Tras una primera entrega en la que expliqué lo que pienso de los becarios (sobre todo de los actuales) y que generó no muchos (este es un blog modesto) pero sí extensos comentarios, concluye esta miniserie de dos episodios con la protagonista de esta historia: la becaria con pamela.
La becaria con pamela (en adelante, BCP) no es alta, ni delgada, ni discreta en el vestir (ni en el maquillaje). Ignoro sus cualidades tanto personales (no me interesan) como profesionales (tampoco me interesan porque trabaja en mi sección/departamento pero no conmigo), pero lo que sí puedo constatar es que tiene una cara dura inversamente proporcional a su sagacidad.
Por desgracia, no trajo al periódico el complemento que me sirve para darle nombre ("si no es verano", dijo mi amigo Al al conocer el dato, como si la estación del año normalizase que una persona acuda a trabajar en un periódico con un pamelón negro que para colmo no se quitó hasta un buen rato después de haber llegado y haber empezado a trabajar) hasta el día siguiente de esta historia, de lo contrario le habría espetado sin dudarlo un "¡si vienes a trabajar con pamela, por Dios!". En situaciones cómo estas es cuando más echo de menos el periódico en el que trabajaba antes (este es como Nueva York, no por cool, sino porque nadie te mira ni te habla), donde más de uno se habría encargado de que quemase la pamela allí mismo.
La conversación que paso a reproducir sin tomarme apenas licencias dramáticas tuvo lugar hace dos semanas, cuando la individua en cuestión llevaba aquí sólo una (recuerdo que los becarios modernos no trabajan los fines de semana) y reivindicaba su derecho a tener vacaciones navideñas. Por suerte para ella no fue conmigo con quien habló, sino con lo más parecido a un jefe que tenemos y que tiene que soportar, sin merecerlo, cosas como esta.
BCP: A ver, vamos a hablar de mis días de Navidad -no recuerdo si fueron esas sus palabras exactas, pero sí el tono: exigente-. Como este año el 24 cae el miércoles y el 31 en jueves, el único día que necesito para enganchar las fiestas con los fines de semana es el 26, así que no voy a venir.
Y aquí es donde yo me meto en su monólogo; la verdad es que no aguanté mucho:
Yo: En primer lugar, 24 y 31 caen en miércoles.
BCP: ¿Sí? ¿Este año caen así?
Yo (con hastío y perplejidad porque lo peor es que llevaba sus demandas apuntadas en un cuadernito pero, al parecer, no en un almanaque): Todos los años 24 y 31 caen el mismo día de la semana.
BCP (a cuadros): Vaya. Entonces voy a necesitar el 26 y el 2 de enero, porque soy de fuera -bendita excusa; yo también soy de fuera, y lo he sido muchas veces, y mucha gente que conozco, y muchas veces se nos han jodido fiestas y vacaciones y, aunque parezca increíble, no pasa nada.
Yo: Para descansar esos días, tendrás que venir fines de semana, mejor los domingos, que es cuando más ayuda necesitamos -el fútbol y esas cosas-, así que puedes venir este domingo (el 21 de diciembre) y el 4 de enero.
BCP: Uf, es que este domingo me viene muy mal trabajar.
Yo (a un paso de perder la paciencia): Es que no se puede tener todo, hija mía.
BCP (sin dejar de mirar su cuadernito y sin dar aún crédito al fracaso de su plan navideño): Pues no sé... Si para descansar esos días tengo que trabajar domingos, voy a tener que pensármelo.
Pasan un par de minutos y:
BCP: Bueno, seguimos. Como el 5 de enero es festivo...
Yo (cada vez más deprimida por la degeneración de la especie humana en general): No, no es festivo, el festivo es el 6; el 5 tienes que venir. Además, es necesario que vengas porque hay que hacer las galerías gráficas de las cabalgatas de Reyes.
Desolada, la BCP se sumerge en su cuadernito sin decir una palabra más, hasta unos minutos después, cuando comunica que descansará el 26 y trabajará el 2 y el domingo 4, o eso espero, porque hoy se ha plantado aquí con un maletón desproporcionado para alguien que tiene que trabajar el viernes...
P.D.: El primer día de la era de la pamela (la ha traído más veces) también se trajo un kiwi, que se comió, con su cucharita, sentada frente al ordenador. He visto comer muchas cosas en una redacción, pero nunca un kiwi...
martes, 30 de diciembre de 2008
domingo, 28 de diciembre de 2008
Jerseys

Liz Lemon (Tina Fey): La agencia de adopción evaluará mi hogar hoy.
Jack Donaghy (Alec Baldwin): Simplemente sé tú misma, Lemon.
L.L.: Seré mejor que yo misma. Mi apartamento está impecable. Practiqué todas mis respuestas. Incluso me deshice de todas mis películas de Colin Firth por si las consideran eróticas.
J.D.: A ese hombre le quedan realmente bien los jerseys.
