sábado, 31 de mayo de 2008

El elegido

[AVISO: Este texto contiene 'espoilers' sobre la cuarta temporada de 'Perdidos', así que probablemente sea mejor que no lo leáis hasta verla completa. Avisados quedáis]

Ignoro el momento exacto en que se produjo, pero probablemente fue poco después de tener conciencia de sí mismo cuando el hombre se preguntó si estaba solo o había algún ser superior que controlase sus designios. Desde entonces el ser humano se ha debatido entre el libre albedrío y el destino, una controversia que durante siglos ha alimentado el quehacer de filósofos y artistas y al que no han permanecido ajenos los fabuladores, sean literarios o audiovisuales, que han creado historias de hombres y mujeres regidos sólo por su propia voluntad pero se han deleitado especialmente componiendo relatos sobre individuos atados a las reglas que imponen Dios (o los dioses, según el caso), profecías, el karma, el orden cósmico o cualquier otra entidad con poder y sabiduría suficientes como para guiar los desorientados pasos de los seres humanos hacia una meta ya prefijada que ellos mismos desconocen.

En la creación audiovisual reciente hay abundantes casos de personajes condenados por su destino, desde las tribus errantes de Battlestar Galactica que siguen unas antiguas profecías hasta el Neo de Matrix o incluso Buffy. Y una serie con tantas referencias filosóficas y literarias como Perdidos no podía permanecer ajena al debate entre libre albedrío y destino, protagonizado desde el mismo inicio de la serie por dos hombres, uno de ciencia (Jack) y otro de fe (Locke) cuyos caminos confluyen en un lugar que es más que una simple isla en la que ocurren sucesos extraños.

Que Locke es especial lo notamos cuando supimos, después de varias semanas viéndole corretear, cazar y explorar la isla, que llegó a ella en una silla de ruedas, incapacitado de cintura para abajo. Su encuentro con el monstruo / humo negro, su convicción de que la isla era una entidad con voluntad y con la que podía comunicarse, sus visiones, su más que desgraciada vida anterior a su renacimiento y su encuentro con su padre roba-riñones (creo que los guionistas deberían apuntarse a terapia junto a sus progenitores, porque no es normal la profusión de padres cabrones de esta serie) confirmaron que, o estaba como un cencerro, o sí que podía entenderse con la isla. Para aclarar o complicarlo aún más todo, pudo ver y escuchar al fantasmagórico Jacob en su cabaña, e incluso sobrevivir (vale que le ayudó que no hubiese ahí un riñón, pero aun así es sorprendente) a un traicionero disparo del siempre entrañable Ben.

Y con todo ese bagaje a cuestas llegamos al capítulo undécimo de esta cuarta temporada, Cabin Fever, que muestra que sí que es el elegido. Aunque aún no sabemos quién le ha seleccionado, sí sabemos que el inmortal Richard Alpert le sigue desde su mismo nacimiento, que en varias ocasiones ha intentado reclutarle (no sabemos tampoco para qué) y que gracias a otro enigmático personaje, Abbadon (el tipo que en los flash-forwards visita a Hurley en el psiquiátrico y el que encarga a Naomi la misión de llevar a los científicos a la isla), se decide a embarcarse en una expedición que primero le lleva a Australia (es allí donde el guía de una excursión se niega a dejarle participar y donde se nos enseña por primera vez que está postrado en una silla de ruedas) pero que empieza en realidad cuando el avión se estrella en la isla.

Cuando no es más que un niño, Alpert aparece en el hogar de su familia de adopción para probar a Locke, y lo hace con un ritual parecido al que emplean los lamas para encontrar a su próximo líder: le muestra una serie de objetos para que indique cuáles de ellos son ya suyos. Uno de los objetos es este cómic, que habla de una tierra escondida y en cuya portada se ve una ciudad que flota entre las nubes sobre otra. Nada es casual o inocente en Perdidos, y esto tampoco, porque la idea de una tierra oculta que se mueve entronca directamente con esta imagen que ha aparecido en todas las promos de esta cuarta temporada (aunque no muchos se han dado cuenta) y con el encargo que Locke recibe del portavoz de Jacob (que no es otro que Christian Shephard, acompañado por su otra hija, Claire): debe mover la isla para salvarla.

Con este encargo llegamos a la finale de esta cuarta temporada, un triple episodio que arrancó hace dos semanas con un capítulo que situó a las piezas sobre el tablero para la traca final y mostró el regreso de los Oceanic six a la civilización. Tras una semana de descanso, Perdidos regresó esta semana con un episodio doble (más bien uno de doble duración, porque no hubo ni transición ni créditos entre uno y otro) que arrancaba justo cuando terminó la tercera temporada, con Jack hecho polvo en un aeropuerto tratando de convencer a Kate para volver a la isla. Entonces, además del shock de la incorporación de los flash-forwards como técnica narrativa, nos dejaron con la incógnita de saber quién yacía en un ataúd.

Un año después ya sabemos quién es. Su nombre es Jeremy Bentham, un tipo con nombre de filósofo (el Bentham original fue un utilitarista que defendía la felicidad de la mayoría como baremo para juzgar los hechos y pensamientos de los hombres, que inventó un sistema penitenciario muy parecido al gran hermano de Orwell y cuyo esqueleto, coronado por una cabeza de cera, sigue presidiendo las reuniones del University College de Oxford) que ha ido a ver a los seis de Oceanic (también a Walt) para decirles que deben volver a la isla porque sólo así podrán detener todas las cosas horribles que ocurrieron allí desde su marcha.

Pero Bentham, que al parecer sabe cómo volver a la isla después de que Ben la moviese (con un timón oculto en una estancia congelada tras una especie de máquina del tiempo construida por la iniciativa Dharma), ha muerto. El recorte de periódico que sostiene Jack al final de la tercera temporada asegura que se ha suicidado, pero hay otros, como Sayid, que piensan que alguien ha acabado con Jeremy Bentham, que no es más que un alias tras el que se esconde otro personaje con nombre de filósofo: John Locke.

Ya he dicho más de una vez que él es mi favorito de las docenas de personajes que pululan por Perdidos, y por eso no entiendo que le hayan matado. Ni que decir tiene que el cabreo evitó que ponderase adecuadamente el sacrificio de Sawyer, la ¿muerte? de Jin, el reencuentro de Desmond y Penny, el hecho de que, efectivamente, la isla deja de estar ahí e incluso que Jack haga caso, por una vez, a Locke y mienta a su regreso sobre lo que ha pasado después de que el avión se estrellase.

Hay algunos que sostienen que en realidad no está muerto, que finge o que es un cuerpo falso el que ocupa el ataúd, o que al volver a la isla (Ben le dice a Jack que deben volver todos a la isla, incluido el difunto) resucitará de algún modo, pero me da igual porque hasta enero del año próximo Locke estará muerto, y lo peor es que ahora sé que ya lleva un año encerrado en ese ataúd.

martes, 27 de mayo de 2008

Y ahora Sydney Pollack

No recuerdo las palabras exactas, pero era algo así: "Llega un momento en que la vida deja de darte cosas y empieza a quitártelas". Se lo decía Jim Broadbent a Indy en El reino de la calavera de cristal cuando recordaba el fallecimiento de su padre y de Marcus. En los últimos meses la vida nos ha dejado sin Charlton Heston, Rafael Azcona o Roy Scheider. Hoy se ha sumado Sydney Pollack a esa lista.

