viernes, 12 de septiembre de 2008

El 'malote'

Quedan casi cinco meses para que vuelvan y, aunque no he hablado por aquí mucho de ellos este verano (puede que por culpa del efecto San Eustaquio), no dejo de echarlos de menos.

Mientras cada uno sobrelleva el mono (porque eso es lo que es) de los náufragos como puede (algunos de ellos haciendo vídeos espectaculares que recopilan en sitios como éste, aunque luego incluiré un par de ellos pertenecientes a la serie de preparación para la quinta temporada), TVE anuncia que comenzará ahora (al parecer iba a empezar el miércoles pasado, pero para no desentonar con su política sobre Perdidos, a última hora decidió que no) a emitir la cuarta temporada, lo que ha dado un buen pretexto a algunas publicaciones patrias para dedicarle unas páginas a la serie. Una de ellas ha sido Cuore, una publicación que no entra en mi lista de lecturas habituales pero por lo visto sí en la de uno de los redactores del blog Todo Series (David Martínez, concretamente), que la compra y la lee todas las semanas.

En sus páginas ha descubierto un espeluznante reportaje a doble página (que ha escaneado e incluido en el post que ha escrito al respecto) sobre el ¿inminente? estreno en La 2 de la cuarta temporada de los chicos de la isla.

Las pocas líneas que la revista (que no se caracteriza por la densidad de sus artículos) dedica a la serie no tienen desperdicio. En realidad son unas cuantas fotos (cogidas cada una de una temporada diferente) sobre los que ellos consideran los protagonistas de Lost: Sawyer, Kate, Jack, Desmond, Charlie, Juliet y Ben. Dejando a un lado las notables ausencias, la presencia de la sosa de Juliet y que Charlie no es precisamente un personaje habitual en la cuarta temporada (los que hayan visto la tercera saben a qué me refiero), cada una de las imágenes va acompañada de algo parecido a pies de foto en los que se pueden leer cosas como Kate, la sufridora (¿?); Desmond, el vidente; Charlie, el yonqui (sí que vamos retrasados); Juliet, la otra (esto sí me ha hecho gracia) y espoilers a traición como quiénes son los Oceanic Six, algo que sólo se desvela bastante avanzada la temporada en cuestión y que merecería que algún incauto que siga Perdidos al ritmo arrítmico que marca TVE les metiera un paquete por fastidiarle uno de los enigmas de la temporada.

Pero lo mejor de todo el reportaje no es eso, sino el apodo que otorgan a Ben, al que llaman, en su foto correspondiente, el malote. Vale que poner hijo de puta en un destacado queda poco fino, pero hay unas cuantas opciones sutiles y elegantes de expresar ese concepto, y malote no es una de ellas, porque este tío no es malote. Es un cabrón con todas sus letras. Un personaje magnífico interpretado por un actor enorme, sí, pero un cabrón al fin y al cabo.

Sería un poco largo contar quién es Benjamin Linus, así que todo aquel interesado puede pasarse por Lostpedia para consultar la ficha de este hombre en cuyo currículum figuran un par de matanzas, varios asesinatos (individuales), unas cuantas conspiraciones para cometer otros y toneladas de mentiras, manipulaciones y subterfugios variados. Ben parece ser el único que sabe qué pasa en la isla (y no se lo cuenta a nadie) y siempre tiene un plan con el que salir airoso, sin importarle cuántos cadáveres deja tras de sí.



Solo es grandioso, pero cuando se une a Locke (como en aquel sueño tan raro que tuve), al que siempre consigue sacar de sus casillas, protagonizan algunos de los mejores momentos de la serie.



