiendo que un tipo tan poquita cosa sea capaz de interpretar papeles tan fuertes), las sorpresas estuvieron del lado de las chicas. Tilda Swinton, por un lado, y la guapísima y emocionadísima Marion Cotillard, que seguro que todavía no se cree que le hayan dado un Oscar (y no porque no se lo merezca).

Cate Blanchett se fue a casa con las manos vacías a pesar de sus dos nominaciones y de haber sido seleccionada en la categoría de mejor bebé. Por este premio inventado por Stewart competía con las también embarazadas Jessica Alba y Nicole Kidman, aunque la ganadora fue la ausente Angelina Jolie. (Uno de los grandes chistes de la noche fue cuando el anfitrión hizo inventario de embarazos y reparó en la presencia de Jack: "A lo mejor hay que volver a contar al final de la noche").

Aparte de Nicholson, que subió al escenario con su maravillosa voz (me pierden las voces masculinas cálidas y profundas) pero sin sus gafas de sol para presentar uno de los muchos vídeos recopilatorios de la noche que recordaban los 80 años de Oscar, el apartado masculino no estuvo nada mal (las chicas y sus trapitos no me interesan nada, lo siento).

Tuvimos a George (Clooney), grapado a su novia (ni sé cómo se llama ni me importa; al menos es guapísima, no como las de otros), candidato con pocas posibilidades (competía con Daniel Day-Lewis) y tan radiante como siempre (por mucho que Figueras criticase, una y otra vez, sus arreglos faciales; si se ha arreglado la cara, ¿qué importa? Como si antes fuese un adefesio y fuese guapo sólo gracias al bisturí. Por Dios, con esa materia prima...). Con buen criterio, la organización, que sabía que no tenía muchas opciones de subir al escenario a recoger una estatuilla, le encomendó la presentación de un clip nostálgico para que no nos quedásemos sin verlo. Gracias.

Lo mejor, para el final. George no fue el único hombre de la noche, porque allí estuvo el Hombre, que se paseó por la alfombra roja también grapado a su novia (mucho menos agraciada que la de Clooney), lo que me condena a una laboriosa sesión de Photoshop para limpiar todas las fotos que entraron de agencias.

Harrison Ford apareció en el escenario del Teatro Kodak con la fanfarria de Indy pero sin su látigo (lástima), aunque con esmoquin (prefiero la chaqueta blanca) tampoco está nada mal. Entregó un premio, pero esta vez no fue el de Mejor Película (ese lo dio Denzel Washington), como ocurrió con Shakespeare in love y La lista de Schindler (se me saltan las lágrimas cada vez que me acuerdo del abrazo que le dio a Spielberg).

Ford presentó el Oscar al Mejor Guión, que fue para Juno, más concretamente para su escritora, Diablo Cody, una ex stripper con algún problema de estilismo que ni siquiera tocó a Ford cuando le dio el Oscar. Vamos a ver, criatura. Tienes mi edad, has estado al lado de Han Solo e Indiana Jones, tenías una excusa magnífica para soltarle un buen beso y ni siquiera le has rozado. ¿Cuál es tu problema? ¿No has tenido infancia? ¿No te gustan los hombres? Espero que los nervios te paralizasen, porque no tienes perdón, chica.

P. D.: Es imperdonable que haya tardado tanto en escribir aquí sobre los Oscar, pero el deber profesional me ha impedido hacerlo antes. La noche de autos hice para los periódicos digitales en los que trabajo un seguimiento on line del tema y, a las 5.45, cuando acabó, me puse a escribir la primera crónica. Por la tarde, escribí otra (más amplia) para la edición impresa y encima tuve que cubrir (desde la redacción, claro), el puñetero cara a cara Zapatero-Rajoy, así que he tenido poco tiempo. Mis disculpas.

domingo, 24 de febrero de 2008

Un actor desaprovechado

El sexo y el poder siempre han hecho buena pareja en la ficción. La historia del cine, la literatura y la televisión está plagada de buenos ejemplos. El último es Los Tudor, una serie de Showtime que ahora emite Canal+ (en marzo arrancará en EEUU su segunda temporada) que incluye sexo y poder en generosas dosis alrededor del trono (y la cama, claro) de Enrique VIII.



Jonathan Rhys-Meyers es el encargado de interpretar a un inmaduro, belicoso y caprichoso monarca en los tiempos de su relación con Ana Bolena (aunque la historia arranca un poco antes), que provoca su ruptura con la Iglesia católica y desencadena una vorágine de sangre que marcaría el resto de su reinado. La serie, de impecable factura, peca de una frialdad excesiva que se puede perdonar a una película (al fin y al cabo a las dos horas se acaba) pero no a una serie que precisa de personajes e historias capaces de generar empatía en el espectador. Aquí no hay nada de eso, entre otras cosas porque todos son un puñado de arpías (sí, ellos también) con los que no cabe identificación posible.

Pero a pesar de eso y de que sepamos cómo acaba todo, la serie es más que interesante, y además me ha devuelto a mi siempre añorado Sam Neill, que interpreta al Cardenal Wolsey, otro prenda de cuidado, mano derecha del rey que hace y deshace y se encarga de los asuntos del monarca, desde tratados internacionales hasta los hijos ilegítimos que sus muchas aventuras (aún estaba casado con Catalina de Aragón) van sembrando por Inglaterra. Wolsey es malo, muy malo. Avaricioso (anhela por encima de todo el Papado), lujurioso (tiene una amante y al menos un par de hijos) y traicionero, pero a pesar de todo es mucho más leal y fiel al rey que la corte de granujas que le rodean (con la familia Bolena al frente). Y por supuesto tiene mucha más clase.



Sam Neill es uno de esos actores desaprovechados, no se sabe si por voluntad propia, por culpa de un mal agente o simplemente por mala suerte, pero el caso es que nunca he entendido por qué este magnífico actor, que ha demostrado la misma solvencia en papeles de reparto que al frente de superproducciones, no tiene a una legión de directores y productores a las puertas de su casa rogándole que trabaje con ellos.