Actor, director, productor y, sobre todo, un hombre de cine querido y admirado por sus compañeros de profesión, basta echar un vistazo a su filmografía -que incluye, por cierto, dos de las peores películas de Harrison Ford (Sabrina y Caprichos del destino) y la que es según mi inminente esposo the worst movie ever (Memorias de África, que a mí sí me gusta)- para comprobar que trabajó con los mejores y que de casi todos obtuvo lo mejor.

Tootsie
, Danzad, danzad, malditos, La tapadera, Los tres días del cóndor o Tal como éramos son sólo algunos de los trabajos que firmó como realizador, a los que se unen las decenas de filmes que produjo a directores como Kenneth Branagh, Ang Lee o el también fallecido Anthony Minghella y, por supuesto, sus interpretaciones en cintas que van desde Eyes wide shut a Maridos y mujeres, pasando por El juego de Hollywood, Michael Clayton, las series Will & Grace, Frasier y Los Soprano o La boda de mi novia, una comedia romántica con Patrick Dempsey que se estrena este viernes en España.

Sydney Pollack murió anoche, a los 73 años, a causa de un cáncer diagnosticado hace diez meses. Su voz y su mirada se apagaron en su casa de Los Ángeles, rodeado por su familia. Descanse en paz.

lunes, 26 de mayo de 2008

Hecho a su medida

Nunca me han gustado los cómics, y no es por ninguna de las absurdas razones que esgrimen los culturetas pedantes (cosas como que son demasiado fantásticos, superficiales o infantiles...), sino por la sencilla razón de que se acaban muy pronto, y si lees tan rápido como yo, apenas te duran un suspiro (yo no soy de esos que paladean cada ilustración, cada trazo, cada sombra: voy al grano).

Mi problema con los cómics es básicamente una cuestión de formato. Me gustan sus historias, y suelo ver sus adaptaciones a la pantalla (no todas, porque no hace falta ser un experto para detectar que algunas, sencillamente, apestan). Mi profundo desconocimiento del mundo de la viñeta me permite acercarme a ellas sin los prejuicios con que lo hacen los fans de los tebeos, y también que me quedase a cuadros cuando supe que Robert Downey Jr. iba a interpretar a un superhéroe.

La perplejidad se disipó cuando supe quién era Tony Stark, o Iron Man, pero durante un tiempo no entendí cómo este hombre empeñado en tirar su carrera a la basura una y otra vez, que tras cada resurrección volvía a sumirse en su pozo de excesos y adicciones, el paradigma del actor crápula y vividor (y encantador, por otra parte), podía sumarse al universo de los superhéroes como uno más de tantos individuos ejemplares. Luego me enteré de cómo era Tony Stark y entendí que el papel le venía que ni pintado.

Mi futuro marido lleva meses diciendo que Iron Man podía ser el tapado del año, y los resultados tanto en taquilla como en la pantalla así podrían confirmarlo, porque la película, una producción modesta, no tanto en su presupuesto como en sus pretensiones, funciona. Promete un par de horas de digno entretenimiento, y eso es lo que ofrece. Gwyneth Paltrow, Jeff Bridges o Terrence Howard secundan con acierto a la gran estrella de la película, un Downey Jr. al que hacía tiempo que no se le veía tan a gusto y eso la cinta, firmada por el también actor Jon Favreau (que aparece en la pantalla como el guardaespaldas del magnate), lo agradece. Contra la solemnidad de otros filmes del género, Iron Man promete una ligereza (que no se entienda como algo peyorativo) plagada de chistes, gags y bromas que, sumados a todo lo anterior, hacen de ella una forma más que interesante de pasar una buena tarde en el cine.

A la vista de la excelente recaudación, sus promotores (Marvel, que se ha lanzado al fin a la producción y financiación de las adaptaciones de sus criaturas a la gran pantalla) prometen que habrá más. Aunque puede que no sea tan interesante como ésta (en el mundo de los superhéroes casi siempre prefiero las primeras entregas porque es en ellas donde nace el personaje), espero que Downey Jr. se mantenga sereno el tiempo suficiente para repetir el papel con el que podría, espero que esta vez sí, recuperar al fin su carrera, entre otras cosas para poder interpretar al mismísimo Hugh Hefner -al que encarna Stan Lee en Iron Man-, porque el señor Playboy le ha escogido para protagonizar un filme sobre él, aunque no sé si ha sido por sus virtudes ante la cámara o por sus andanzas detrás de ella.

domingo, 25 de mayo de 2008

Primer aniversario

Aunque Libros de Babel nació un poco antes, no fue hasta hace justo un año cuando me decidí a escribir aquí. Debuté en estas lides con motivo del trigésimo aniversario del estreno de La guerra de las galaxias, y este primer cumpleaños me pilla en plena resaca del regreso a los cines de Indiana Jones, lo que da una idea de los temas de los que se habla por aquí (al que le interese saber más puede echar un vistazo a las etiquetas de la columna de la derecha o a la sección previously, en la que periódicamente repasamos los artículos publicados).

En estos doce meses hemos escrito unos 170 textos, hemos contestado a unos cuantos comentarios y hemos recibido con los brazos abiertos a una audiencia muy modesta (salvo en alguna ocasión, la cifra diaria de visitas no pasa de unas pocas decenas) pero fiel, o eso me gusta pensar. Básicamente escribo porque me gusta hacerlo y sólo de las cosas que me interesan (la falta de tiempo me ha obligado a dejar atrás unas cuantas historias; espero enmendarme, aunque no puedo prometer nada), pero nunca he tenido muy claro si alguien leía lo que escribía (no sólo aquí, también en el periódico). Por muchas visitas que recibamos (nunca han sido realmente muchas, y conforme pasaban los meses quedaba patente que nunca seríamos un sitio popular), puede que no me quite nunca de encima esa duda, aunque de vez en cuando parece que sí que hay alguien ahí fuera...

sábado, 24 de mayo de 2008

Indy ha vuelto

[AVISO: Este texto contiene abundantes 'espoilers' sobre 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal'. Si aún no la has visto (más te vale que tengas una buena excusa), espera a verla antes de leer esto]

Antes de entrar en materia, quisiera hacer una aclaración. Lo que sigue a continuación es mi opinión de la película, con la que podéis o no estar de acuerdo pero, al igual que yo respeto las opiniones de los demás, pido que se respete también la mía. No pretendo convencer a nadie de nada, y no quiero que nadie intente convencerme a mí. Aunque me gusta leer comentarios favorables sobre aquello que me ha gustado (como la de Carlos Boyero o la de Carlos Colón, por mencionar las que tengo a mano), ni busco reafirmación ni me van a hacer cambiar de opinión unos señores que, al igual que yo, basan sus críticas, artículos o comentarios en la respuesta a una simple pregunta: ¿me ha gustado? Una vez aclarado que no voy a aguantar tonterías del tipo "no eres objetiva" (nadie lo es; somos personas y las personas no son objetivas) o "tú qué vas a decir", vamos al lío. Los espoilers, después de la foto.