('30 Rock' - S03E01 - 'Do over')
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sábado, 27 de diciembre de 2008
La becaria con pamela (I)
En un mundo ideal, los becarios serían estudiantes o recién licenciados ávidos de conocimiento y ansiosos por entrar en el mundo laboral que llegarían a redacciones (hablo siempre de periódicos porque es lo que mejor conozco) con personal suficiente para enseñarles y guiarles en sus primeros pasos laborales. En el mundo real, son un estorbo. Llegan normalmente en verano, a redacciones justitas de personal y, para desesperación de los titulares que los reciben cada verano, son año tras año más torpes, flojos y arrogantes, y cada vez tienen menos idea del mundo en general y del periodismo en particular. Para ellos, las prácticas son sólo un método de ganar dinero fácil para pasar un buen verano sin plantearse, ni remotamente, qué demonios van a hacer cuando terminen esa carrera en la que nadie sabe por qué se han metido.
Antes de proseguir, conviene hacer un inciso para aclarar la situación de los becarios en mi periódico, no sea que alguien piense que viven explotados desempeñando el trabajo de redactores de plantilla, algo que se hacía cuando yo empecé pero que hoy, con los individuos que nos mandan las facultades, sería impensable. Los becarios modernos trabajan cuatro horas al día, ni un minuto más; descansan todos los fines de semana y festivos; cobran 300 euros al mes (más del doble de lo que me pagaron por todo mi primer verano en el negocio y también más del doble de lo que ganaba con mi primer contrato) y, en vista de su ineptitud, rara vez hacen algo más que breves, reportajes de relleno, agendas y tareas de ese corte, porque cualquier cosa que les pidas que hagan (porque no tienen iniciativa para preguntar siquiera qué hacer) habrá que rehacerla después.
No voy a negarlo: no me gustan los becarios. No tengo paciencia ni vocación docente (por fortuna para esas manadas de niños analfabetos que llenan las aulas en estos tiempos y a los que inexplicablemente mi hermano, que sí tiene vocación docente, soporta sin haberle prendido fuego a ningún colegio) ni tampoco me gustan los niños, por eso no estudié para dedicarme a eso y no entiendo por qué tengo que perder el tiempo en enseñarle nada a alguien que no tiene el menor interés por aprender.
Naturalmente, hay excepciones, y hay becarios que se han convertido en buenos profesionales, pero en esa corta lista no está la protagonista de esta historia que sigue a este larguísimo prólogo y a la que llamaremos, por razones que explicaré más adelante, la becaria con pamela (tiene un nombre real, por supuesto, pero es mucho menos divertido).
(Continuará)
Antes de proseguir, conviene hacer un inciso para aclarar la situación de los becarios en mi periódico, no sea que alguien piense que viven explotados desempeñando el trabajo de redactores de plantilla, algo que se hacía cuando yo empecé pero que hoy, con los individuos que nos mandan las facultades, sería impensable. Los becarios modernos trabajan cuatro horas al día, ni un minuto más; descansan todos los fines de semana y festivos; cobran 300 euros al mes (más del doble de lo que me pagaron por todo mi primer verano en el negocio y también más del doble de lo que ganaba con mi primer contrato) y, en vista de su ineptitud, rara vez hacen algo más que breves, reportajes de relleno, agendas y tareas de ese corte, porque cualquier cosa que les pidas que hagan (porque no tienen iniciativa para preguntar siquiera qué hacer) habrá que rehacerla después.
No voy a negarlo: no me gustan los becarios. No tengo paciencia ni vocación docente (por fortuna para esas manadas de niños analfabetos que llenan las aulas en estos tiempos y a los que inexplicablemente mi hermano, que sí tiene vocación docente, soporta sin haberle prendido fuego a ningún colegio) ni tampoco me gustan los niños, por eso no estudié para dedicarme a eso y no entiendo por qué tengo que perder el tiempo en enseñarle nada a alguien que no tiene el menor interés por aprender.
Naturalmente, hay excepciones, y hay becarios que se han convertido en buenos profesionales, pero en esa corta lista no está la protagonista de esta historia que sigue a este larguísimo prólogo y a la que llamaremos, por razones que explicaré más adelante, la becaria con pamela (tiene un nombre real, por supuesto, pero es mucho menos divertido).
(Continuará)
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martes, 23 de diciembre de 2008
Grissom el vasco
En distintas versiones (algunas más largas, otras más cortas, con subtítulos, sin ellos, con mejor o peor audio o incluso con la imagen alargada), este vídeo lleva un par de días causando cierto revuelo y no poco cachondeo. Por alguna razón que desconozco (que viviera un par de años allí, hace tres décadas, y que su hija naciese allí no sirve para explicarlo), William Petersen, o lo que es lo mismo, Grissom, ha enviado un mensaje al pueblo vasco, en el que alterna el inglés y el euskera e incluso canta y que fue emitido hace unos días durante una recepción del lehendakari Ibarretxe:
No tiene subtítulos y la imagen está un poco alargada, pero es el más largo de los pocos que tienen un audio digno (escuchar a Grissom cantar en vasco bien lo merece). Paso a copiar la transcripción de lo que Petersen dice, por si hay alguien que no domine el inglés (todos entendemos perfectamente el euskera, ¿verdad?):
No tiene subtítulos y la imagen está un poco alargada, pero es el más largo de los pocos que tienen un audio digno (escuchar a Grissom cantar en vasco bien lo merece). Paso a copiar la transcripción de lo que Petersen dice, por si hay alguien que no domine el inglés (todos entendemos perfectamente el euskera, ¿verdad?):
(En vasco): "Good evening, Prime Minister, ladies and gentlemen. The Basque Country is very cold, but Basque people have a warm heart".Parece que no le ha sentado bien colgar los guantes de Grissom, por mucho que haya sido decisión suya dejar la serie. ¿Le mencionará Ibarretxe en su mensaje de fin de año?