Ya llevaba bastante tiempo actuando (por ejemplo en Calma total, La caza del octubre rojo e incluso la tercera entrega de La profecía), pero yo le conocí en El piano (desde entonces no puedo evitar decir, cada vez que pillo una peli suya por televisión, a modo de mantra, "qué me gusta Sam Neill"), donde no le tocaba precisamente el mejor papel (el papel era bueno, pero el personaje no era un buen chico) y tenía que soportar que su muda y musical esposa (Holly Hunter) le engañase con un indígena (Harvey Keitel) con la complicidad de su hija (Anna Paquin).

Ese mismo año le llegó su gran oportunidad, una supreproducción firmada por Steven Spielberg y cuyo reparto encabezaba junto a Laura Dern, Jeff Goldblum y un puñado de dinosaurios. El paleontólogo Alan Grant (curiosamente, aunque probablemente no por casualidad, un personaje bastante parecido al doctor Jones, aunque más académico y menos aventurero) le lanzó a la fama y le convirtió en un rostro conocido en todo el planeta.

Pero contra todo pronóstico su carrera nunca terminó de despegar, o al menos no llegó a ser todo lo buena que podría haber sido. Sirenas, Horizonte final, El libro de la selva, la terrorífica En la boca del miedo, Restauración, Blancanieves, Merlín (para la televisión), El hombre bicentenario, la pequeña y deliciosa La Luna en directo...

En el año 2001 Spielberg le rescató, pero sólo para volver a meterle entre dinosaurios en el tercer Parque Jurásico (se rumorea que participará en la cuarta), y desde entonces vive en un semi-retiro voluntario del que sólo ha salido para hacer alguna cosita en televisión (como la narración de una serie sobre el espacio en la BBC), el seudo-telefilme Irreversible (con Susan Sarandon), un papelito en la sosa Wimbledon y la ya citada Los Tudor.

Nació en Irlanda, pero se crió en Nueva Zelanda, estuvo a punto de ser James Bond (en lugar del infausto Timothy Dalton), Elrond en El Señor de los Anillos y el Doctor Octopus en Spider-Man, y tiene un viñedo que produce un pinot noir llamado Two Paddocks y una mirada penetrante, cautivadora y honesta (salvo, claro está, cuando interpreta a un sinvergüenza) que, aunque no estará en la segunda temporada de Los Tudor (no es un espoiler; está todo en la Wikipedia, aunque el final del cardenal Wolsey no es exactamente el mismo en la serie), por suerte volveremos a ver en los próximos meses en un puñado de películas. Ya le echábamos de menos.

P. D.: Dentro de un ratito empiezan los Oscar, así que proveeos de café y chucherías, porque esta noche, aparte de un posible Oscar para Javier Bardem y/o Alberto Iglesias, vendrán a vernos al salón de casa Harrison Ford y George Clooney. Sólo con eso ya está amortizada la noche. Que lo disfrutéis.

P. D. II (28/02): Anoche me encontré la prueba de Sam Neill para James Bond. Ya me diréis si es o no mejor que el soso de Timothy Dalton.

sábado, 23 de febrero de 2008

Un cóctel perfecto

Una dosis de política, otra de drama, una pizca de humor y un poco, lo justo, de reflexión. Si seguimos la receta del inmenso Aaron Sorkin, añadimos a la mezcla a tres actores estupendos (Tom Hanks, Julia Roberts y Philip Seymour Hoffman) y escogemos un barman como Mike Nichols, tendremos como resultado La guerra de Charlie Wilson.

La película se basa en la historia real de un congresista texano (Charlie Wilson), amante de las mujeres y el whisky al que su tenacidad y el apoyo de una millonaria también texana y de un oscuro pero sagaz agente de la CIA llevan a contribuir decisivamente en la derrota de los soviéticos en el Afganistán de los años 80. Entre jacuzzi y jacuzzi con stripers de Las Vegas, fiestas y recepciones varias aderezadas con algún que otro revolcón con su rica amiga, Wilson ideó un plan que involucró a paquistaníes, egipcios, saudíes e israelíes y proporcionó fondos casi ilimitados a los muyahidines afganos para plantar cara al ejército ruso que durante años masacró a su pueblo.

Para alcanzar su objetivo, Wilson tuvo que derribar la resistencia de líderes, políticos y hasta embajadores poco proclives a intervenir en un suceso que podría caldear la Guerra Fría y cuyo riesgo ninguno estaba dispuesto a asumir. Pero lo hizo. Con una red de alianzas y pactos secretos desde Washington a Oriente Próximo, el congresista llevó a los afganos el armamento que necesitaban para derribar los helicópteros y los carros de combate enemigos. Lamentablemente no pudo terminar el trabajo. Cuando los soviéticos se retiraron, el Congreso cerró el grifo y se negó a enviar dinero al país para reconstruir todo lo que se había perdido, que fue mucho. Y todos sabemos lo que pasó después en Afganistán.

Alguno pensará que de este material es imposible sacar algo que no sea un documental, pero obviamente no conocen a Sorkin (recordemos, para los despistados, que es el padre de El ala oeste).

Aunque la dirección es impecable, la mayor baza del filme es su guión (incomprensiblemente olvidado por la Academia de Hollywood, al igual que la película, que sólo ha arañado una nominación a los Oscar para Philip Seymour Hoffman), tan brillante como los mejores episodios de El ala oeste (la secuencia en la que el protagonista habla a la vez, pero por tiempos, con su equipo -una colección de bellezas a las que el congresista llamaba, como era de esperar, los ángeles de Charlie- y con el agente al que encarna Seymour Hoffman es magnífica) e interpretado por un reparto, como se suele decir, en estado de gracia.