Lejos de sentir el espíritu festivo, lúdico y dicharachero de quien va a reencontrarse mucho tiempo después con un viejo amigo, yo fui al cine con miedo. Por mucho que haya dicho, pensado o escrito que había que confiar en ellos, estaba casi segura de que George Lucas y Steven Spielberg (y, en los momentos más críticos, también Harrison Ford) la iban a cagar, así de simple, que me iban a destrozar un mito de la infancia y que ya nunca más podría decir en público que era fan de Indiana Jones (ni siquiera un tibio "me gusta") porque a partir de esta película mi arqueólogo iba a dejar de ser un icono para convertirse en objeto de mofa de grandes y pequeños. Y con todo eso en la cabeza (y puede que alguna cosa más) me metí en el cine para ver, por primera vez (ya expliqué las vicisitudes que me llevaron a duplicar la dosis inicialmente prevista), Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.

No sé con certeza en qué momento desapareció el miedo, pero lo hizo. El recelo, sin embargo, me acompañó durante un buen rato (la pifia podía aparecer en cualquier recodo), hasta que definitivamente tuve la seguridad de que aquello que veía era realmente una película de Indiana Jones. (De hecho, fue en el segundo pase, libre ya de todo temor, cuando disfruté de verdad).

Hay quien se queja de falta de originalidad, pero El reino de la calavera de cristal ofrece, a mi entender, justo lo que promete: traer a Indy de vuelta. Y ya sabemos lo que eso significa: que va a correr, a saltar, a dar latigazos, a caerse (muchas veces), que le van a dar de lo lindo y que al final, nadie sabe cómo, va a conseguir aquello que busca. Hay malos muy malos (gran Cate Blanchett), compañeros fieles (como el militar -Alan Dale, el Charles Widmore de Perdidos- que explica la honorable carrera militar y espía del coronel Jones) y otros no tanto, y una chica, en este caso su chica, Marion, que vuelve a escena como si el tiempo no hubiese pasado tampoco para ella (aparte de alguna que otra arruga).

Ya he dicho en alguna ocasión que las aventuras del arqueólogo siguen un esquema que a veces puede sufrir pequeñas modificaciones, pero que es siempre el mismo. Y en esta ocasión no ha sido diferente. La fórmula Indy arranca, una vez más, desde el mismo inicio de la película (con el logo de Paramount reflejado en el paisaje) y una secuencia en apariencia superflua pero que permite contextualizar en unos minutos la acción que nos van a contar. La elegancia sigue en la ejecución de los soldados norteamericanos (aunque parezca contradictorio) y, por supuesto, en la presentación del héroe, cuya figura vemos sacar del maletero del coche y arrojar al suelo y cuyo rostro veremos (antes, una vez más, su sombra) sólo cuando se haya vuelto a poner su sombrero.

La temprana aparición de los malos de la función da una pista de que apenas tendremos un respiro. El doctor Jones sólo puede detenerse a tomar aliento en la secuencia con Jim Broadbent, en su encuentro con Shia LaBeouf (persecución en moto aparte) y en sus breves momentos con Marion, aunque en esos tampoco está demasiado tranquilo. La parte del Marshall College, que prueba que hace ya mucho que Junior dejó de ponderar las virtudes de la investigación en la biblioteca en favor del trabajo de campo, sirve para homenajear de modo muy distinto a dos figuras importantes en la saga: una foto en su casa, un retrato en uno de los pasillos de la Universidad y hasta una estatua recuerdan la memoria del fallecido Denholm Elliot (Marcus Brody), unos honores que no comparte el padre del héroe, desaparecido también en la ficción, tal vez para cerrar cualquier posibilidad de que vuelva en una posible continuación Sean Connery (recordemos que rechazó participar en este filme porque se había retirado, aunque meses después llamó a los productores de James Bond para ofrecerse a aparecer en la próxima).

Estos momentos de respiro sirven de transición entre los grandes tramos de acción que articulan la historia: el inicio en el almacén donde guardan el Arca (por si alguien no se acordaba de que era ahí donde la metían está John Williams para recordarlo), con explosión nuclear incluida (a la que Indy sobrevive metido en un frigorífico, algo muy criticado por los adalides del realismo); la ya mencionada persecución en moto con Mutt Williams (Shia LaBeouf); el cementerio donde reposan los restos del conquistador Orellana (puro Indy, con esos pasadizos secretos, palancas escondidas, bichos y hasta siniestros guardianes); y el largo y trepidante tramo final, en el que simplemente hay de todo.

En realidad es así como podría resumirse este cuarto Indiana Jones: hay de todo, todo lo que se supone debe estar: bichos, serpientes, traidores, peligros mortales que se suceden, un sombrero que insiste en alejarse del héroe, látigo, persecuciones imposibles, saltos por precipicios, cataratas, sinuosos senderos llenos de telarañas, acertijos, carreras, trampas y hasta extraterrestres (algo también muy criticado porque las naves espaciales son poco verosímiles; supongo que también lo son los espíritus que surgen del Arca, que un sacerdote pueda arrancarle el corazón a una persona sin matarla o que en alguna parte haya un caballero de las Cruzadas vivito y coleando que se mantiene a base de agua).

Ya decía más arriba que el doctor Jones está muy bien acompañado, a uno y otro lado. Aunque se echa en falta más presencia de personajes como los de Broadbent, John Hurt y Ray Winstone, Cate Blanchett y Shia LaBeouf suplen con creces este demérito. La primera es la coronel Spalko, el ojo derecho de Stalin, como la llaman en alguna ocasión, una agente soviética experta en parapsicología y en técnicas de control mental que busca la calavera de cristal para que su líder pueda doblegar las mentes y las almas de los seres humanos de todo el planeta. El segundo es un joven chulesco e impetuoso que ama su moto y está obsesionado con mantener su peinado perfecto (algo imposible si vas de viaje con Indy). Mutt acude al protagonista en busca de ayuda para rescatar a su madre (Marion, aunque eso lo sabremos más adelante) y a su amigo, el profesor Oaxley (Hurt). Va en busca de un aventurero y sólo encuentra a un veterano profesor, aunque no tardará mucho en descubrir que Jones sólo es profesor "a tiempo parcial".

Aparte de las secuencias de acción y de todo lo relacionado con la búsqueda de la dichosa calavera (empezando, claro, por otro clásico: el héroe explicando qué es), los otros grandes momentos de la película son de Marion, tan respondona, belicosa y resuelta como siempre, la única a la altura de Indy, y la única capaz de ponerle nervioso y hacerle titubear cuando se encuentran. El otro día una amiga me contaba cómo su encuentro con Indiana Jones eliminó de un plumazo todos los príncipes azules (de ficción) que hasta entonces habían ocupado su corazón. Ella, decía, quería ser Marion. Que llegase, se tomase una copa y luego desapareciese. No le importaba. El reino de la calavera de cristal va un paso más allá. Después de dejarla una semana antes de la boda, embarazada (eso él no lo sabía) y desaparecer durante casi 20 años, él le confiesa que no ha perdido el tiempo: "He estado con varias mujeres, pero todas tenían el mismo problema". "¿Cuál?", pregunta ella. Y él responde con cuatro palabras que desarmarían a cualquiera y que, claro, desarman también a Marion: "Que no eran tú".