(En inglés): "I just wanted to send a message and a greeting to all of you in the Basque Land. I had a wonderful time there, in 1974 and 1975. Studying, meeting the people, climbing the mountains, Arantzazu. My baby was born there: Maite Nerea. She was born in 1975, in Mondragon. I have a special place in my heart for the Basque Land. I hope to visit it again soon. I was there about eleven years ago and it did change.
When I was there in 1975, there was no Basque language allowed on signage or anything else. When I got there eleven years ago, everything was in Basque and it was such an amazing change. It felt like such as a hopeful thing for the people of Euskadi to have their language back. I was thrilled with the progress and thankful that it was peaceful there. I look forward to come back soon.
There was a song that I learned while I was there, that expresses the way I feel about the Basque Land.
Goiko mendian elurra dago
Errekaldian izotza
Zu ganik aske nago ta
Pozik daukat bihotza
Goiko mendian elurra dago
Errekaldian izotza"
(Traducción al inglés de la canción vasca Goiko mendian):
There is snow on the top of the mountain
Ice in the river,
I am free from you,
My heart is happy,
When summer starts, in the son,
When snow smelts,
You too, will feel
The harvest of remorse.
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lunes, 22 de diciembre de 2008
Apple, Jobs y el fin de una era
Pese a que el 50% de nosotros es fan de la compañía de la manzana (el otro 50, o sea, yo, es sólo simpatizante), no solemos hablar mucho de Apple por aquí (sobre todo porque soy yo la que escribe, no él), pero hoy, sin que sirva de precedente (o quizás sí, quién sabe), vamos a hacerlo, o más bien va a hacerlo él (sin que sirva tampoco de precedente, al menos no necesariamente), que la otra noche se despachó con un largo chat con una servidora sobre la decisión de Apple de dejar de asistir a la MacWorld de San Francisco y renunciar a las multitudinarias presentaciones que cada mes de enero protagonizaba en ellas el venerado Steve Jobs.
El 6 de enero de 2009 será su última participación en la cita de San Francisco, a la que, además, no acudirá Jobs, lo que ha vuelto a desatar (si es que se habían disipado después de que hace unos meses se publicase que había muerto) los rumores sobre un posible cambio de guardia en la compañía y, principalmente, sobre la salud de CEO de Apple, que hasta ahora sólo se había ausentado del evento californiano una vez: cuando se recuperaba de su cáncer de páncreas.
De todo esto habló el cotitular de este blog en un chat que sin más dilación procedo a insertar aquí:
Él: Hay un magnífico artículo en Wired que se llama 'Where is Steve Jobs?'
Yo: ¿Y qué dice?
Él: Habla sobre el presente, las razones para lo que está pasando, la salud de Jobs y del futuro sin él. No se comprende que no hagan más actos como las presentaciones de Macworld. No se puede comparar el impacto que producen con simplemente visitar una tienda, que es una de las excusas que dan para su retirada. 'Ya tenemos mucha difusión y no necesitamos esto. Nos acercamos a la gente de otras formas, por ejemplo las tiendas'. No lo veo claro. Se huele una de dos cosas, y las dos implican a Jobs: primera, que está cansado y se quiere jubilar (esta sería la menos mala de las noticias); segunda, que está de nuevo enfermo, puede que más que antes, y no tiene más remedio que irse. En cualquier caso, la empresa parece no tener listo un sustituto del mismo nivel, y puede que la despedida de las presentaciones multitudinarias sea una señal de ello. Joer, qué de letras :P
Yo: Jeje, o sea, que es todo cosa de Jobs, o más bien,
Él: Si no me doliese el cráneo igual escribía algo.
Yo: que todo tiene que ver con él. Vaya, lo siento, lo de tu cabeza.
Él: No pasa nada. Quiero decir que me duele cuando intento escribir.
Yo: En cualquier caso, creo que es un error de Apple haberse convertido en la empresa de Jobs, un excesivo personalismo, o como se quiera llamar, demasiada identificación de la empresa con la persona, y sin él no saben cómo seguir.
Él: Cierto. Culpa de la empresa. Es lo que ya llamaron al referirse a Jobs y su personalidad 'campo de distorsión de la realidad'.
Yo: Exacto. Y eso no es culpa de Jobs. Apple ha dejado que ocurra y lo ha fomentado.
Él: Y nosotros hemos tragado, que también es culpa de los fans, aunque cuando llegue el momento todos renegarán, lo sé.
Yo: Está claro.
Él: Y en el momento que se vaya, en otro nivel que cuando se vaya definitivamente Gates, será una lástima y una gran pérdida. No digamos cuando palme.
Yo: Sí. Pero esto será más grave, porque Bill Gates es 'el malo' y Steve Jobs 'el bueno'.
Él: Por eso digo lo de en otro nivel. En cualquier caso todo apunta al fin de una era. La era de los verdaderos geeks pioneros, los que cambiaron todo esto y lo acercaron a la gente. La edad es inexorable y se se le unen problemas de salud... Las cosas seguirán evolucionando, cambiando, mejorando, pero nada será igual al momento en que unos chavales se metieron en esos dichosos garajes americanos que no sé qué tienen dentro y cuando salieron cambiaron el mundo. Coño, que me he puesto triste y todo.