En la película aparecen Amy Adams, Emily Blunt o Ned Beatty, pero la gloria se la llevan los tres protagonistas, especialmente un Tom Hanks fabuloso al que no veíamos desde El código Da Vinci (y antes de eso en La terminal y en experimentos del tipo Polar Express) y que aquí compone una de sus mejores interpretaciones, la de un hombre con buen corazón encerrado en un golfo entrañable al que, pese a sus aficiones, es inevitable adorar.


P. D.:
Antes de la película, para redondear la proyección, nos pusieron este tráiler (no, no es el de Indy):



He de reconocer que la perspectiva de ver a Pierce Brosnan y, sobre todo, a Colin Firth cantando y bailando en plan petardo me subyuga. Voy a tener que ir a verla.

viernes, 22 de febrero de 2008

Trabajar en paz

En el Evento Blog a Hernán Casciari le preguntaron si no tenía problemas con la dirección de El País (en cuya web alberga el blog de televisión Espoiler) por incluir enlaces de descargas de series en sus textos. No recuerdo su respuesta exacta, pero era algo así como que en el periódico, aparte del encargado de pagarle cada mes, nadie le echaba cuentas, nadie se preocupaba por él ni por lo que hacía. Y no sabe cómo le envidio.

A pesar de que trabajo en un periódico, escribo poco. Mi trabajo es más edición que redacción, pero siempre que puedo escribo alguna cosita. Una de ellas es reseñar cada semana las novedades cinematográficas que llegan a las salas, una información inocua e insignificante que probablemente nadie lea y que en ningún caso debería importar a ninguno de los supuestos jefes de mi periódico.

Contra todo pronóstico, esta tontería me ha traído en las últimas semanas algunos quebraderos de cabeza, desde un rapapolvos por hablar de John Rambo, porque "no deberíamos promocionar películas tan violentas porque no son esos los valores que hay que fomentar desde nuestro periódico" (el comentario vino del mismo individuo que, cuando yo trabajaba en otro diario, perteneciente al mismo grupo, me llamaba cada dos por tres para decirme cómo tenía que hacer mi trabajo -como criticarme por escribir una crónica sobre los Oscar, cuando "había teletipos de agencias que se podían copiar"-, sin ser en ningún caso mi superior). Curiosamente nadie comentó nada cuando una o dos semanas después hablé largo y tendido de No es país para viejos, un filme impregnado de principio a fin de violencia, y no precisamente recreativa, lúdica y de mentira como la de Rambo.

La última de estas injerencias tuvo lugar la semana pasada. Vino de otro tipo pero su discurso tenía la misma profundidad intelectual que el de su compañero. Se estrenaban Pozos de ambición, Sweeney Todd y unas cuantas más, y porque destaqué estas dos, abriendo con la de Paul Thomas Anderson, el tipo me acusó de "engrasar la maquinaria de Hollywood". Tal cual.

El individuo, que tampoco es mi jefe, pretendía que abriese con la última película de Alain Resnais, Asuntos privados en lugares públicos, y planteó su exigencia con el imbatible argumento de que al crítico del periódico (al malo, no al bueno de los dos que hay) le había gustado mucho.

Cuando intenté convencerle de que si trabajas en un medio generalista no te puedes volver loco con una película que van a ir a ver seis e ignorar las que tienen tirón popular (no creo que hablar de Pozos de ambición y Sweeney Todd sea venderse a Hollywood o atentar contra el sentido común), el tipo enloqueció. Que si eso no le importaba, que si nuestro deber es apoyar las manifestaciones culturales de calidad, no importa si la gente va a verlas o no (es decir, hablo de lo que a mí me gusta y a lo demás, que le den), que si tenemos un compromiso moral con nuestros lectores, que si bla, bla, bla.

Y yo allí, conteniéndome para no decirle lo que de verdad pienso de su sección, de su concepto de la calidad y de qué lectores son esos con los que está comprometido, porque por más vueltas que le doy no veo que su trabajo refleje, ni de lejos, la vida cultural de la ciudad en la que vive y trabaja.

Después de gritarme durante un buen rato, el tipo al fin se fue, protestando porque había tenido que rehacer mi texto para meter la película de Resnais. Cuando se marchó, miré cómo había quedado mi página y los cambios que había hecho para cumplir con ese compromiso con sus lectores. Pero Pozos de ambición y Sweeney Todd seguían abriendo, y todo estaba tal como yo lo dejé, aunque sí que había metido el filme de Resnais. Le había dedicado exactamente seis líneas. Y una de ellas la ocupaba el título.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Cosas que se aprenden en el cine

Aun a riesgo de convertirme en una pesada monotemática, voy a hablar un poquito más del primer tráiler de Indy, porque gracias a él hemos aprendido que en un producto calificado como apto para todos los públicos no se puede mostrar al Ejército norteamericano apuntando con un arma a un compatriota.

¿De qué hablo? De que una de las imágenes del tráiler norteamericano ha sido retocada para que los soldados que le rodean la primera vez que vemos al arqueólogo no le apunten, como sí hacen en el filme y en el tráiler que se ha distribuido en el resto del mundo.

El cambio no ha sido, obviamente, idea de Spielberg o Lucas, sino de la implacable MPAA (Motion Picture Association of America), antaño reino del difunto Jack Valenti y que califica las películas y también sus anuncios, sean en el soporte que sean. Y parece ser (no existe un manual de calificaciones, al menos conocido, en el que se indique qué cosas se pueden mostrar y cuáles no en cada categoría) que lo de ver a soldados americanos apuntando a otro americano no es apropiado para los niños. No me gusta la idea (ni mucho menos la práctica) de la censura, pero por lo menos esta vez ha servido para que le quiten a Indy unos cuantos rifles de encima. Algo es algo.