Y como propina, en venganza por lo de malote, otro vídeo más, este recopilatorio de los momentos de muerte y destrucción que hemos visto a lo largo de estos cuatro años.

martes, 9 de septiembre de 2008

Chuck Norris y el fin del mundo

Mañana por la mañana (08.30, hora española) se acaba el mundo. Dicho así queda un poco dramático, pero eso es lo que muchos iluminados predicen, que la puesta en funcionamiento del superacelerador de partículas del Laboratorio Europeo para la Investigación Nuclear (mañana a las 08.30, hora española) traerá el fin de los tiempos. No está muy claro si la cosa es inmediata o si es a esa hora cuando empieza el fin del mundo, pero las voces a favor y en contra del experimento, que pretende reproducir las condiciones en las que se produjo el Big Bang para seguir profundizando en el origen de la vida, tienen estos días la Red (y también la tele, donde Berto, el sustituto veraniego -y otoñal, al paso que vamos, pedazo de vacaciones- de Buenafuente ha abierto una sección con el sugerente título Vamos a morir) un poco revuelta.

Creí que lo más divertido que iba a leer sobre el tema iban a ser las 10 cosas que hacer pasado mañana (lo publicó ayer) de Maikelnai, pero cometí el error de subestimar el poder del Lado Oscuro, esto es, de los lectores del periódico en el que trabajo (a los que di un buen repaso no hace mucho), que me han dejado de piedra. Ayer me encontré una previa apañadita del tema y, como me encantan las historias curiosas ("chorradas", las llaman los periodistas serios), me faltó tiempo para publicarla y sacarla a la portada. En un par de horas los comentarios se habían disparado.

Anoche superaban el centenar y ahora mismo (la noticia no está en la portada desde esta mañana, aunque hace un rato la he vuelto a publicar como vínculo de un bonito reportaje que repasa las distintas predicciones del Apocalipsis a lo largo de la Historia titulado "¿Se acabará el mundo este miércoles?") rozan los 180. Puede que parezca poco, pero para nosotros es un triunfo, sobre todo porque algunos comentarios son magníficos.

Como es normal, hay de todo, desde la turba indignada porque se gaste un dineral en algo que no sirve para nada en lugar de para curar alguna enfermedad, hasta los científicos que tratan, con poco éxito, de poner orden en el tumulto, pasando por los que piden que se detenga esa barbaridad. Junto a todos estos están los cachondos, que se alegran de no tener que pagar la hipoteca o piden que la cosa se retrase hasta la semana que viene porque tienen planes para el viernes. Pero creo que, de todos (no tienen desperdicio), mi favorito es este, porque logra algo que parece imposible: unir en una frase la ciencia y a Chuck Norris:
"Tranquilos, ellos tienen a Chuck Norris por ahí cerca. Si algún agujero negro se atreve a formarse, Chuck lo destruirá dándole una patada giratoria en la cara... y SÍ, los agujeros negros tienen cara si así lo quiere Chuck Norris".
La CNN probablemente retransmitirá el experimento (como ya dijo Ted Turner: "We won't be signing off until the world ends. We'll be on, and we will cover the end of the world, live, and that will be our last event... and when the end of the world comes, we'll play Nearer, My God, to Thee [un himno que ya tocaron los músicos del Titanic] before we sign off"), pero también podréis seguirlo en la web del CERN, si es que internet resiste el fin del mundo, claro. Seguramente no pase nada pero, por si acaso, ha sido un placer.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Dos maestros

Ayer se fue Antonio Povedano, artista, genio del paisaje, maestro de decenas de creadores y amigo de otros muchos que anoche, al conocer la noticia, se quedaron un poco más solos. No lo conocí mucho, pero siempre fue exquisito su trato las veces que nuestros caminos se cruzaron y le importuné para alguna entrevista o uno de esos reportajes periódicos en los que preguntábamos a los artistas locales sobre tal o cual cuestión. No nació en Córdoba, pero siempre fue cordobés. Tenía casi 90 años y los achaques propios de la edad, aunque hasta su último suspiro le acompañó una energía vital y profesional que otros, bastante más jóvenes, apenas sueñan con tener.