Las principales críticas a la película, aparte de la falta de originalidad y la poca verosimilitud de algunos fragmentos (también por la aparición de la nave espacial del final) se refieren al macguffin, a las calaveras de cristal (y todo lo que conllevan). Dicen que es poco interesante, que requiere demasiadas explicaciones, en definitiva, que no funciona. Tal vez esos críticos olvidan que, al igual que el verdadero macguffin de La última Cruzada no era el Grial, sino Henry Jones Sr., aquí el auténtico macguffin no es otro que su hijo, Indiana Jones.

Y funciona, vaya si funciona. Harrison Ford está portentoso, magnífico, inigualable una vez más en el papel de su vida. Nadie sabe interpretar como él a Indiana Jones, porque él, como no me canso de repetir (ni los padres de la criatura, Lucas y Spielberg), es Indiana Jones. Puede que otros actores lo hubiesen hecho mejor (o peor), pero sin duda sería diferente, porque el Indy al que conocemos y amamos lleva el rostro de Harrison Ford.

Han pasado 20 años, sí, pero aparte de unas cuantas arrugas, no es en su físico donde se nota (está más que en forma, tanto que mi futuro cónyuge declaró que le encantaría estar así a su edad; le dije que yo quiero que esté así ahora), sino en su mirada. Ha perfeccionado tanto la sonrisa del héroe de vuelta ya de todo (y sus expresiones de desconcierto) que uno piensa que durante los últimos 19 años, aparte de bastantes pelis malas, no ha hecho otra cosa que ensayar ante el espejo por si algún día tenía que volver a coger el látigo.

Tal vez la saga continúe con Henry Jones III, pero el sombrero y el látigo son de su padre (él se encarga de dejarlo claro en la secuencia nupcial final). Lo que venga no será Indiana Jones, sino otra cosa. El reino de la calavera de cristal es la última aventura de Indy y nadie debería perderse su despedida.

jueves, 22 de mayo de 2008

Un día con Junior

(Iba a ser sólo una tarde, pero nunca salen las cosas como uno lo planea).

Era un día importante (no, no hablo de San Eustaquio, para eso aún queda mucho), clave, crucial, el del reencuentro con Indiana Jones, un héroe, un mito, un icono al que venero desde pequeña (bueno, desde que era más pequeña que ahora, porque como dice mi futuro cónyuge, yo nunca he sido pequeña). Durante varios (bastantes) días he sido presa de una ansiedad que yo achacaba a motivos laborales (relacionados también con el arqueólogo, como el especial o los reportajes que ya comenté, todo ello hecho en mi escaso tiempo libre) pero que seguían ahí una vez aliviada del ajetreo profesional, por lo que el culpable de tanto nervio no era otro que el doctor Jones.

Pese a toda esta angustia, anoche al fin estaba más calmada, al menos dentro de lo que cabe, y lo estuve hasta que mi futuro cónyuge trazó nuestro plan para el día de hoy: estar en el cine antes de las doce de la mañana. Me parecía algo exagerado, teniendo en cuenta que teníamos entradas para las cinco de la tarde, y entonces él me espetó que debería haber sido yo quien propusiese tan, a priori, descabellado plan, porque nunca se sabe qué puede pasar (un pequeño inciso: aunque a los dos nos gusta tanto Indy como Star Wars, a él le tiran más los sables láser y a mí los látigos, uno en concreto). Y claro, me volví a poner histérica.

Esta mañana nos hemos levantado pronto (anoche llegamos del trabajo después de la una de la mañana, así que no hemos dormido mucho) y hemos llegado al cine poco después de las once y media. Antes de entrar en el parking del centro comercial, mi acompañante ha apuntado: "Sube gente para el cine". Y yo he respondido, tan tranquila: "Hoy es fiesta en Sevilla, así que habrá sesión matinal". En la última sílaba me he dado cuenta de la tragedia. Pese a que la compra por Internet y la chica que nos vendió las entradas en la taquilla el 1 de mayo indicaban que la de las cinco (para la que teníamos localidades) era la primera sesión, era más que probable que hubiese un pase matinal.

Podría decir lo vertiginosos que fueron mi entrada en el parking, mi aparcamiento y la subida de las tres plantas que separan la zona de estacionamiento de los cines, pero os lo podéis imaginar. Hemos subido, hemos comprado las entradas y nos hemos metido en la sala a velocidad de vértigo. A pesar de que no estaban numeradas, nos hemos sentado donde solemos hacerlo y hasta nos ha dado tiempo a ir al baño antes de que las luces se apagasen y saliese en pantalla (después de un anuncio inenarrablemente cursi, ñoño y horrible sobre un sitio en la quinta puñeta para celebrar bodas) el logotipo de Lucasfilm.

Mañana haré una reseña completa de la película, pero os adelanto que no sólo no me he cortado las venas ni he pillado un avión para suicidar a Lucas y Spielberg (a Harrison Ford no, porque se me ocurren otras cosas mejores que hacer con él), sino que la hemos vuelto a ver a las cinco (y no porque ya tuviésemos las entradas compradas) y nos queda alguna vez más (en versión original; las dos de hoy, una digital y otra normal, han sido dobladas).

Y termino ya por hoy con un encendido reproche a Nervión Plaza (el cine en cuestión), que al parecer no entiende el concepto primer pase, porque si había sesiones a las doce (cuatro o cinco salas), a las cuatro, cuatro y cuarto y cuatro y media, está claro que la de las cinco no era ni de lejos la primera, algo que expresamente pedí en la taquilla cuando compré las puñeteras entradas hace tres semanas. Mal, muy mal.

El fin de la cuenta atrás

Al fin, después de tanto tiempo de espera, de rumores, de dudas y, por qué no decirlo, también de miedo, hoy se estrena en todo el mundo Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Mi particular calvario termina (o eso espero, porque como sea mala me va a dar algo) a las cinco de la tarde, pero antes os dejo aquí otro reportaje escrito en mi vida real, como dicen algunos, esta vez sobre el estreno de la cuarta entrega. Es 100% libre de espoilers, así que lo podéis leer sin miedo. Y ahora os dejo porque voy a pasar la tarde con el doctor Jones. Que tengáis un buen día.



Ha vuelto

Indiana Jones regresa este jueves a los cines de todo el mundo con su cuarta aventura, 'El reino de la calavera de cristal'.

Otros son más rápidos, más ágiles, más listos, más jóvenes, saben artes marciales, tienen sofisticadas armas y artilugios y dan más golpes de los que reciben, pero pocos son capaces de implicar tan bien a los espectadores en las aventuras, el miedo, el dolor y el triunfo de un héroe que sortea el fracaso, aventura tras aventura, sólo con un ingenioso y descabellado plan que surge siempre en el último minuto. Con su sombrero y su látigo, regresa a los cines dos décadas después de encontrar el Santo Grial. Su objetivo: El reino de la calavera de cristal. Su nombre: Indiana Jones.