P. D.: En el tráiler internacional también ha desaparecido una bandera de Estados Unidos que cruza la pantalla como transición entre el recuerdo de las anteriores aventuras y las imágenes de la nueva, aunque la verdad es que no sé qué aporta el cambio.

viernes, 15 de febrero de 2008

Menos de dos minutos

Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio, y aunque con según qué cosas se lo toma con un poco más de calma, normalmente el refrán suele tener razón.

Por mucha polvareda que levantasen en su día, pocas películas logran escapar a esa tiranía temporal que sólo salva del olvido a unas pocas elegidas. Les ocurre a las más taquilleras, a las más premiadas y a las que concitan páginas y páginas de elogiosas críticas. Paseando a Miss Daisy, Bailando con lobos, Gladiator, Una mente maravillosa, Chicago, Crash... Todas ellas triunfaron en los Oscar, y todas lo hicieron en las dos últimas décadas, pero dudo mucho que nadie se acuerde de ellas hoy en día y aún menos dentro de diez o veinte años.

Es cierto que en los tiempos que corren, en los que un taquillazo sigue a otro, una superproducción solapa a otra y hay tantos premios que lo difícil es que no te caiga alguno, la forja de mitos es más difícil que hace veinte o treinta años, pero también lo es que hace mucho tiempo que no asistimos al nacimiento de un clásico.

No creo que nadie hable dentro de un par de lustros de Spider-Man, Shrek, Piratas del Caribe o Matrix. Tal vez lo hagan de la Trilogía del Anillo, o tal vez no, pero seguro que sí lo hacen de Indiana Jones, porque Indiana Jones es un clásico.

Hay quien trabaja (filma, interpreta, escribe, pinta) con una vocación consciente de trascendencia, con el propósito de pasar a la historia, de dar qué hablar, de perdurar. Unos lo consiguen y otros muchos simplemente se quedan por el camino.

Cuando hace casi treinta años George Lucas y Steven Spielberg pusieron en marcha (con la imprescindible complicidad de Harrison Ford, la tercera pata de la mesa) En busca del Arca perdida sólo pensaban en pasarlo bien haciendo una película como las que les gustaba ver cuando eran niños.

Ya sabemos que lograron mucho más que eso, y ellos también. Ahora saben que no es sólo una película de aventuras, y precisamente a ese legado aluden en las primeras (y emocionantes) imágenes del primer tráiler, en las que además, como ya hicieron en las entregas anteriores, vuelven a escatimarnos la presencia del héroe, y antes de mostrarnos su rostro (sucio y magullado después de recibir unas cuantas caricias) nos enseñan su sombrero y su sombra.

Y entonces empieza a sonar la fanfarria (¿será la música anterior el tema de esta historia?*), y con un escalofrío y las lágrimas asomando le vemos correr, saltar, pegar (y recibir, mucho, como siempre) y usar al fin su látigo (genial la secuencia en el almacén y su error de cálculo; seguro que hay más de un chiste sobre su edad), y todo en apenas dos minutos (con sólo uno de imágenes de la nueva película) que por un lado corroboran que Lucasfilm es la NBA y por otro multiplican hasta el infinito las ganas de que llegue ya el 22 de mayo.

P. D.: El de ayer lo puse un poco a lo loco, así que, como hoy he visto en Blog de cine (tomado a su vez de Ahora Hollywood) uno que tiene bastante más calidad y nunca está de más volver a ver este impresionante documento, lo dejo por aquí. Que lo disfrutéis (otra vez).



P. D. II: Quien prefiera ver el tráiler en pantalla grande, puede verlo a partir de hoy justo antes de No es país para viejos, así que quien no la haya visto puede aprovechar para disfrutar del último trabajo de los Coen. Quien ya la haya visto, como es mi caso, puede buscar otra película interesante en una sala próxima y cambiar de sala después de ver el tráiler, una práctica moralmente reprobable pero que en este caso está más que justificada. [Corrección: Al indica en los comentarios que en algunos cines no lo proyectan antes de No es país para viejos, como aseguraba un teletipo que entró por agencias (de donde obtuve el dato), sino antes de Sweeney Todd, así que vete a saber por dónde aparece].

P. D. III (y última, espero): He decidido entregarme totalmente al fanatismo y he colocado en la columna de la derecha un artilugio que indica cuánto falta para el estreno de la película. A lo mejor un día de estos pongo otra cuenta atrás para el otro gran evento del año.

(*Actualización 06/04): Pues resulta que la música no es el tema de la nueva entrega. Gracias a la intensa (y puede que peligrosa) labor de investigación llevada a cabo por mi amigo Antonio Montilla, he descubierto que el fragmento en cuestión pertenece a la banda sonora de Children of Dune, obra de Bryan Tyler. Su saber enciclopédico nunca deja de sorprenderme.

jueves, 14 de febrero de 2008

El héroe, en acción

Ya tenemos tráiler. Aún no lo he visto, porque la publicación me ha pillado en el trabajo y un documento así no puede disfrutarse en esta pantallita con los auriculares puestos. Es mejor en casa, en la tele, con el volumen a tope y en buena compañía. Lo dejo por aquí por si lo queréis ir viendo. Ya comentaré más tarde qué me parece. Hasta luego.



Actualización: Lágrimas en los ojos, pelillos de punta. Es incluso mejor de lo esperado. Gracias.

martes, 12 de febrero de 2008

Nos hacemos mayores

No son los años, las canas, las arrugas y los achaques los únicos indicadores de que nos hacemos mayores. El síntoma tal vez más certero de que los años nos atrapan es la marcha de aquellos a los que queremos. Perdemos por el camino a amigos y familiares, y también perdemos a esos otros que, desde la distancia que impone la pantalla, nos han acompañado desde que tenemos memoria. Hace unos meses se nos fue Jane Wyman, la eterna Angela Channing; después se apagó la voz de Fernando Fernán-Gómez, y ayer nos dejó Roy Scheider.

Pese a sus muchas diferencias, los tres comparten eso que los cursis llaman memoria sentimental y que no es más que provocar, al morir, el sincero lamento de quienes, sin conocerles, les hemos querido.