Son muchos los que estas horas le lloran, en privado o en público, pero pocos con tanto respeto, sobriedad y cariño como lo hace el segundo maestro de esta historia, un hombre asombroso en lo personal, en lo profesional y en otros muchos aspectos, con el que he tenido el privilegio de trabajar y que hoy traigo aquí porque es el autor de una de las necrológicas más hermosas que he leído en mucho tiempo. Su nombre es Alfredo Asensi, y el texto que le ha dedicado al artista se titula "La muerte traza su tétrico paisaje sobre Antonio Povedano". Aunque dejo el enlace al texto completo, no puedo evitar reproducir aquí algunos pasajes. Espero que también os gusten.
"Hasta sus últimos momentos de consciencia estuvo pensando en la exposición siguiente, trazando en su prodigiosa sensibilidad de artista el cuadro que le faltaba por pintar, la pincelada intuida y aún no ejecutada. [...] Se ha ido Antonio Povedano, figura nuclear del paisajismo español del último medio siglo, poeta del pincel en las estribaciones más lúcidas del paisajismo de vanguardista, artista rotundo hasta sus últimos suspiros, maestro durante décadas de centenares de pintores aficionados y profesionales, retratista, vidriero, gestor cultural, devoto del flamenco, de la cultura, de la vida".

[...]

"Modula su sintaxis, matiza su cromatismo, se alía con la luz, pinta los paisajes andaluces como quien aspira a renacer siempre en ellos. Escarba en cada inquietud hasta perfilar un logro".

[...]

"La noticia de su muerte fue ayer un latigazo de dolor que recorrió la ciudad. En el paisaje de su último suspiro se desliza el sollozo de todos los que lo quisieron y lo admiraron".

viernes, 5 de septiembre de 2008

¿Adónde ha ido 'Life'?

No veo Life. La ponen (o ponían) los miércoles por la noche y yo suelo trabajar esos días a esas horas (también los lunes, que es cuando Telecinco empezó a programarla) y, como el resto de series en prime time, mis opciones de seguirla se reducen a hacerlo on line. No había visto ningún capítulo y la pereza (y mi ya saturada agenda de series en emisión) de ver otra serie de policías la habían aparcado para recurrir a ella tal vez en épocas de sequía (quién sabe cuándo será la próxima huelga de guionistas, o de tramoyistas o de lo que sea). Pero la semana pasada, que extrañamente descansé el miércoles, vi un par de episodios (fui a ver a mi madre y ella sí la ve, así que la vi con ella) y con eso tuve suficiente.

Quería saber más de ese policía, encerrado injustamente durante años por culpa de una conspiración de sus propios compañeros de departamento, que vive en una mansión sin amueblar pagada con la cuantiosa indemnización con que el Estado quiso compensar su inmerecido cautiverio, que volvió al trabajo porque le gusta resolver crímenes y que siempre está comiendo fruta fresca porque es lo que más echó de menos durante el tiempo que estuvo en prisión.

Pero, si quiero saber cómo termina su primera temporada (la segunda está a punto de empezar en EEUU) no podré hacerlo en Telecinco. En una nueva prueba de que para ellos la confección de las parrillas de programación no es un arte sino un juego de azar, la han quitado de en medio a falta de sólo dos episodios. No es nuevo en la innovadora cadena que con Expediente X nos demostró que no era, como proclamaba, una amiga, que ya el verano pasado liquidó Jericho en tandas de cuatro episodios por noche porque les estorbaba y que emitió primero Life los lunes después de CSI (eran capítulos nuevos hasta que de repente decidieron interrumpir la séptima temporada de los chicos de Grissom para poner más y más repeticiones; bien por ellos) y después la pasó a los miércoles.