Dos décadas sin Indy

Han tardado 19 años en hacerla, pero la idea de continuar la saga surgió tras La última Cruzada, estrenada en 1989 (de hecho, el plan original era hacer cinco películas). En 1994 Harrison Ford se le acercó a Steven Spielberg durante la gala de los Oscar en la que el primero le entregó al segundo la estatuilla por La lista de Schindler para decirle que estaba listo para empuñar de nuevo el látigo. Parece ser que fue entonces cuando Lucas y Spielberg comenzaron a buscar un guión para la cuarta entrega, una búsqueda infructuosa que demoró el proyecto durante años a pesar de que vieron muchos guiones (durante un tiempo prácticamente no había un guionista en Hollywood que no tuviese en el cajón una historia para Indy).

M. Night Shyamalan o Tom Stoppard (Shakespeare in love) fueron algunos de los que escribieron sobre el doctor Jones, pero todas sus propuestas fueron rechazadas. Lucas se embarcó en su segunda trilogía galáctica, que le tuvo ocupado hasta 2005, y Spielberg comenzó a encadenar rodaje tras rodaje, en un frenesí que las malas lenguas atribuyeron a una necesidad de mantenerse ocupado para rechazar, llegado el caso, filmar un nuevo Indiana Jones.

Y entonces, en 2004, la Red volvió a llenarse de rumores: tenían guión. No se sabe mucho de ese libreto, salvo que lo firmaba Frank Darabont (Cadena perpetua) y que se centraba en la relación del héroe con su hermano (que iba a ser interpretado por Kevin Costner). Cuando ya todos daban por seguro que se iban a poner manos a la obra, saltó la bomba: Lucas lo había rechazado. Siguieron llegando propuestas (que básicamente servían para que, casi cada año, se publicase en algún sitio que el rodaje comenzaría “este verano”) y todas eran descartadas, bien por Lucas (que ha confesado que no le gustaba ninguno de los macguffins –el tesoro tras el que andaría Indy–), bien por Spielberg (reticente a retomar la saga).

Hace algo más de un año volvieron a saltar los rumores. Tenían guión (esta vez de David Koepp) y la rodarían en verano. Como es lógico, nadie se lo creyó, hasta que se publicó la primera foto oficial (tomada además por Spielberg) de Harrison Ford vestido de Indiana Jones.

La historia

Una vez confirmado que sí que habría un cuarto Indiana Jones, la cuestión estaba en averiguar de qué trataría. Hasta llegar a El reino de la calavera de cristal (revelado en septiembre del año pasado por Shia LaBeouf en una entrega de premios de la MTV), registraron títulos como La ciudad de los dioses, El destructor de mundos, El cuarto rincón de la Tierra, La ciudad perdida de oro o La búsqueda de la Alianza.

Algunos de estos títulos tienen que ver con un macguffin del que se habló durante años, la Atlántida, presente en cierto modo en la historia de las calaveras, unos artefactos de origen precolombino, según la leyenda (los científicos han demostrado que las que se conservan en el Smithsonian, el Museo Británico y el museo parisino de Quai Branly datan en realidad del siglo XIX), entregados por los Itzas (habitantes del mundo perdido) a los olmecas y que poseen propiedades como la capacidad de detener el mundo si se alinean todas las existentes.

La ‘fórmula Indy’

Las series de televisión tienen su biblia, un documento que recoge los presupuestos argumentales y narrativos a los que los guionistas deben atenerse para escribir nuevos episodios, y en cierto modo también la tiene Indiana Jones. Aunque en esta entrega hay varias novedades, su espíritu es fiel al de sus predecesoras: la esencia clásica del cine de aventuras (algo de lo que inexplicablemente se quejaron algunos periodistas que la vieron el domingo en Cannes).

Se ha rodado en celuloide, en escenarios reales, no hay un solo efecto digital más de lo necesario, ni experimentos en el montaje (una vez más a cargo de Michael Kahn), Harrison Ford hace la mayor parte de sus secuencias de acción, los productores, aparte de Lucas, vuelven a ser Frank Marshall y Kathleen Kennedy, la música (por supuesto) es de John Williams y el gran fichaje del equipo, el director de fotografía Janusz Kaminski (el nonagenario Douglas Slocombe está retirado), al que le gusta experimentar con texturas y colores, ha sido aleccionado por Spielberg sobre qué aspecto tienen las aventuras de Indiana Jones.

Novedades

Como se suele decir, el tiempo pasa para todos, no sólo para Spielberg, Lucas y Ford (al que estos días le preguntan de un millar de formas si no es, a sus 65 años, demasiado viejo para volver a meterse en la piel del arqueólogo: lo poco visto hasta ahora demuestra que no lo es), sino también para la saga y para el propio personaje.

Si las historias de la trilogía se desarrollaban en los años 30, ahora la acción salta a 1957. No hay nazis (aparte de por coherencia histórica, por el deseo de Spielberg, tras La lista de Schindler, de dejar a un lado a las huestes de Hitler), sino rusos (liderados por el personaje de Cate Blanchett), y también hay varios cambios en el equipo del héroe, unos por causa de fuerza mayor (Denholm Elliot, el entrañable Marcus Brody, falleció hace unos años) y otros no tanto, como John Rhys-Davies (Sallah) o Sean Connery (Henry Jones Sr.), que rehusaron participar. La que sí repite es Karen Allen, que ya buscó con Indy el Arca, y se añaden al grupo Shia LaBeouf, Ray Winstone, John Hurt y Jim Broadbent.

El futuro

Hay quien afirma que esto no es un punto final, sino el inicio de una etapa, con una nueva generación (¿LaBeouf?) tomando el testigo, pero Indiana Jones es Harrison Ford. Ningún otro actor sería capaz de imprimir al personaje las dosis exactas de vulnerabilidad, humor, cinismo, encanto y credibilidad para crear al héroe humano y cercano que ha cautivado a varias generaciones.

Mientras Lucas da pábulo a la rumorología sobre una quinta entrega con Indy reducido a una presencia testimonial, Spielberg sólo dice que continuará si el público quiere que lo haga. El director no se ha cansado de repetir que esta película la han hecho para los fans, para los que durante 20 años se han conformado con revivir en la pantalla del televisor las aventuras que una vez les emocionaron en el cine, porque, pese a que algunos sostienen que la exhibición cinematográfica es un negocio en decadencia en favor de los formatos domésticos, es en la oscuridad de una sala de cine donde se forjan los mitos.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Autorreferencialidad

Tranquilos, no voy a soltar una parrafada sobre la llamada generación autorreferencial que tan buenas tardes (y noches) me ha dado y a la que además debo un magnífico sobresaliente en una de las asignaturas de la carrera. Voy a hacer algo un poco más raro: invitarme a mí misma, o citarme, como prefiráis, para incluir aquí un reportaje publicado en los periódicos en los que trabajo. Me gano la vida en los nueve periódicos digitales -a veces también en los impresos- del Grupo Joly, aunque, como no me fío mucho de que el enlace al reportaje o al fastuoso especial sobre el arqueólogo que me he currado duren mucho, prefiero pegar a continuación dicho texto, por si alguien le quiere echar un vistazo. Ahí va:


Profesor, arqueólogo, héroe

Casi dos décadas después de su última Cruzada regresa a las salas Indiana Jones, un icono del séptimo arte interpretado por Harrison Ford que condensa la esencia del cine de aventuras.