Yo: Lo siento.
Él: Es que soy tonto. Da igual. No quiero pensar en el día que Lucas o Spielberg se retiren.
Yo: Eso no voy a poder soportarlo. Voy a publicar este chat en Babel, como post. Me lo acabo de releer y está muy bien lo que escribes, así que lo voy a publicar.
Él: Ya que no escribo te vengas :P Como quieras. Pero si lo haces, quiero que pongas también estas líneas:
El 6 de enero de 2009 será su última participación en la cita de San Francisco, a la que, además, no acudirá Jobs, lo que ha vuelto a desatar (si es que se habían disipado después de que hace unos meses se publicase que había muerto) los rumores sobre un posible cambio de guardia en la compañía y, principalmente, sobre la salud de CEO de Apple, que hasta ahora sólo se había ausentado del evento californiano una vez: cuando se recuperaba de su cáncer de páncreas.De todo esto habló el cotitular de este blog en un chat que sin más dilación procedo a insertar aquí:
Él: Hay un magnífico artículo en Wired que se llama 'Where is Steve Jobs?'
Yo: ¿Y qué dice?
Él: Habla sobre el presente, las razones para lo que está pasando, la salud de Jobs y del futuro sin él. No se comprende que no hagan más actos como las presentaciones de Macworld. No se puede comparar el impacto que producen con simplemente visitar una tienda, que es una de las excusas que dan para su retirada. 'Ya tenemos mucha difusión y no necesitamos esto. Nos acercamos a la gente de otras formas, por ejemplo las tiendas'. No lo veo claro. Se huele una de dos cosas, y las dos implican a Jobs: primera, que está cansado y se quiere jubilar (esta sería la menos mala de las noticias); segunda, que está de nuevo enfermo, puede que más que antes, y no tiene más remedio que irse. En cualquier caso, la empresa parece no tener listo un sustituto del mismo nivel, y puede que la despedida de las presentaciones multitudinarias sea una señal de ello. Joer, qué de letras :P
Yo: Jeje, o sea, que es todo cosa de Jobs, o más bien,
Él: Si no me doliese el cráneo igual escribía algo.
Yo: que todo tiene que ver con él. Vaya, lo siento, lo de tu cabeza.
Él: No pasa nada. Quiero decir que me duele cuando intento escribir.
Yo: En cualquier caso, creo que es un error de Apple haberse convertido en la empresa de Jobs, un excesivo personalismo, o como se quiera llamar, demasiada identificación de la empresa con la persona, y sin él no saben cómo seguir.
Él: Cierto. Culpa de la empresa. Es lo que ya llamaron al referirse a Jobs y su personalidad 'campo de distorsión de la realidad'.Yo: Exacto. Y eso no es culpa de Jobs. Apple ha dejado que ocurra y lo ha fomentado.
Él: Y nosotros hemos tragado, que también es culpa de los fans, aunque cuando llegue el momento todos renegarán, lo sé.
Yo: Está claro.
Él: Y en el momento que se vaya, en otro nivel que cuando se vaya definitivamente Gates, será una lástima y una gran pérdida. No digamos cuando palme.
Yo: Sí. Pero esto será más grave, porque Bill Gates es 'el malo' y Steve Jobs 'el bueno'.
Él: Por eso digo lo de en otro nivel. En cualquier caso todo apunta al fin de una era. La era de los verdaderos geeks pioneros, los que cambiaron todo esto y lo acercaron a la gente. La edad es inexorable y se se le unen problemas de salud... Las cosas seguirán evolucionando, cambiando, mejorando, pero nada será igual al momento en que unos chavales se metieron en esos dichosos garajes americanos que no sé qué tienen dentro y cuando salieron cambiaron el mundo. Coño, que me he puesto triste y todo.
Yo: Lo siento.
Él: Es que soy tonto. Da igual. No quiero pensar en el día que Lucas o Spielberg se retiren.
Yo: Eso no voy a poder soportarlo. Voy a publicar este chat en Babel, como post. Me lo acabo de releer y está muy bien lo que escribes, así que lo voy a publicar.
Él: Ya que no escribo te vengas :P Como quieras. Pero si lo haces, quiero que pongas también estas líneas:
Yo: Voy a publicar este chat en Babel, como post. Me lo acabo de releer y está muy bien lo que escribes, así que lo voy a publicar.
Él: Ya que no escribo te vengas :P Como quieras. Pero si lo haces, quiero que pongas también estas líneas:
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martes, 16 de diciembre de 2008
¿La más famosa?