Esta semana, según leo en Chica de la Tele (y me ha confirmado mi madre), Telecinco ha vuelto a hacer de las suyas. Ha llegado septiembre y toca poner las series titulares de la cadena. Y los miércoles va Hospital Central. Y punto. Si había algo ahí (no importa si era una serie nueva, una repetida o un zapping), se quita. Y si había espectadores que lo veían pero no llegaban al sacrosanto 20 por ciento de audiencia, que les den. Quedaban sólo dos episodios por emitir, pero es mejor guardarlos en un cajón que ponerlos más tarde o programarlos otro día. Ya lo sabíamos, pero con esto comprobamos una vez más que a las cadenas, a esta en concreto, no le importan en absoluto los espectadores. Lo peor es que pongan lo que pongan la gente sigue viéndolo. Pero a mi madre la han dejado sin saber cómo termina Life.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Dos días

Este texto está a medio camino entre San Eustaquio y el resto de mi vida, pero como tiene elementos de ambos, lo voy a publicar aquí y también allí (espero que no os moleste la repetición).

Lo que sigue es un relato de cómo han sido dos días de esta semana, ejemplos extremos del ajetreo que me zarandea últimamente, aunque por desgracia tengo muchos días así. De paso, explica por qué he aparecido esta semana tan poco por aquí (salvo para poner palabras que ni siquiera son mías).

Lunes 1 de septiembre

-El despertador suena a las 8.30 (la noche anterior he trabajado, ha vuelto la Liga y he llegado a casa a la una de la mañana; no he dormido mucho).

-Desayuno, ducha y a la calle. Voy en coche hasta el sitio (lejano) donde aparco para ir a trabajar (trabajo en el centro y allí las escasas plazas de aparcamiento viven sometidas bajo la tiranía de los parquímetros). Lo dejo y cojo un taxi hasta Santa Justa. Mi madre llega a las 11.00 desde Córdoba.

-Llego a Santa Justa a las 10.42. Aprovecho para sacar los billetes para Málaga para the day after San Eustaquio (el avión para NY sale el lunes desde allí así que pasaremos en Málaga la noche anterior; ya hemos reservado también el hotel).

-11.00. Llega mi madre, cogemos otro taxi y nos vamos al centro, a la calle Cuna, para probarme otra vez el vestido del bodorrio. Como la vez anterior, tenemos que esperar. En aquella ocasión la chica que nos precedía llegó a su cita con una hora de retraso; en esta, la dependienta encargada de mi vestido le está probando todo el catálogo de la tienda a otra potencial cliente. Pasa de nosotras. Rato después, nos mete en un probador/almacén y finalmente otra chica viene a probarme el vestido. Todo parece correcto. Mi madre liquida la cuantiosa factura y nos vamos. Lo recogeré el día 16 (la dependienta supuestamente encargada de mi vestido propone que me lo lleve en ese momento; no hace falta ser un experto para saber que a sus cuatro capas de seda les hacen falta una larga y laboriosa sesión de planchado, así que no me lo llevo).

-Mi madre va a ver a Santa Ángela de la Cruz, algo que procura hacer cada vez que viene a Sevilla. Cogemos un autobús y nos vamos a Nervión, al Meliá Lebreros, para hacer la reserva de las habitaciones que ocupará mi familia el fin de semana de San Eustaquio.

-En la recepción, una chica nos indica que, para hacer una reserva, debemos ir a una cabina del hall, marcar un número y hablar con un operador. Vamos a la cabina, marcamos el número y mi madre, con toda la razón del mundo, pide hablar con alguien en persona porque es absurdo venir al hotel para hacer la reserva por teléfono. Viene un chico y reservamos. Pedimos un peluquero. Todos los allí presentes se extrañan de la petición. "Nunca se nos ha dado el caso de que alguien necesite un peluquero". Todo en ese sitio es muy raro.

-Nos vamos a comer al VIPS de Nervión Plaza. La mujer encargada de acompañar a los comensales a sus mesas mata sus ratos muertos limpiando (y después secando) las cartas. Nos preguntamos si alguien le ha encargado eso o lo hace motu proprio.

-Terminamos de comer. Otro autobús y de vuelta a Santa Justa (estamos cerca pero hace mucho calor para ir andando; además, mi madre tiene un brazo roto y está particularmente hasta las narices de pasear la escayola). Hacemos tiempo en una cafetería y finalmente sale su tren.