Yo no había nacido cuando se estrenó Tiburón, así que me tuve que conformar con ver en la tele del salón los ímprobos esfuerzos del jefe de policía Martin Brody por mantener a salvo del terrible tiburón blanco a los habitantes de Amity, pero a pesar de las reducidas dimensiones de la pantalla tuve más que suficiente para admirar a aquel hombre y caer rendida ante aquella historia fascinante.

Roy Scheider hizo mucho más aparte de Tiburón. Participó en casi un centenar de trabajos, entre cine y televisión, y también protagonizó la maravillosa All that jazz. Pero lo primero que todos pensamos cuando supimos que se había ido fue que había muerto el jefe Brody. Y por eso le echaremos de menos. Descanse en paz.

lunes, 11 de febrero de 2008

Pequeños cambios cotidianos

Que la prensa está cambiando no es nada nuevo. Mucho se ha hablado y escrito de los cambios impuestos o sugeridos por la irrupción de Internet y de cómo la prensa tradicional ha de adaptarse a esa evolución (o revolución, según se mire).

Más allá de las grandes tesis que expertos con más experiencia y conocimientos que yo elaboran casi a diario, el cambio ya se empieza a ver en el día a día.

Ayer, El País publicaba un reportaje impensable en la prensa española (no así en la estadounidense) hace tan sólo un par de años, un reportaje que emparentaba las primarias de Estados Unidos con la historia narrada en la sexta temporada de El ala oeste, centrada precisamente en la elección de los candidatos republicano y demócrata que se disputarán la Casa Blanca cuando Bartlet se vaya.

Hoy mismo, en el diario Público leíamos una información sobre el Genbetagate, que comentamos por aquí el otro día.

También hoy 20 minutos publicaba una extensa entrevista con Mariano Rajoy (ya sé que la foto no es la más apropiada y además ya la he usado antes, pero me encanta) que ha colgado también en su web. En estos casos, normalmente se publica la entrevista íntegra en la edición impresa y en Internet sólo un extracto. Tal vez sea por su condición de gratuito, pero 20 minutos ha empleado la fórmula inversa. En el papel han ofrecido un resumen (amplio, eso sí), del encuentro con el líder del PP y en la web la conversación completa.

Una historia a la mitad

A veces se nos olvida que la mayoría de la gente ve las series cuando las emiten en abierto, porque no quieren, no pueden o no saben verlas de otra manera, y simplemente miramos para otro lado cuando las cadenas maltratan las series que queremos porque nosotros ya las hemos visto cómo y cuándo hemos querido.

La lista de las agraviadas por los programadores es kilométrica e incluye casos de manual como el pase de Expediente X en Telecinco o el más reciende de Perdidos en TVE, pero por suerte la práctica de emitir las series extranjeras (mayoritariamente estadounidenses) en España con meses e incluso años de retraso es ya casi residual (aunque algún caso hay).

La última moda es emitirlas cuanto antes, con apenas unas semanas de diferencia con respecto a su pase original en Estados Unidos. Al margen de los problemas de traducción y doblaje que las prisas podrían provocar (es una suposición, pero seguro que algún caso hay), esa práctica se torna en exceso arriesgada en temporadas televisivas tan atípicas como la que estamos viviendo.

A la espera de ver si realmente se reanuda o no la producción tras la huelga, actualmente casi todas las series del prime time (las que más interesan a los directivos españoles) cuentan sólo con diez o doce episodios, y la tendencia de emitirlas aquí cuanto antes dejará en unas semanas sin episodios a Cuatro (House o Anatomía de Grey), La Sexta (Bones) o Antena 3 (Sin rastro), por ejemplo, y a sus espectadores condenados a un nuevo bucle de repeticiones sin aviso alguno, porque seguro que ninguna de estas cadenas se va a tomar la molestia de comunicar a sus espectadores (esos que no saben nada de Internet) que ha habido una huelga que ha durado varios meses y que ya no hay más episodios de sus series favoritas.

Sin embargo, el paro de los guionistas norteamericanos no va a afectar a todas las cadenas. Hay una que tiene bien repleta la despensa de su gallina de los huevos de oro. No las sigo, así que no sé por dónde va Telecinco en la emisión de CSI Miami y Nueva York, pero sí sé que lo último que vimos de Las Vegas en la cadena amiga fue la sexta temporada, y en EEUU se está emitiendo la octava, así que aún tiene pendiente de emisión toda la séptima (la mejor hasta ahora) y la mutilada octava (con un interludio en el que toca una nueva tanda de Miami y Nueva York).

Uno de los episodios más singulares de la octava, por cierto, fue el crossover entre CSI y Sin rastro, dos series emitidas en EEUU el mismo día, en la misma cadena (una a continuación de la otra), lo que, unido a la amistad entre William Petersen y Anthony Lapaglia (sus respectivos protagonistas), hizo posible el experimento.

En España se emiten en cadenas distintas, en días distintos y a ritmo distinto. Este jueves Antena 3 emitirá la parte del crossover correspondiente a Sin rastro, que está promocionando a bombo y platillo resaltando la presencia en el episodio de Grissom, una de las bazas de su competencia. Lo que Antena 3 no cuenta es que los seguidores de Sin rastro se encontrarán este jueves con una historia a la mitad, cuyo inicio no podrán ver (si es que también siguen CSI) hasta dentro de unos cuantos meses.

domingo, 10 de febrero de 2008

Los seis de Oceanic

[Atención: spoilers a tutiplén sobre los dos primeros episodios de la cuarta temporada de 'Perdidos', así que si no los habéis visto, ¡corred a verlos, insensatos!, y volved después]

He tardado tanto en escribir sobre el primer episodio que se me ha juntado con el segundo, así que haremos un dos por uno.