Seguro que si preguntase por ahí cuál es el mejor libro, la mejor película, el mejor disco o la mejor serie no nos pondríamos nunca de acuerdo, como tampoco lo haríamos si la cuestión no se refiriese a la calidad, sino a la popularidad o a la fama. No sé cuál es la serie más famosa de la televisión, pero sí tengo claro que no es Los hombres de Paco, por mucho que con infinita arrogancia se otorgue a sí misma ese título para promocionarse, al menos en esta imagen que dvdgo está enviando a sus clientes:
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domingo, 14 de diciembre de 2008
Domingo por la mañana
Si ayer vimos lo peligroso que puede ser sentarse ante la tele recién levantado, hoy hemos aprendido que no es buena idea ponerse a montar muebles de Ikea si además piensas hacer la comida, poner dos lavadoras y una secadora y encima tienes que trabajar por la tarde, ni aunque el mueble en cuestión sea tan pequeñito y de aparentemente fácil y rápido montaje como el de la foto (aunque el mío no es negro, sino rojo). Creo que voy a necesitar una excedencia para montar los otros cuatro que he comprado...
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sábado, 13 de diciembre de 2008
Sábado por la mañana
Normalmente soy de mal dormir y, como es lógico, también de mal despertar. Por la mañana, cuando suena el despertador, apenas consigo arrastrarme hasta la cocina (que está en una planta distinta a la del dormitorio, así que la escalera multiplica el riesgo) para ponerme un café (que tengo que dejar hecho la noche anterior, porque poner la cafetera en esas condiciones sería una debacle). Ya con el café en la mano (y algún cortadillo o algo dulzón para acompañar) llego como puedo al sofá y pongo la tele, con la esperanza de que el ruido (no sería la primera vez que dormito en el silencio matutino del salón) y la cafeína se alíen y consigan despertarme. Como mis neuronas van saliendo de su letargo una a una, despacito, me pongo un informativo, que es lo más inocuo que hay por la mañana.
Pero hoy es sábado, lo que significa que hasta los canales de información tienen horarios extraños, y esta mañana, cuando me he sentado ante la tele con mi café, en el 24 horas de TVE ponían Redes (y ya he dicho antes que recién levantada no estoy para nada, mucho menos para ver un programa que no entiendo ni cuando tengo todas las neuronas de servicio) y en CNN+ un debate sobre la crisis del Real Madrid con el pelmazo de José María Calleja, el no menos pelmazo de Manu Carreño y un tercer individuo que no conocía y al que no tenía ganas de conocer.
Así las cosas, comencé a deambular por el resto de canales, hasta que me encontré a Kelsey Grammer en Antena 3. Y ahí me quedé durante un buen rato, hasta que descubrí que aquello era una tv-movie navideña en la que Frasier interpreta nada menos que al hijo de Santa Claus (Charles Durning), que está a punto de heredar el negocio familiar. ¿Debí haber apagado la tele en ese momento? Probablemente. Pero estaba esperando a que mi marido se levantase (los sábados por la mañana toca limpieza de la casa, y es un trabajo en equipo) y no tenía mucho más que hacer (nada que tuviese ganas de hacer, claro), así que seguí viéndola, hasta que llegó un punto en el que quise saber cómo acababa (bueno, no saber, porque ya sabía cómo acababa; quería ver cómo se consumaba su historia de amor con Ana Ortiz, la hermana de Betty, aunque teniendo en cuenta que era un telefilme matutino navideño me temía que la cosa iba a ser muy comedida, como así fue).
Entre pitos y flautas perdí algo más de una hora de mi vida viendo (con sus interminables pausas de anuncios de juguetes incluidas) algo llamado Mr. St. Nick que ni siquiera tiene título en español (pero al parecer sí que la han distribuido) y de la que sólo he encontrado esta foto, que es su discutible cartel. La tontería me ha servido para documentarme un poco sobre la desastrosa vida personal de este pobre hombre, que en su infancia/juventud vivió el asesinato primero de su padre y luego de su hermana; unos años después, un tiburón se cargó a su hermanastro. La Wikipedia dice que empezó a beber a los nueve años (lo creo algo exagerado) y, entre unas cosas y otras, los problemas con el alcohol y/o las drogas y/o alguna acusación de violación lo han acompañado todo este tiempo, hasta que hace unos meses sufrió un infarto que casi lo deja en el sitio y que, según él, frustró la continuación de la serie que suponía su regreso a la tele tras dos décadas interpretando al psiquiatra Frasier Crane: Back to you. No sé si esto es cierto, como tampoco sé si realmente empezó a beber a los nueve años, pero lo que tengo claro es que la próxima vez dejo Redes.
Pero hoy es sábado, lo que significa que hasta los canales de información tienen horarios extraños, y esta mañana, cuando me he sentado ante la tele con mi café, en el 24 horas de TVE ponían Redes (y ya he dicho antes que recién levantada no estoy para nada, mucho menos para ver un programa que no entiendo ni cuando tengo todas las neuronas de servicio) y en CNN+ un debate sobre la crisis del Real Madrid con el pelmazo de José María Calleja, el no menos pelmazo de Manu Carreño y un tercer individuo que no conocía y al que no tenía ganas de conocer.
Así las cosas, comencé a deambular por el resto de canales, hasta que me encontré a Kelsey Grammer en Antena 3. Y ahí me quedé durante un buen rato, hasta que descubrí que aquello era una tv-movie navideña en la que Frasier interpreta nada menos que al hijo de Santa Claus (Charles Durning), que está a punto de heredar el negocio familiar. ¿Debí haber apagado la tele en ese momento? Probablemente. Pero estaba esperando a que mi marido se levantase (los sábados por la mañana toca limpieza de la casa, y es un trabajo en equipo) y no tenía mucho más que hacer (nada que tuviese ganas de hacer, claro), así que seguí viéndola, hasta que llegó un punto en el que quise saber cómo acababa (bueno, no saber, porque ya sabía cómo acababa; quería ver cómo se consumaba su historia de amor con Ana Ortiz, la hermana de Betty, aunque teniendo en cuenta que era un telefilme matutino navideño me temía que la cosa iba a ser muy comedida, como así fue).