Sombrero, látigo, una silueta mundialmente reconocible, gusto por emprender arriesgadas expediciones por todo el mundo en busca de tesoros arqueológicos y cierta propensión a recibir palizas son algunos de los rasgos característicos de Indiana Jones, profesor, arqueólogo, aventurero y uno de los héroes más populares de la historia del cine. En el improbable caso de que haya alguien que no se haya enterado de que el doctor Jones regresa este jueves a los cines con El reino de la calavera de cristal o, aún peor, que ni siquiera sepa quién es, aquí van unas claves para ponerse al día.

La trilogía

Aunque está a punto de convertirse en tetralogía, durante casi 20 años Indiana Jones ha sido una trilogía, un tríptico casi perfecto que demuestra que sólo unos pocos privilegiados son capaces de hacer buen cine de entretenimiento. La saga arrancó en 1981 con En busca del Arca perdida, a la que siguieron, en 1984, Indiana Jones y el Templo maldito y en 1989 Indiana Jones y la última Cruzada, las tres ambientadas en los años 30, dirigidas por Steven Spielberg, producidas por George Lucas, protagonizadas por Harrison Ford y acompañadas musicalmente por John Williams, al igual que la cuarta entrega.

Primera parada: Hawai

Hasta allí se fueron Lucas y Spielberg en 1977 mientras se desataba la fiebre galáctica. Entre cóctel y cóctel y ataviados con collares de flores y camisas de atrevidos estampados, Spielberg le confesó a Lucas que siempre había querido hacer un James Bond, aunque a los dueños de la franquicia no les entusiasmaba la idea. Y entonces Lucas recordó una idea aparcada por Star Wars: un arqueólogo, creado con trazos de Las minas del rey Salomón o El tesoro de Sierra Madre y una doble identidad (profesor y aventurero). Su nombre: Indiana Smith. A Spielberg le encantó la idea, pero no su apellido. Jones quedaba mejor, y con el consentimiento de Lucas y un apretón de manos (o puede que fuera un brindis) nació Indiana Jones.

En busca de Indy

Tim Matheson y Peter Coyote fueron algunos de los candidatos a ser Indy, aunque a Lucas le gustaba Tom Selleck, atrapado en un contrato con la CBS para Magnum que no le permitía deslices cinematográficos. A seis semanas del rodaje, estaban sin protagonista. Y Spielberg, en la premiere en Londres de El Imperio contraataca, propuso recuperar un nombre descartado porque a Lucas no le gustaba repetir con los actores: Harrison Ford. Por suerte cedió, porque Ford nació para ser Indiana Jones.

Los malos

Situar la acción en los años 30 les proporcionaba la posibilidad de contar con los nazis, presentes en la primera película y también en la tercera, liderados en el Arca por Toht (Ronald Lacey), al que acompaña otro arqueólogo, Belloq (Paul Freeman), y en la última Cruzada (aparece el Führer, pero de forma tangencial) por Vogel (Michael Byrne), secundado por el millonario Walter Donovan (Julian Glover) y la traicionera Elsa Schneider (Alison Doody). En el Templo no hay nazis, aunque los rivales del héroe no tienen nada que envidiarles, desde el Lao Che (Roy Chiao) de la aventura del prólogo hasta el líder de la secta Thugge, Mola Ram (el fallecido Amrish Puri).

El elemento femenino

Como Almodóvar y James Bond (también aquí hay un prólogo que precede a la acción principal), el doctor Jones también tiene sus chicas. Su primera pareja cinematográfica fue Marion Ravenwood (Karen Allen, que también está en El reino de la calavera de cristal), que tuvo un romance previo (y fallido) con el protagonista y posee una legendaria resistencia al alcohol. A Marion la sustituyó la corista Willie Scott (Kate Capshaw, que en el rodaje del Templo conoció a su actual marido, Spielberg) y a ella Elsa Schneider (Doody), una bella nazi que embauca a Indy y a su padre.

Compañeros

Aunque en el Templo su principal ayudante es el avispado Tapón (Jonathan Ke Quan), en las otras dos entregas son otros los que forman el círculo de confianza del doctor Jones: el polivalente Sallah (John Rhys-Davies) y el despistado y entrañable Marcus Brody (el fallecido Denholm Elliot), un dúo al que en la Cruzada se une su mejor compañero de fatigas, su padre, Henry Jones (Sean Connery), una aparición que sirvió para dar a la historia un tono iniciático y desvelar que Indiana no es más que un apodo (tomado del perro de la familia; en el caso de Lucas, de su propio perro) de Henry Jones Jr. y el origen de su cicatriz, el sombrero, el látigo o su pavor a las serpientes.

Los ‘macguffins’

Para Hitchcock no eran más que elementos que hacen avanzar la acción pero que carecen de importancia, pero para Lucas son mucho más. Aunque en cada prólogo Indiana anda tras la pista de algún artilugio (el ídolo del Arca, los restos de Nurachi del Templo o la Cruz de Coronado de la última Cruzada), no eran esos los verdaderos tesoros. En sus tres primeras aventuras, Indy ha tenido que buscar el Arca de la Alianza, las piedras de Sankara y hasta el Santo Grial. El favorito de Lucas siempre ha sido el Arca. Habrá que ver cómo funciona la calavera de cristal.

Más allá de la pantalla
Como todo mito que se precie, Indiana Jones no se acaba tras los títulos de crédito. Hay novelas, cómics, una serie centrada en sus años mozos (Las aventuras del joven Indiana Jones), videojuegos (uno de ellos con figuritas de Lego), juguetes y, por supuesto, DVD. Hace unos días salió al mercado una nueva edición de la trilogía, que incluye material inédito que hace imprescindible su adquisición para todo fan, tenga o no la anterior versión.

La herencia de Indy
Han sido muchos los que se han disputado el legado del arqueólogo, desde el prescindible remake de Las minas del rey Salomón con Richard Chamberlain y Sharon Stone (que tuvo continuación), La gran ruta hacia China (con Tom Selleck) o la reciente La búsqueda (y su secuela), que han demostrado que no es tan fácil hacer buenas películas de aventuras, hasta las más acertadas Tras el corazón verde (y La joya del Nilo), Tomb Raider, Los Goonies o El secreto de la pirámide (estas dos últimas no están directamente inspiradas en la saga, pero sin ella probablemente no se habrían filmado). Tal vez sea La momia la más digna heredera del espíritu Jones, aunque ninguno de todos estos intentos ha podido igualar, y mucho menos superar, la perfección del original.

lunes, 19 de mayo de 2008

El doctor Jones en Cannes

Como ya todos sabréis, los chicos estuvieron ayer en el Festival de Cannes y, claro, la liaron. Cientos de fans haciendo cola para verles unos segundos, periodistas luchando denodadamente por un hueco en la rueda de prensa o en el pase para los medios y una fuerte ovación cuando en la sala de proyección sonó, al principio de la película, la fanfarria de John Williams que acompaña al arqueólogo fueron algunos de los detalles de un día en el que Cannes fue el reino de Indiana Jones.