Había muchas ganas y las expectativas eran tan altas que hubo muchos que se sintieron defraudados. Que no había ninguna idea nueva, que no era un comienzo de temporada sino un episodio más de la anterior, que no aportaba nada y cosas por el estilo. Como es normal, todas esas voces críticas se apagaron cuando vieron el segundo episodio, y aunque admito que el inicio del segundo habría sido un principio de temporada más impactante, no estoy ni mucho menos de acuerdo con las críticas a la premiere.

Tengo tantas cosas en la cabeza (y todas embarulladas) que llevo horas dándole vueltas a algo que no es más que la historia de una confusión, de un tremendo lío que semana a semana es más oscuro, porque en lugar de respuestas sólo tenemos más y más preguntas, así que pido disculpas por adelantado por el caos que sigue. (Gracias, por cierto, a Lost-media por las capturas)

Volvió Perdidos, y lo hizo con The beggining of the end (las palabras con que Ben advertía a Jack lo que pasaría si contactaba con el barco) y un nuevo vistazo al futuro, esta vez a un futuro anterior, en el que el cirujano aún no está hecho polvo y desesperado por volver a la isla.

Él y Kate (y el misterioso inquilino del ataúd) no son los únicos que escaparon. Lo hicieron seis, los seis de Oceanic, entre los que está un Hurley que nos confirma que hicieron algo horrible para salir de allí, y que hay algo dispuesto a todo por que vuelvan. Sabemos que en ese futuro sigue habiendo enigmas, siniestros individuos que aparecen de la nada para preguntar si siguen vivos, y sabemos, gracias a la aparición de un Charlie que está muerto pero también está aquí, que hay alguien que necesita ayuda.

Mientras tanto, o más bien mucho antes, la vida sigue en la isla, donde los náufragos esperan su anhelado rescate. Pero no todos quieren que les encuentren, y esa discrepancia les separa en dos grupos, uno liderado por Jack y otro por Locke (al que se suma Hurley, que se ha topado con lo que parece ser la cabaña de Jacob, aunque se arrepentirá de no haberse ido con Jack, o eso le dice en el futuro).

Con la llegada del primer miembro del equipo de rescate pasamos a Confirmed dead, probablemente el episodio que más corto se me ha hecho y el que más tiempo (y más veces) me ha dejado con la boca abierta, aunque no esté de acuerdo con eso de que tiene un "exceso de información".

La cosa no puede empezar mejor. Una expedición submarina que busca algo en el fondo del océano (según apuntan en muchos sitios, La roca negra -el galeón varado en mitad de la isla-) y que encuentran el Oceanic 815. No restos del avión, sino el avión entero, con todo su difunto pasaje a bordo. (Durante un buen rato sólo pude decir "está entero, está entero").

Por si fuera poco, Confirmed dead trae consigo a cuatro nuevos personajes, que forman el supuesto equipo de rescate: el chico al que vimos en el capítulo anterior (Faraday, un físico con nombre de físico), una antropóloga (que ha encontrado en Túnez los restos fosilizados de un oso polar que llevaba un collar de Dharma), una especie de cazafantasmas sin escrúpulos y un piloto medio borracho (que debía llevar los mandos del Oceanic 815, que sabe que lo que han encontrado no es realmente el avión y también que Juliet no viajaba a bordo).

Los supuestos rescatadores, que llegan a la isla con armas, máscaras antigás y chalecos antibalas, fueron reclutados por el tipo que le pregunta a Hurley en el psiquiátrico si están vivos, un individuo que ha contratado a cada uno por una razón y que ha confiado sus vidas a la difunta Naomi.

Aunque puede que los saquen de allí (al menos a los seis elegidos), no es su principal objetivo. Están allí por otra razón (probablemente por más de una, aunque ésta es la única que conocemos): buscan a Ben.

Hace tiempo que sabemos que Ben es uno de los personajes clave de la historia, uno de los vértices sobre los que gira todo lo que ocurre en la isla, un hombre que sabe mucho más de lo que calla y que siempre guarda tres o cuatro ases en la manga, aunque esté atado, y por eso, durante una fracción de segundo, realmente pensé que, cuando Locke le preguntaba qué es el monstruo, iba a resolver al fin uno de los tropecientos mil enigmas de la serie. Pero, claro, no podía ser tan fácil, porque él nunca responde a lo que se pregunta, y en lugar de eso nos sorprendió con su conocimiento enciclopédico sobre la antropóloga, a la que conoce perfectamente porque tiene a alguien en su barco.

No sabemos qué va a pasar ahora, qué pasará con los dos grupos, cómo conseguirán los seis de Oceanic salir de la isla, qué tendrán que hacer para conseguirlo, ni si volverán para ayudar a los que se han quedado atrás. No sabemos por qué buscan a Ben (ni por qué tienen una foto suya fuera de la isla) los recién llegados, ni quién les envía, ni cuál es su verdadero propósito (tal vez el cazafantasmas vaya a por Jacob y el físico a investigar el electromagnetismo de la zona). Tampoco qué ha pasado con los otros que sobrevivieron (entre ellos el eternamente joven Richard), ni qué o quién es Jacob, ni qué hacía el padre de Jack en su cabaña, ni de quién era el ojo de la ventana (¿el ruso inmortal, tal vez?).

Pasan las semanas, pasan los capítulos (con el fin de la huelga parece que tendremos algunos más de los ocho inicialmente previstos) y la sensación de que se les acaba el tiempo, de que van a dejar demasiadas cosas en el aire y que cada vez es más difícil darle a todo una explicación verosímil (los fans invocan un variopinto catálogo de teorías que van desde viajes en el tiempo a realidades paralelas pasando por la isla como un generador que funciona a partir de la voluntad humana) crece día tras día. Estoy disfrutando enormemente el viaje, pero no tengo claro que los pilotos sepan adónde vamos. Espero equivocarme.

sábado, 9 de febrero de 2008

Hat and jacket



El sombrero y la chaqueta protagonizan el último vídeo publicado por Lucasfilm sobre la producción de la cuarta entrega de Indiana Jones. El héroe himself y el responsable de su vestuario hablan sobre dos de los elementos clave en la iconografía del arqueólogo (el tercero es, por supuesto, el látigo), comentarios aderezados con imágenes de toda la saga (también de este último capítulo) en las que el sombrero y la chaqueta (sobre todo el primero) son más que meros elementos de vestuario.