Entre pitos y flautas perdí algo más de una hora de mi vida viendo (con sus interminables pausas de anuncios de juguetes incluidas) algo llamado Mr. St. Nick que ni siquiera tiene título en español (pero al parecer sí que la han distribuido) y de la que sólo he encontrado esta foto, que es su discutible cartel. La tontería me ha servido para documentarme un poco sobre la desastrosa vida personal de este pobre hombre, que en su infancia/juventud vivió el asesinato primero de su padre y luego de su hermana; unos años después, un tiburón se cargó a su hermanastro. La Wikipedia dice que empezó a beber a los nueve años (lo creo algo exagerado) y, entre unas cosas y otras, los problemas con el alcohol y/o las drogas y/o alguna acusación de violación lo han acompañado todo este tiempo, hasta que hace unos meses sufrió un infarto que casi lo deja en el sitio y que, según él, frustró la continuación de la serie que suponía su regreso a la tele tras dos décadas interpretando al psiquiatra Frasier Crane: Back to you. No sé si esto es cierto, como tampoco sé si realmente empezó a beber a los nueve años, pero lo que tengo claro es que la próxima vez dejo Redes.
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miércoles, 10 de diciembre de 2008
Anónimos
Esta tarde me quejaba amargamente con Petit et Perdu de la modesta cifra de visitas y comentarios (acorde con su envergadura) de este humilde blog y de cómo su absoluta falta de trascendencia está aplazando sine die mis planes en pos de mi secreta ambición: convertirme en la dueña de internet. Cuando la desolación me atenazó tanto que comencé a buscar la manera más dolorosa y cruel (en definitiva, la más apropiada) para poner fin a mi miserable y vacua existencia, un comentario de un lector que había tenido a bien compartir conmigo sus reflexiones sobre el texto que le dediqué a Jean-Claude Trichet me proporcionó al fin la respuesta a todas esas preguntas que me asedian desde que apenas levantaba un palmo del suelo (en realidad yo nunca he sido tan pequeña; ya nací grande), y supe que jamás aprehenderé los secretos del universo, ni el sentido de la vida, ni someteré voluntades, ni reinaré sobre la red de redes. Nunca haré ninguna de esas cosas porque soy una "ignorante económica". Pro deum hominumque, cuánta sabiduría destilan sus palabras:
¿Te pica la hipoteca? Pues te jodes, no haber comprado a esos precios, cuando todo el mundo decía que el euríbor subiría. Y Trichet ha bajado por la presión de los demás, pero lo que tendría que haber hecho era mantener los tipos (aparte de mantener el tipo frente a ignorantes económicos como tú).¿No es hermoso? Sólo se equivoca nuestro anónimo lector (no sólo no ha firmado, sino que nos ha dejado a su vez un anónimo -"carta o papel sin firma en que, por lo común, se dice algo ofensivo o desagradable"-, dice la RAE en la cuarta acepción del término) en una cosa: que compré mi casa hace ya muchos años, antes de que la burbuja inmobiliaria hubiese sido siquiera bautizada como tal, por lo que me salió bastante baratita, tanto que le daría un síncope si se la enseñase y le dijera cuánto me costó (o no, porque no creo que la suya sea la rabia solidaria del hipotecado, sino la amarga de quien envidia poder sufrir también con los vaivenes del Euríbor). La pena es que a mi casa no vienen individuos que prefieren emponzoñar a tomarse la molestia de inventar un seudónimo, y mucho menos si son amigos de Trichet.
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martes, 9 de diciembre de 2008
La camisa y el lago
Por alguna extraña razón que desconozco (tal vez hayan sido los duendes de la informática o algún virus salido directamente del sótano en el que trabajan los protagonistas de The IT Crowd), mi ordenador se pasó ayer toda la tarde poniendo sin cesar vídeos de YouTube en los que invariablemente salía Colin Firth y que, además de contener secuencias de Orgullo y prejuicio, Bridget Jones o Love actually, entre otras, llevaban en sus títulos o etiquetas palabras como sexy, hot, awesome o gorgeous, esta a veces precedida por damn y seguida de signos de exclamación (cuando se cansó de poner vídeos, el ordenador saltó a Flickr y se puso a buscar fotos como la de arriba).La tontería, aparte de amenizarme la tarde (y alegrarme la vista, algo que no queda demasiado bien si tienes a tu marido al lado...), sirvió para despejar una duda que me acechaba desde hacía un par de días (y que siempre me sobrevenía cuando estaba lejos de un ordenador en el que poder comprobarlo): que el que encarna a uno de los amigos de Bridget Jones en la ficción no es otro que el doctor Baltar (James Callis) de Battlestar Galactica, un tipo que antes de contribuir a la casi extinción del ser humano y convertirse en una especie de profeta fue un tipo gay que vivía de las rentas de una sola canción que arrasó una década atrás.