A la presentación de la película acudió todo el equipo, desde Steven Spielberg, George Lucas y los productores Frank Marshall y Kathleen Kennedy hasta el reparto al completo, capitaneado por un Harrison Ford al que hacía tiempo que no se le veía tan a gusto en la presentación de uno de sus trabajos. Junto a él, Karen Allen, una Cate Blanchett divertida ante todo el jaleo que acompañó durante todo el día a la troupe, Ray Winstone, John Hurt y un Shia LaBeouf que confesó estar aturdido por la expectación de medios y espectadores (si, como dice el tito George, vas a heredar la saga, más te vale acostumbrarte, chaval, porque el látigo pesa mucho más de lo que parece).

Pero no todo fueron aplausos y ovaciones. A la infinita paciencia de Harrison Ford, que no le partió la cara a ninguno de los cientos de originales periodistas que, en varios idiomas diferentes, le preguntaron si no era demasiado viejo para ser Indiana Jones, se une la herejía de otros cuantos indocumentados que, después de ver la película antes que nadie (un lujo que sin duda no supieron apreciar), se quejaron de su "falta de originalidad", un estúpido comentario (nadie quiere que sea original, pro deum hominumque, queremos que sea como las otras tres) aderezado con frases despectivas del tipo "no es una gran película, pero a los fans [que son idiotas, piensan, sin atreverse a decirlo] les va a gustar".

Afortunadamente, los infieles fueron pocos, y en ningún caso pudieron empañar la gran fiesta que Cannes, la hermosa ciudad que se reencontró con Spielberg tras más de 20 años de ausencia, dedicó al hombre del año. Tal como preveía, por agencias entraron cientos de fotos espectaculares (¿cómo podéis dudar del estado físico de Ford habiéndole tenido de cerca? ¿no veis lo bien que está?) con las que no descarto empapelar alguna que otra habitación, y eso sin contar con las del pase de gala de la noche, que tendrán que ser hábilmente arregladas porque en la mayoría sale la canija (akas Calista) pegada cual lapa al hombre mientras la preciosa Cate Blanchett se paseaba sola por la alfombra roja. Si es que no hay justicia.

sábado, 17 de mayo de 2008

La trastienda

Sigue la cuenta atrás, y siguen publicándose más y más vídeos del rodaje de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, como este que muestra a Steven Spielberg en plena faena,



o estos otros tres que reúnen distintos momentos del rodaje y que, una vez editados y locutados, seguro que forman parte del making of del filme:







Seguro que alguno se pregunta por qué pongo tantas fotos y tantos vídeos de Indy por aquí. Es simple. Aparte de porque quizás a alguien le gusta verlos (seguro que hay más de uno/a que comparte mi perversión), me gusta tener todo este material a mano, como también me gustará tener cerca las imágenes del desembarco de todo el equipo en el Festival de Cannes, un acontecimiento que tendrá lugar este domingo, o sea, mañana. Se me hace la boca agua sólo con pensar en la cantidad de fotos que van a entrar por agencias (ventajas de trabajar en un periódico) y que van a pasar a formar parte de mi colección particular...

viernes, 16 de mayo de 2008

The legend goes Lego

Ese es el eslogan del nuevo videojuego de Indiana Jones. No es una mera adaptación al ordenador o la consola de las aventuras del arqueólogo, porque el título sigue la estela de la saga galáctica y convierte al doctor Jones y a sus compañeros y enemigos en figuritas de Lego. Puede que dentro de un tiempo salga El reino de la calavera de cristal, pero por ahora se han conformado con adaptar las historias de las tres primeras entregas. Aún no ha salido al mercado, pero ya hay un par de tráilers. Atención a la poco esférica bola de piedra que persigue al pequeño Indy en una secuencia tomada de En busca del Arca perdida:



jueves, 15 de mayo de 2008

Una de anuncios

La Liga está a punto de acabar (la de Primera, porque a la de Segunda, para mi desgracia, aún le quedan unas semanas) pero, con la Eurocopa a la vuelta de la esquina, aún queda mucho fútbol antes de que empiecen esos sucedáneos conocidos como torneos de verano. El fútbol atrae masas, genera millones y millones de euros (o dólares, pongan la divisa que más les guste) y de vez en cuando inspira maravillas como este anuncio de Nike hecho por Guy Ritchie (el señor Madonna).



Como decía, la Eurocopa casi está aquí, y este año le toca emitirla a Cuatro y Digital+, lo que les ha servido para poner en marcha una campaña cuyo leit motiv es Innsbruck, la sede de la selección española durante el campeonato. Este es el anuncio principal de la campaña, con logo de Dharma incluido, en el que, por cierto, ya no se aspira a ganar el torneo, sino sólo a pasar de cuartos:



Estos otros dos, vistos en Chica de la tele, no tienen nada que ver con el fútbol, pero no tienen desperdicio. El primero, de Chevrolet, se burla de una conocida campaña de Citroën y el segundo, de Canal+ Francia, demuestra que es mejor ver las películas que esperar a que alguien te las cuente.




sábado, 10 de mayo de 2008

Tercer tráiler

Lo prometido (lo de ser aún más pesada en estos días previos) es deuda, así que aquí va el tercer tráiler de El reino de la calavera de cristal, muy parecido al segundo pero con detalles como un plano de la calavera de marras (está tomado de Dailymotion, así que su calidad no es óptima; cuando lo tenga mejor, lo pondré).


Gracias a los chicos de la Comunidad Fan Española de Indiana Jones tenemos también la aparición de Harrison Ford en el late show de Jay Leno (está en dos partes, y la segunda incluye el vídeo de la depilación pectoral de Ford que forma parte de una campaña contra la deforestación, no sé si en general o de alguna selva en particular; no he prestado demasiada atención...):





Actualización: Añado la versión mejorada del tercer tráiler.

viernes, 9 de mayo de 2008

Intermediarios

Nunca me han gustado ni los representantes, ni los responsables de prensa, ni ninguno de esos intermediarios que, aunque en teoría deben facilitarnos el trabajo a los periodistas, en muchas ocasiones no son más que centinelas que impiden el acceso (o al menos un acceso fácil) a lo que necesitamos para trabajar. A veces es fruto de la incompetencia y en otras de una arrogancia nacida del pedestal en que creen les coloca su privilegiada posición por tener el teléfono (o el correo electrónico; algunos no dan para más) de la fuente de información, o protagonista, o como queramos llamarlo, lo que demasiado a menudo se traduce en que su protegido sea percibido como alguien inaccesible, borde o desagradable con la prensa, algo que muchas veces es culpa sólo de estos individuos.