-Cojo otro autobús y me voy al periódico. Las cosas por allí están un poco turbias. Septiembre es también periodo vacacional y estoy todas las tardes sola. Si la tarde está tranquila, no hay problema. Pero esta no es una de esas tardes. Además, un nuevo grupo de personas se ha hecho cargo de la sección/proyecto en el que trabajo (técnicos, no periodistas, aunque de eso hablaré otro día) y han impuesto una nueva organización de propósitos y puesta en práctica inciertos. Una de las nuevas medidas es que yo entre a trabajar a las dos de la tarde. Como me parece estúpido cerrar un periódico (no importa si es impreso o digital) a las diez de la noche, he decidido unilateralmente seguir entrando a las cuatro.

-Esa noche se cierra el mercado de fichajes de la Liga, por lo que vuelvo a llegar a casa bastante tarde. Definitivamente no ha sido una tarde tranquila.

Martes 2 de septiembre

-El despertador suena a las nueve. Desayuno, ducha y rumbo a Mairena del Aljarafe a hacerme unas radiografías de las cervicales. En los últimos días he vuelto a tener problemas. El dolor en cuello, cabeza y espalda es constante. La semana pasada, como ocurrió el verano del año pasado, volvieron los mareos. Una tarde estuve medio ciega más de una hora. Veía más o menos, pero era incapaz de leer. Sólo veía letras sueltas y tenía que adivinar qué palabras formaban. Entonces se me diagnosticó una contractura cervical y se me recetó un cóctel farmacológico compuesto por antiinflamatorios, relajantes musculares y ansiolíticos. Esta vez aún no tengo diagnóstico, aunque se me han recetado antiinflamatorios y relajantes. No ansiolíticos. Lástima.

-Tras las radiografías, a hacer la compra. No es que falten provisiones en casa, es que mi frigorífico lleva varias noches en vela, llorando y suplicando que le metamos comida dentro. No podíamos soportar más sus lamentos, así que hemos ido a comprar. Arrasamos un Mercadona, llevamos la compra a casa, la guardamos. Comemos (una pizza, en mi caso, no hay tiempo para preparar nada) y me vuelvo a marchar al trabajo.

-La tarde es algo más tranquila que la anterior, pero ello no evita que me pase toda la tarde (de hecho, es noche cerrada cuando dejo de hacerlo) copiando y pegando teletipos (en un diario digital con todas las secciones comunes a cargo de una sola persona, no queda mucho tiempo para la producción propia). Entre teletipo y teletipo, llamo por teléfono al amigo fotógrafo que iba a encargarse de las tareas gráficas en San Eustaquio. No puede hacerlo. Noto cómo el cuello, la espalda y la nuca se me ponen más y más tensas. Llamo a otro, ex compañero del periódico en el que trabajaba antes. A pesar del atraco a mano armada y de avisarle con poco más de dos semanas de antelación, me dice: "No te preocupes, que no te vas a quedar sin fotógrafo". Y, en un extraño giro de los acontecimientos, yo, que no me fío nunca de nadie (no exagero), le creo. Tal vez sea porque, en ese momento, necesito desesperadamente creer.

-A las 23.30, salgo al fin. Cojo un autobús, llego a donde tengo aparcado el coche y me marcho al polígono / parque tecnológico donde trabaja mi inminente marido, le recojo y nos vamos a casa (esta ruta la hago todas las noches).

-Al día siguiente me han puesto una reunión a las 11.00, lo que implica que tendría que levantarme a las nueve para llevar a cabo todo el ritual de aparcamiento y que es posible que después no me diese tiempo a volver a casa a comer. Afortunadamente, tengo que ir al médico...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

'Spam' telefónico

-'Hola, buenas tardes, le llama Paola Ortiz, soy de Movistar...'. Y le cuelgo.

Así es como mi inminente marido lucha contra el spam telefónico.

martes, 2 de septiembre de 2008

Indignación

Grandes frases del periodismo

"La indignación es cosa de veteranos"


(Uno de los redactores jefe de mi periódico a un becario, que por lo visto estaba indignado por algo)