Además de aclarar la incógnita, en mi extenso y totalmente involuntario recorrido por los vídeos del señor Firth me he topado con una curiosa secuencia eliminada de la segunda (y mucho peor que la primera) parte de El diario de Bridget Jones.Por si hay alguien que no lo sabe, Helen Fielding, la autora del libro, compuso a su Mark Darcy directamente inspirada por el señor Darcy de Orgullo y prejuicio, más concretamente por la interpretación que Colin Firth hizo de él en la versión televisiva de la novela de Jane Austen (curiosamente al director le costó mucho convencerlo, porque Firth no se sentía capaz de ser un tipo que la mayor parte del tiempo no hace nada, se limita a estar ahí y mirar con desprecio a quienes le rodean; como se puede comprobar en la serie y en muchos de sus trabajos posteriores, Firth borda a tipos que no hacen nada). Como muchas otras compatriotas, Fielding despejaba su agenda cada vez que reponían la serie en televisión (algunas incluso besuquean la pantalla), a pesar de que se compró la edición en vídeo, una cinta que sufría mucho por culpa del excesivo uso, sobre todo en determinada escena en la que el señor Darcy/Firth se zambullía en un lago y justo después se paseaba un rato con una camisa blanca nada tupida (se ve que esta foto se la tomaron cuando ya se había secado un poco; lástima).
Bridget Jones heredó de ella su pasión por las obras de Jane Austen, y cada vez que tiene ocasión se solaza con las habilidades acuáticas del señor Darcy (algo que no se menciona en las adaptaciones de las novelas a la pantalla) y sueña con conocer algún día a Colin Firth, algo que consigue en la segunda entrega literaria, en la que tiene que entrevistarlo con la excusa de la promoción de Fiebre en las gradas (otra adaptación, esta de la novela de Nick Hornby), aunque eso no le importa mucho a ella, que centra exclusivamente su conversación con él en su Darcy, si hacía frío en el lago, si tuvo que cambiarse de camisa, cuánto rato se pasó con la camisa semitransparente puesta...
Teniendo en cuenta que Firth fue el encargado de encarnar en la pantalla a Mark Darcy (lo que, por muy apropiado que sea, no deja de ser un poco raro), supuse que la escena de la entrevista no se rodaría, y por eso no me extrañó no verla en Bridget Jones: sobreviviré, pero sí que la rodaron, sólo que la dejaron para el material extra del DVD. Dejando a un lado que no es Fiebre en las gradas la película que él intenta promocionar, el resto de los diálogos se ajustan bastante a lo que Fielding escribió en su libro.
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jueves, 4 de diciembre de 2008
Una breve lección de economía
O por qué Jean-Claude Trichet es un mierda
El tipo de la foto es el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet (en el hipotético e improbable caso de que tuviera amigos le llamarían JC, pero como aquí no queremos, ni de lejos, ser amigos suyos, vamos a limitarnos a llamarle Trichet). Este individuo es el que decide, junto a sus compis, cuánto vale el dinero que los bancos nos prestan a los ciudadanos, y ese valor influye decisivamente en el Euríbor, que es, como sabe todo el mundo que tiene hipoteca, la base para calcular cuántos intereses tenemos que pagar al banco que tan generosamente nos ha dejado dinero para poder comprarnos un piso (casa, en mi caso).
El caso es que este tipo durante muchos meses (años, en realidad) se ha negado a bajar los tipos de interés, con el argumento de que si rebajaba el precio del dinero la gente se lanzaría como loca a una desenfrenada espiral consumista que desembocaría en un alza de precios y en un aumento disparatado de la tan temida inflación.
A lo largo de gran parte de este año ha hecho caso omiso de las voces de expertos que le advertían que si no bajaba los tipos el creciente endeudamiento de los ciudadanos llevaría a una caída en picado del consumo que amenazaría la estabilidad económica. Él siempre respondía, mirándolos a todos por encima del hombro (a pesar de su baja estatura), con esa superioridad moral que se arrogan todos los franceses por el mero hecho de haber nacido en Francia, que sabía lo que se hacía y que los tipos no bajarían.
Pero llegó octubre, la crisis ya era crisis, con todas sus letras (y no eufemismos como desaceleración), y cuando el fantasma de la recesión llamó a su puerta (también lo hicieron los jefes del resto de bancos centrales del mundo, pero a esos nunca les había hecho caso y no había motivo para comenzar a hacerlo) Jean-Claude claudicó y bajó los tipos. Los hipotecados de todo el mundo respiraron, aliviados, pero el Euríbor (otro que tal baila) no se dio por aludido. Trichet esperó y esperó, pero el Euríbor no respondía, así que, un mes después, volvió a bajarlos.
Para entonces a Jean-Claude ya no le importaba la inflación. Los precios comenzaban a bajar (dicen algunos que por el considerable descenso del precio del petróleo, aunque aquellos cuyas nóminas suben en enero en función de la subida de los precios sabemos que no es más que una maniobra para que las empresas se ahorren unos eurillos), pero no por sus hábiles maniobras, sino simplemente porque la gente, ahogada por el paro y las hipotecas, gastaba mucho menos.