A todo esto se ha sumado en los últimos tiempos el pavor de los estudios cinematográficos a la piratería, que ha convertido a cualquier periodista que acuda a un pase de prensa en un delincuente al que hay que registrar y requisar todo artilugio capaz, aunque sea remotamente, de grabar imágenes. Si creéis que exagero, aquí va un extracto de las condiciones de Universal (distribuidora en España de Paramount) para acceder al pase de prensa de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (las negritas son mías):
"El pase tendrá lugar bajo unas estrictas medidas de seguridad. Antes de comenzar la proyección, se comprobará que no lleváis ningún dispositivo de grabación. Los asistentes deberán pasar bajo un arco metálico y dejar sus móviles y cámaras en consigna. La asistencia al pase presupone vuestro consentimiento para realizar un registro físico de vuestras pertenencias y vuestra persona. Si se intenta introducir un dispositivo de grabación, se denegará la entrada. En caso de grabación no autorizada, se tomarán las medidas legales pertinentes, pudiendo el autor de dicha grabación llegar a incurrir en responsabilidad penal y civil. En caso de estar en contra de estas medidas de seguridad, os rogamos que os abstengáis de acudir al pase de prensa".
Pese a lo tentador que resulta consentir que te registren tus pertenencias y tu persona (me preguntó cómo de concienzudo será ese registro), prefiero ver la película con gente normal y no con periodistas, miembros de una especie entre la que no está muy bien visto el fanatismo, salvo si es político o futbolero.

El pase de prensa no es lo único insólito de la promoción del cuarto Indy en España. A dos semanas del estreno (13 días, concretamente), apenas hay una decena de imágenes en alta resolución en la web de prensa de Universal-Paramount, y ninguna para tirar cohetes. Ya sé que en la Red hay toneladas de fotos mucho mejores, como las que ilustran (y enriquecen) este texto, publicadas en varios sitios hace unos días, pero lo malo de trabajar en un periódico (así es como me gano la vida y pago la hipoteca) es que las imágenes tienen que tener una calidad y unas dimensiones determinadas.

Ante la sequía gráfica, decidí ir a la fuente y escribir a Lucasfilm, que tan bien se ha portado conmigo en ocasiones anteriores (si no llega a ser por ellos aún estaría esperando a que Fox España me mandase fotos del Episodio III de Star Wars). Pero no ha habido suerte. Desde allí se han limitado a rebotar mi correo a los de Universal de aquí, que, en lugar de pasar de mí, me han contestado sólo para pegarme una bronca por escribir a Lucasfilm: "Ten en cuenta que tu contacto para las películas que se distribuyen en España es la distribuidora, en este caso nosotras. Las peticiones que hagas al estudio directamente siempre nos las van a remitir a nosotras y no por contactarles directamente te van a dar algo que no tengamos nosotros". Encantador, ¿verdad? Lo dicho, que hay gente que en vez de ayudar entorpece.

Una vez desahogada y para celebrar que es viernes, que en un ratito tendré un nuevo episodio de Lost para ver y que ya sólo quedan 13 días para que vuelva Indy, os dejo con las novedades aparecidas en los últimos días, como las ya mencionadas toneladas de fotos (una galería de Movieweb recopila todas las aparecidas), unos divertidos iconos de escritorio oficiales, el avance de la banda sonora que ha colgado Amazon y los últimos vídeos aparecidos en la web oficial, en la que están todos los pequeños anuncios para televisión emitidos hasta ahora y este interesante vídeo con imágenes de Indy en el rodaje de esta cuarta entrega.



Y como guinda (hay más cosas, pero esas ya se adentran en la peligrosa senda de los espoilers, en la que no voy a dar ni un paso hasta que vea la película) a todo este torrente arqueológico (si alguien tiene alguna queja, que sepa que de aquí al 22 de mayo, y puede que incluso después, la cosa va a ser casi monotemática), el segundo tráiler, esta vez tomado de Movieweb, que se ve bastante mejor que el de YouTube que puse el otro día.

sábado, 3 de mayo de 2008

El segundo tráiler

Casi todos los días entro en la web oficial de Indiana Jones y en la comunidad española de fans para ver si hay algo nuevo, y hoy me he encontrado la agradable sorpresa de que al fin se ha publicado el segundo tráiler de esta cuarta entrega (apareció hace unos días en bajísima calidad, pero eso no cuenta). Como siempre, pensaba expropiarlo de Movieweb, pero parece que les han obligado (Lucasfilm o Paramount, no está claro) a retirarlo.

Las garras de los censores no han llegado aún a YouTube, de donde lo he tomado prestarlo para ponerlo aquí pero, como preveo que no tardarán mucho en hacerlo, dejo el enlace al artículo con los vínculos para descarga en alta definición.



Será por aquello de que son profesionales del arte de hacer tráilers, pero lo que acaban de publicar es otra maravilla que incluye varios toques ya clásicos en la saga, como el "don't touch anything" (esta vez seguro que tampoco le hacen caso) o la explicación made in Indy de qué es exactamente lo que están buscando (en esta ocasión la susodicha calavera) y por qué no debe caer en malas manos.

Como propina incluyo otro vídeo, que probablemente formará parte del futuro making of del Reino de la calavera de cristal y en el que los responsables de todo esto repasan la trilogía.

jueves, 1 de mayo de 2008

Las entradas

Quedan exactamente tres semanas para el regreso de Indy, una espera que a partir de ahora será más sosegada porque somos los orgullosos poseedores de dos entradas para el estreno de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (lo de las entradas anticipadas le quita buena parte de emoción al asunto, pero no deja de ser práctico).

Lo cierto es que las hemos adquirido antes incluso de saber si íbamos o no a poder tener libre la tarde del 22 de mayo. En mi caso la cosa estaba asegurada desde hace un par de días (salvo que la compañera que me ha cambiado el turno se lo piense mejor, lo que no sería bueno, sobre todo para ella), pero en el de mi futuro marido no. Dependíamos de otro cambio, en esta ocasión con un compañero suyo que no sabía si podría hacerle el favor.

Y de eso iba a hablar aquí. Pensaba dedicarle a su compañero (sé cómo se llama, pero no es cuestión de avergonzarlo demasiado) estas líneas, para rogarle que permitiese a mi novio acompañarme al estreno del cuarto Indy, a mi reencuentro con mi primer (y por eso definitivo y eterno) mito-héroe-ídolo-icono (valen todos juntos y también por separado), 19 años después (creo que queda claro por qué la opción de ir a verla otro día diferente al del estreno queda descartada), un acontecimiento al que no debería ir sola porque, me guste más o menos, me entusiasme o me espante, probablemente sufra un colapso que haga necesario que alguien me acompañe a casa o, llegado el caso, llame a una ambulancia.

Iba a contar todo eso para tratar de convencer al hombre de cuya magnanimidad dependía que el 22 de mayo fuese un día glorioso o el Apocalipsis. Pero no ha hecho falta. Antes de ponerme a escribir esto, el aludido ha confirmado, vía correo electrónico, su disponibilidad al cambio de turno. Si has leído lo anterior, querido compañero de mi inminente cónyuge, podrás hacerte una idea de lo agradecida que te estoy pero, por si no ha quedado cristalino, ahí va: muchísimas gracias.