Queda menos de una semana para que veamos el primer tráiler, pero mientras tanto siguen apareciendo imágenes, como la que precede a estas líneas, publicada en la revista Empire, o este otro teaser que también incluyo, aunque la verdad es que no me gusta demasiado.

viernes, 8 de febrero de 2008

Mafiosos

Genbeta, el blog de tecnología de Weblogs SL, publicó el pasado mes de noviembre este post en el que alertaba de las prácticas fraudulentas de sitios web que ofrecen averiguar si alguien te está bloqueando en el Messenger a cambio de que les proporciones tu nombre de usuario y contraseña:
¿Quieres saber quién te tiene no admitido/eliminado en el MSN? Pues no des tu contraseña a desconocidos

Parece mentira que después de tanto tiempo (¡años ya!) del invento de este fraude todavía haya gente que siga cayendo en él. Es muy simple, y seguro que muchos lo conocéis, simplemente se trata de páginas que ofrecen el servicio de mostrarte quién te tiene como no admitido o te ha eliminado del mésenyer a cambio de que les des tu datos de conexión, es decir, tu usuario y contraseña. Creía que este negocio ya estaba más que muerto, pero hoy mismo un par de contactos míos me han saltado con la típica ventanita que me acceda a una de esas páginas para que me lea el futuro.

Como norma general, dar la contraseña de tu correo a alguien que no pertenezca a tu familia ya es un suicidio tecnológico, y en este caso sería como darle la contraseña de tu tarjeta de crédito a una persona desconocida para que te muestre el dinero que tienes. ¿Quieres saber qué es lo que hacen? La mayoría de páginas, después de mostrarte esa información, se conectan a tu cuenta varias veces al día para molestar a todos tus contactos con spam descarado. Lo que es peor, esto puede colapsar tu cuenta y no sería raro que la perdieras para siempre, o al menos que la conexión sea pésima. Así que ya sabes, no des tu contraseña a ningún sitio web, o atente a las consecuencias.

Pero claro, ¡tú quieres saber quién te tiene como no admitido! Sorpresa: esos sitios, además de ser peligrosos, no funcionan. Microsoft cambió hace tiempo el protocolo para que los servidores de msn no difundieran esta información. Antes sí podías, pero ahora mismo ni siquiera puedes saber el estado de otra persona sin que ella te invite/admite o sin saber la contraseña de la cuenta (sin cambiar la configuración de la cuenta). Sin rebuscar demasiado, algunos sitios fraudulentos que siguen esta práctica serían: blockoo.com, scanmessenger.com, detectando.com, quienteadmite.info, checkmessenger.net, blockstatus, etc… Todos ellos son potenciales phishing, y ninguno funciona más allá de recolectar cuentas de correo.

Disculpad los lectores avanzados que ya habéis dejado atrás este tipo de engaños facilones hace mucho tiempo, pero es que hoy me he vuelto a conectar al messenger por obligación y me he dado cuenta de que las cosas han cambiado muy poquito.
Un tiempo después, recibieron este amenazante y mal escrito correo:
Les comento que si no sacan esta nota [url de la entrada en cuestión] su pagina sufrira una denegacion masiva enorme, desde un datacenter de china, la cual no la podran detener, y es tan fuerte, que podra afectar toda la red donde alojan, es decir, a otros servidores dedicados.

(…) El motivo es simple, la gente como ustedes me da por las bolas, se la pasan hablando sin fundamentos, o acaso auditaron algun servidor y tienen constancia alguna de que esas web hagan «pishing» entonces para que hablan?

(…) ASI QUE HASTA QUE NO LA SAQUEN, GENBETA.COM NO FUNCIONARA.

CIUDAD DEL ESTE Y EL GRUPO CHINA SE ENCARAGA DE ESTO
A pesar de que en un principio se lo tomaron a broma, la amenaza era real, y han recibido un ataque masivo y brutal de denegación de servicios que les ha bloqueado la página.

Han sido cientos los blogs y webs (como el del CEO de Bitacoras.com) que han mostrado su solidaridad con Genbeta reproduciendo el post que he copiado más arriba. Algunos de ellos han sido también atacados. El acoso ha llegado hasta el mismo Menéame.

Desde aquí nos unimos a esa corriente de apoyo contra estos mafiosos virtuales que al parecer se creen con el derecho a decidir de qué se puede o no se puede hablar en la Red.

Si queréis combatir a estos canallas, podéis reproducir en vuestra página el post de la polémica (aquí en la caché de Google), menear la noticia o colocar este banner, creado por Pepe Ortuño (gracias).

lunes, 4 de febrero de 2008

Arte y negocio

Me da pereza hablar de los Goya. Hablar, pensar y, por supuesto, escribir, sobre todo después de haber escrito anoche para el periódico una crónica de un acto que sólo veo cuando el trabajo me obliga a ello. Me aburre, independientemente del presentador, las películas candidatas y la dirección del viento, y me cabrea esa soterrada pretensión de hacerlo como los Oscar pero sin que se note, porque odiamos a los americanos.

Este año, además, llegaba a la gala sin haber visto ninguna de las candidatas (no porque no me guste el cine español como concepto o me niegue a verlo, sino simplemente porque ninguna de las películas españolas estrenadas el año pasado me ha interesado lo suficiente como para ir a verlas, salvo El orfanato, REC -y aun así tampoco las he visto- y tal vez alguna más), así que no tenía ni favorita, ni preferida, ni detestada, nada que me suscitase el más mínimo interés en un espectáculo que año tras año es incapaz de despertarme la más mínima emoción.