Tal vez inspirado por los logros diplomáticos de su compatriota Sarkozy (que lo mismo consigue la liberación de un secuestrado en cualquier remoto país que una silla para que Zapatero dejase de lloriquear y pudiese ir a una cumbre que, como se temia, no sirvió para nada), Trichet pensó que, si logró vencer a la inflación, podría también llevar de nuevo a los ciudadanos en masa a las tiendas. Y así, un mes después de la última bajada de tipos de interés, pensó en bajarlos aún más, pero no sólo un poquito, sino una bajada histórica que haría que el mundo entero admirase su audacia. Hoy mismo el BCE ha anunciado esa rebaja, que finalmente ha sido del 0,75% (la mayor desde el nacimiento del euro) y ha dejado los tipos en el 2,5%. En dos meses el precio del dinero ha bajado casi un dos por ciento, sin duda una buena noticia, aunque lo que Jean-Claude no ha tenido en cuenta es que esa rebaja sólo afecta a quienes revisen el interés de sus créditos e hipotecas a partir de ahora. En nuestro caso, esa revisión se produce en septiembre, y este año ha tenido lugar justo antes de que nuestro no-amigo gabacho iniciase su desenfrenada carrera de saldos, por lo que durante todo un año vamos a tener que pagar mucho más de lo que deberíamos, gracias a que este individuo no hizo caso a quienes le pedían que bajase los tipos de interés y sólo lo hizo cuando le salió de sus gabachas narices. Y por eso es un mierda.
El tipo de la foto es el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet (en el hipotético e improbable caso de que tuviera amigos le llamarían JC, pero como aquí no queremos, ni de lejos, ser amigos suyos, vamos a limitarnos a llamarle Trichet). Este individuo es el que decide, junto a sus compis, cuánto vale el dinero que los bancos nos prestan a los ciudadanos, y ese valor influye decisivamente en el Euríbor, que es, como sabe todo el mundo que tiene hipoteca, la base para calcular cuántos intereses tenemos que pagar al banco que tan generosamente nos ha dejado dinero para poder comprarnos un piso (casa, en mi caso).El caso es que este tipo durante muchos meses (años, en realidad) se ha negado a bajar los tipos de interés, con el argumento de que si rebajaba el precio del dinero la gente se lanzaría como loca a una desenfrenada espiral consumista que desembocaría en un alza de precios y en un aumento disparatado de la tan temida inflación.
A lo largo de gran parte de este año ha hecho caso omiso de las voces de expertos que le advertían que si no bajaba los tipos el creciente endeudamiento de los ciudadanos llevaría a una caída en picado del consumo que amenazaría la estabilidad económica. Él siempre respondía, mirándolos a todos por encima del hombro (a pesar de su baja estatura), con esa superioridad moral que se arrogan todos los franceses por el mero hecho de haber nacido en Francia, que sabía lo que se hacía y que los tipos no bajarían.Pero llegó octubre, la crisis ya era crisis, con todas sus letras (y no eufemismos como desaceleración), y cuando el fantasma de la recesión llamó a su puerta (también lo hicieron los jefes del resto de bancos centrales del mundo, pero a esos nunca les había hecho caso y no había motivo para comenzar a hacerlo) Jean-Claude claudicó y bajó los tipos. Los hipotecados de todo el mundo respiraron, aliviados, pero el Euríbor (otro que tal baila) no se dio por aludido. Trichet esperó y esperó, pero el Euríbor no respondía, así que, un mes después, volvió a bajarlos.
Para entonces a Jean-Claude ya no le importaba la inflación. Los precios comenzaban a bajar (dicen algunos que por el considerable descenso del precio del petróleo, aunque aquellos cuyas nóminas suben en enero en función de la subida de los precios sabemos que no es más que una maniobra para que las empresas se ahorren unos eurillos), pero no por sus hábiles maniobras, sino simplemente porque la gente, ahogada por el paro y las hipotecas, gastaba mucho menos.

Tal vez inspirado por los logros diplomáticos de su compatriota Sarkozy (que lo mismo consigue la liberación de un secuestrado en cualquier remoto país que una silla para que Zapatero dejase de lloriquear y pudiese ir a una cumbre que, como se temia, no sirvió para nada), Trichet pensó que, si logró vencer a la inflación, podría también llevar de nuevo a los ciudadanos en masa a las tiendas. Y así, un mes después de la última bajada de tipos de interés, pensó en bajarlos aún más, pero no sólo un poquito, sino una bajada histórica que haría que el mundo entero admirase su audacia. Hoy mismo el BCE ha anunciado esa rebaja, que finalmente ha sido del 0,75% (la mayor desde el nacimiento del euro) y ha dejado los tipos en el 2,5%. En dos meses el precio del dinero ha bajado casi un dos por ciento, sin duda una buena noticia, aunque lo que Jean-Claude no ha tenido en cuenta es que esa rebaja sólo afecta a quienes revisen el interés de sus créditos e hipotecas a partir de ahora. En nuestro caso, esa revisión se produce en septiembre, y este año ha tenido lugar justo antes de que nuestro no-amigo gabacho iniciase su desenfrenada carrera de saldos, por lo que durante todo un año vamos a tener que pagar mucho más de lo que deberíamos, gracias a que este individuo no hizo caso a quienes le pedían que bajase los tipos de interés y sólo lo hizo cuando le salió de sus gabachas narices. Y por eso es un mierda.
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