
Bardem ya tiene su merecidísimo Oscar, y tal vez eso fue lo mejor de una noche en la que casi todos pillaron algo y los Coen al fin triunfaron, aunque no creo que
No es país para viejos sea la mejor película que han firmado (el año pasado ocurrió lo mismo con Scorsese; con él no protesté, y no lo haré tampoco ahora).
Fue una noche sobria, sencilla, sin los fastos de otras ocasiones (no olvidemos que sólo han tenido dos semanas para prepararla por culpa de la huelga), pero aun así a mí me gustó. Eché de menos algún vídeo con Jon Stewart al inicio, o algún numero al estilo Billy Crystal, pero salvo eso la ceremonia fue impecable, ágil y entretenida, lastrada sólo, como siempre, por los números musicales (¿alguien más se alegró de que el triple nominado Alan Menken se fuera con las manos vacías?).
El reparto de premios siguió la tónica de años anteriores (a la que se han apuntado también los
Globos de Oro) y fue eso, un reparto.
No es país para viejos se llevó cuatro de las ocho estatuillas a las que optaba (Película, Director, Guión Adaptado y la de Bardem),
Pozos de ambición dos (Fotografía y la de Daniel Day-Lewis),
Expiación una para la Música (Alberto Iglesias volvió a hacer el viaje en balde),
Juno otra para su guión,
Michael Clayton la de Tilda Swinton,
La vida en rosa dos, una para su protagonista, Marion Cotillard, y para su maquillaje, y
El ultimátum de Bourne los tres premios por los que competía (Montaje y los dos de sonido).
Ya he dicho en alguna ocasión que no me gustan estos repartos, que aunque sea un poco cruel me gusta que haya ganadores y perdedores, aunque como sólo he visto
No es país para viejos y
Pozos de ambición (y sin duda prefiero la de los Coen, porque la de Paul Thomas Anderson es un despropósito), tampoco sé si los premios son o no justos, así que no me meteré en ese jardín.
Al menos
No es país para viejos se ha llevado cuatro Oscar de primera división (porque por mucho que compitiera en la categoría de reparto Bardem es el alma de la película) y, como ya ocurrió con
Infiltrados (se llevó también cuatro, con la salvedad de que el de interpretación fue sustituido por el montaje), los premios a la Mejor Película y al Mejor Director vuelven, como siempre debería ser, a coincidir.
Los cuatro premios de interpretación volaron a Europa, algo que unos (los infames comentaristas Figueras y Barceló; alguien debería arrebatarle a Canal+ los derechos de los Oscar solamente para no tener que escuchar las sandeces que sueltan cada año) justifican con el
sólido argumento de que "cada año hay más académicos extranjeros" y otros por la sequía creativa en la que supuestamente vive inmerso Hollywood (los premios de guión, de dirección y a la Mejor Película fueron para títulos y profesionales norteamericanos).


Al margen del premio de Bardem, que se pasó toda la noche a la vera de Jack Nicholson (y seguro que después cayeron con él unas cuantas copas, porque ya sabemos lo que le gusta a Jack una buena juerga), y del otro Oscar cantado de la noche, el de Daniel Day-Lewis, que se arrodilló cuando lo recogió de manos de Helen Mirren, diciendo que es lo más cerca que estaría de ser nombrado caballero (me sigue sorprendiendo que un tipo tan poquita cosa sea capaz de interpretar papeles tan fuertes), las sorpresas estuvieron del lado de las chicas. Tilda Swinton, por un lado, y la guapísima y emocionadísima Marion Cotillard, que seguro que todavía no se cree que le hayan dado un Oscar (y no porque no se lo merezca).
Cate Blanchett se fue a casa con las manos vacías a pesar de sus dos nominaciones y de haber sido seleccionada en la categoría de
mejor bebé. Por este premio inventado por Stewart competía con las también embarazadas Jessica Alba y Nicole Kidman, aunque la ganadora fue la ausente Angelina Jolie. (Uno de los grandes chistes de la noche fue cuando el anfitrión hizo inventario de embarazos y reparó en la presencia de Jack: "A lo mejor hay que volver a contar al final de la noche").
Aparte de Nicholson, que subió al escenario con su maravillosa voz (me pierden las voces masculinas cálidas y profundas) pero sin sus gafas de sol para presentar uno de los muchos vídeos recopilatorios de la noche que recordaban los 80 años de Oscar, el apartado masculino no estuvo nada mal (las chicas y sus trapitos no me interesan nada, lo siento).

Tuvimos a George (Clooney), grapado a su novia (ni sé cómo se llama ni me importa; al menos es guapísima, no como las de otros), candidato con pocas posibilidades (competía con Daniel Day-Lewis) y tan radiante como siempre (por mucho que Figueras criticase, una y otra vez, sus arreglos faciales; si se ha arreglado la cara, ¿qué importa? Como si antes fuese un adefesio y fuese guapo sólo gracias al bisturí. Por Dios, con esa materia prima...). Con buen criterio, la organización, que sabía que no tenía muchas opciones de subir al escenario a recoger una estatuilla, le encomendó la presentación de un clip nostálgico para que no nos quedásemos sin verlo. Gracias.

Lo mejor, para el final. George no fue el único hombre de la noche, porque allí estuvo el Hombre, que se paseó por la alfombra roja también grapado a su novia (mucho menos agraciada que la de Clooney), lo que me condena a una laboriosa sesión de Photoshop para limpiar todas las fotos que entraron de agencias.
Harrison Ford apareció en el escenario del Teatro Kodak con la fanfarria de
Indy pero sin su látigo (lástima), aunque con esmoquin (prefiero la chaqueta blanca) tampoco está nada mal. Entregó un premio, pero esta vez no fue el de Mejor Película (ese lo dio Denzel Washington), como ocurrió con
Shakespeare in love y
La lista de Schindler (se me saltan las lágrimas cada vez que me acuerdo del abrazo que le dio a Spielberg).
Ford presentó el Oscar al Mejor Guión, que fue para
Juno, más concretamente para su escritora, Diablo Cody, una ex
stripper con algún problema de estilismo que ni siquiera tocó a Ford cuando le dio el Oscar. Vamos a ver, criatura. Tienes mi edad, has estado al lado de Han Solo e Indiana Jones, tenías una excusa magnífica para soltarle un buen beso y ni siquiera le has rozado. ¿Cuál es tu problema? ¿No has tenido infancia? ¿No te gustan los hombres? Espero que los nervios te paralizasen, porque no tienes perdón, chica.
P. D.: Es imperdonable que haya tardado tanto en escribir aquí sobre los Oscar, pero el deber profesional me ha impedido hacerlo antes. La noche de autos hice para los periódicos digitales en los que trabajo un seguimiento
on line del tema y, a las 5.45, cuando acabó, me puse a escribir
la primera crónica. Por la tarde, escribí otra (más amplia) para la edición impresa y encima tuve que cubrir (desde la redacción, claro), el puñetero cara a cara Zapatero-Rajoy, así que he tenido poco tiempo. Mis disculpas.