Para mí la ceremonia de los Goya no admite adjetivos como entretenida, ágil o divertida, sino sólo matices de sopor. Es más o menos larga, más o menos lenta, más o menos aburrida, y da igual que la presente José Corbacho o una troupe de boys en tanga, porque ni el gélido público ni los hieráticos entregadores ocasionales de premios arropan jamás al presentador.

Este año ha ganado La soledad, un pequeño y arriesgado filme dirigido por Jaime Rosales que se ha llevado a casa sólo tres premios pero que ha vencido en las categorías de Película y Director. No la he visto, como casi nadie. Apenas 40.000 personas han visto en salas las 30 copias que se distribuyeron de esta película. Bueno, 40.000 personas y los académicos.

No voy a entrar en las cualidades de La soledad (repito, no la he visto, como tampoco ninguna de sus rivales) ni de su director, pero no entiendo que la Academia conceda 14 nominaciones a El orfanato y Las 13 rosas, que envíe a la primera a los Oscar (recordemos que en la preselección estaban también Las 13 rosas y Luz de domingo, de Garci) y que otorgue sus dos premios principales a La soledad, despachando con siete premios (casi todos técnicos, salvo el de Director Novel para Juan Antonio Bayona) al filme que ha salvado la desastrosa taquilla del cine español del año pasado. Ya sé que la calidad y la taquilla no siempre van de la mano, ni mucho menos, pero si la has mandado a los Oscar y le has dado 14 nominaciones, no debe de ser tan mala.

Lo de La soledad, que este viernes vuelve a las salas (con sus 30 copias) fue toda una sorpresa, aunque no tanto si lo relacionamos con el infumable discurso que se marcó la presidenta de la Academia, Ángeles González-Sinde, que con su desgana habitual repitió aquello del cine como valor cultural, de identidad de un pueblo, que no puede rendirse al "consumismo feroz" (la taquilla) y que como toda idea debe ser protegido (Ley del Cine, canon...). Tal vez en ese desprecio por la recaudación, por la vertiente empresarial de un arte que para subsistir debe ser también industria, esté la explicación de por qué ha ganado una película que sólo han visto 40.000 personas.

Por cierto, que la artista (la presidenta) se vanagloriaba esta mañana en Espejo público de la taquilla que hizo el año pasado El orfanato y de lo bien que le iba en las salas a Los crímenes de Oxford y a Mortadelo y Filemón. A ver si nos aclaramos.

P. D.: Ya era hora de que premiasen a Maribel Verdú.

P. D. II: Siempre digo que a la hora de juzgar a un profesional (actor, director...) hay que separar sus méritos profesionales de su vida personal (tanto la estrictamente privada como la pública), pero gente como Alberto San Juan me lo pone muy difícil.

Actualización: González-Sinde no fue la única que habló en los Goya de piratería. También lo hizo Julio Fernández, presidente de Filmax, que recogió el Goya de Animación por Nocturna y que en una entrevista comparaba a quien se descargaba contenidos de internet con terroristas y pederastas. Pues bien, este señor ha sido acusado de apropiarse de 50 millones de euros. Irónico, ¿verdad?

domingo, 3 de febrero de 2008

¡Ole ahí!

Pronúnciese despacio, recreándose en la o y paladeando la ele antes de acabar con la última y contundente sílaba trivocal y sólo así se tendrá una idea aproximada de la exclamación que solté al ver anoche, a eso de las dos de la mañana, el fotón (una exclusiva de la MTV) que pongo a continuación.

Esas cajas son las que se apilan en el almacén del Gobierno estadounidense en el que dejaron el Arca al final de En busca del Arca perdida, y ese hombre que trepa por ellas lleva, al fin, la inconfundible sonrisa de Indiana Jones.

sábado, 2 de febrero de 2008

Dos minutos de Oscar

Estamos ya en plena cuenta atrás para la entrega de los Oscar y, como cada año, el canal TCM ha organizado un ciclo para rendir tributo a algunas de las películas galardonadas a lo largo de la historia de la Academia de Hollywood. El anuncio que promociona el ciclo, titulado 31 días de Oscar, es esta preciosidad que reúne imágenes de algunas de esas cintas premiadas con estatuilla. El spot, visto la otra noche en Cámara abierta, es obra de la firma Fresh paint.


Además del anuncio, salvapantallas y fondos de escritorio sobre algunas de las películas que proyectarán en este ciclo, la web de TCM incluye una especie de reproductor (con botones de iPod) en el que se pueden ver y escuchar fragmentos de filmes como Manhattan, Vértigo, Seven, Cantando bajo la lluvia, Con faldas y a lo loco, My fair lady, Lolita, Tiburón o 2001. Como es un mamotreto que soy incapaz de achicar para que me quepa en la columna, os lo dejo por aquí por si a alguien le apetece escuchar, por ejemplo, a Gershwin.

viernes, 1 de febrero de 2008

De una en una

Otra foto más. Pasito a pasito, Lucasfilm sigue proporcionándonos migajas con las que componer nuestro álbum de fotos mientras crece la ansiedad por verlo todo ya.

En la imagen, que sugiere una huida a toda velocidad a través de la selva, están Shia LaBeouf, Karen Allen e Indiana, y el héroe lleva entre sus manos, ante el asombro (y espanto) de sus acompañantes, un bazoka. Aunque algunos se emocionen, como Alberto Abuín en Blog de cine, a mí lo que más me gusta de la foto no es esa promesa de acción trepidante, sino esa cara de tío, no me mires así, que yo tampoco sé qué narices hacer con esto tan típica de Indy.

Y en cuanto al armamento, lo del bazoka está bien, pero yo quiero verle ya en faena, meneando el látigo (no hay malicia ninguna, que conste) y, a ser posible, con alguna prenda un poquito desgarrada (aquí sí la hay), aunque puestos a elegir, así tampoco está nada mal: