miércoles, 21 de octubre de 2009

Nada que decir

Time remaining











Al principio te escudas en el trabajo y la consiguiente falta de tiempo libre, que te ha obligado a decidir cada noche si quieres leer o ver series porque ambas actividades y la intención de levantarte cada mañana más o menos pronto no son compatibles. Entre el trabajo y las tareas cotidianas (domésticas o no), los días laborales son un infierno por el que te arrastras hasta llegar a los días de descanso, en los que haces cualquier cosa menos descansar, pero el tiempo es tan escaso... Y mientras tanto no atiendes a tu familia como deberías, y mucho menos a tus amigos, y encima los libros de la UNED te miran suplicantes desde la estantería del salón, rogando para que este año les hagas un poco más de caso y no te limites a presentarte a exámenes que apruebas (con nota), presencialmente y hasta por teléfono.

Pero el tiempo no es el único factor. Honestamente, tampoco tienes ganas de sentarte a escribir, de pensar en algún tema, elaborar un artículo al respecto, buscar fotos, enlaces, un título y hacerlo todo de un modo que resulte atractivo para quien pase por aquí.

Y luego está el hecho de que no se te ocurre nada sobre lo que escribir.

Cuando hablaste de la norma que va a obligar a los blogueros a indicar si lo que escriben está o no patrocinado pensaste en hacer algo sobre el código de conducta en redes sociales que algunos medios y agencias (Washington Post, Wall Street Journal, New York Times, Associated Press...) han decidido imponer a sus redactores, a los que consideran una mera extensión de la marca para la que trabajan y una voz suya en cualquier red en la que participen, así que deben "renunciar a algunos de los privilegios personales de los que gozan los ciudadanos privados" y evitar relacionarse con sus fuentes, manifestar su filiación ideológica, religiosa o deportiva, no desvelar noticias ni comentar nada que afecte a su empresa y hablar y escribir siempre como si estuvieran en la redacción, con un tono y lenguaje apropiados. Piensas en decir algo al respecto, pero no quieres volver a cabrearte ni que te salga otro post combativo, aunque crees que la medida es bastante reaccionaria y que elimina la frontera entre lo profesional y lo personal porque entiende que los redactores pertenecen a un medio determinado, algo que podría aceptarse en el caso de los ejecutivos, jefes o cargos de confianza (e incluso en los que tengan contemplado en sus nóminas un plus de disponibilidad), pero que en el caso de los redactores de base es una barbaridad.

Pero no escribes nada. Dejas pasar los días hasta que la noticia ya se ha vuelto antigua y te olvidas del tema.

agora Rachel Weisz









Vas a ver Ágora, y piensas que que podrías escribir algo sobre ella. Pero no te apetece, porque no te ha gustado, ni disgustado, ni nada. Te ha dejado igual, y crees que eso es lo peor que se puede decir de una película, que no te ha hecho sentir nada, peor incluso que decir que te has aburrido. Te han gustado todas las películas anteriores de Amenábar, pero esta te ha dejado fría, porque es gélida. No la historia, que es interesante, sino la forma en que está contada. Se te ocurre que el problema está tal vez en que ha querido abordar demasiadas cosas (ciencia, fanatismo religioso, machismo, esclavitud, ambición...), pero sin centrarse demasiado en ninguna. Viste a Hipatia y su supuesto amor por la ciencia mostrado en apenas un par de secuencias que debían haber sido vibrantes, pero no lo eran. Viste a cristianos, judíos y paganos peleando y matándose, y te dio igual, y hasta tuviste que reprimir una sonrisa cuando un grupo embosca a otro y lo apedrea, porque te acordaste de la secuencia de la lapidación en La vida de Brian (sabes que eso es culpa tuya, que no tienes la cabeza bien, así que no responsabilizas de ello a Amenábar).

Y al final no escribes nada, porque tienes muy poco tiempo libre para perderlo diciendo que una película te ha dejado igual.

Fringe










Entonces, se te ocurre decir qué te están pareciendo las tropecientas series que estás viendo. No tienes la disciplina de hacerlo semanalmente, como hace Kalimero, ni las ganas de escribir un comentario sobre cada una de las series, por mucho que te preguntes por qué sigues viendo CSI y Anatomía de Grey (instaladas en una sosez puede que irreversible); que te aburras, a tu pesar, con Dollhouse (tanto que piensas si no sería mejor que la cancelasen ya); que te sigas riendo con The Big Bang Theory y How I met your mother (sobre todo con la primera, gracias a momentazos como el experimento pavloviano de Sheldon con Penny o el Eye of the tiger); que sigas pasándolo bien con Bones y Castle; que te haya encantado el arranque de House (sobre todo el primer doble episodio, que debería recibir ya un par de premios), que puede que dé respuesta a si House es un gran médico por su dolor, su adicción a la Vicodina y porque es un miserable o si es un genio y punto; que estés disfrutando muchísimo cada episodio de Fringe y que te esté gustando Flash Forward, a pesar de que casi todo el mundo la esté poniendo a parir (temes que de nuevo se deba al síndrome lostiano o lostitis) y de que insistan en repetir una y otra vez las visiones (nos acordamos, de verdad; seguid adelante), aunque esperas que dejen de hacerlo.

Pero al final tampoco escribes de eso, y dejas pasar diez días sin poner nada nuevo en el blog, quizá porque, en realidad, no tienes nada que decir.

domingo, 11 de octubre de 2009

Perlas de la semana

Esta semana he andado un poco liada, así que se me han acumulado unas cuantas:
La película es mala, pero el chaval tiene creatividad".

Respuesta de mi perlista favorito a esta despiadada crítica a Ágora, que termina con lo que podría ser otra perla de la semana:
Costeada (aunque con regusto a plástico y Google Earth) pero superficial y tan fría como Rachel Weisz, 'Ágora' es la obra de un artesano que se cree autor y se empeña en sacar agua del pozo seco de su creatividad".

Esta semana se han puesto a la venta las entradas para el concierto de U2 el año que viene en Sevilla, lo que ha propiciado las dos siguientes perlas, ambas escuchadas en mi entorno laboral:
Eso no es música, es espectáculo".

Así terminaba una larga y airada disertación en la que un tipo explicaba por qué no va a ir al concierto. ¿Tan difícil es decir "no me apetece", "no me gusta" o "no quiero"?
Si me toca el marronazo de tener que ir, iré".

Experto musical al ser interpelado sobre si acudirá o no al concierto, para el que no ha comprado entradas porque sabe que irá gratis, eso sí, protestando muchísimo antes, después y durante el citado evento.
Yo hablo alto".

Réplica habitual de quienes vociferan cuando alguien le pide que deje de hacerlo y justificación de los vociferantes para seguir dando gritos como energúmenos (y que un energúmeno está gritando justo ahora).

Pero la mejor frase de la semana no tiene que ver con periódicos ni periodistas, y es tan acertada que podría elevarse de inmediato a la categoría de dogma, sobre todo porque su autor es el gran Leonard Nimoy:

William Bell(Ya sé que hay unos señores que escriben lo que dice en Fringe, pero yo prefiero pensar que se le ha ocurrido a él, sobre todo porque estoy totalmente de acuerdo: la Física es una perra).

sábado, 10 de octubre de 2009

'Presidential crossover'

The West Wing WallpaperAaron Sorkin no quería que su presidente Bartlet tuviese un segundo mandato. Su plan era que perdiese la reelección y que el gobernador Robert Ritchie (James Brolin) tomase las riendas del país. Pero la NBC no quería que la serie acabase tan pronto, así que decidió que Bartlet ganase (gracias en buena parte a aquel glorioso y emocionante debate en el que le dio un baño a su rival) para seguir gobernando su ficticia Casa Blanca cuatro años más. Sorkin dejó entonces The West Wing, y la serie siguió sin él. Con el paso de los años, conforme la segunda y última etapa de Bartlet en la Presidencia se acercaba inexorablemente a su fin, llegó el momento de buscar un sustituto, y los entonces guionistas de la serie se fijaron en un joven y prometedor senador de Illinois para tomarle como modelo con el que crear a su Matt Santos (Jimmy Smits).

Este es uno de esos casos en los que la realidad imita a la ficción, porque unos años después aquel prometedor senador, Barack Obama, se postuló como candidato a ocupar la Casa Blanca. Durante casi un año le vimos pelear contra sus oponentes en el Partido Demócrata, especialmente con la aguerrida Hillary Clinton, hasta que finalmente su formación le designó oficialmente como candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos (un proceso largo, a ratos tedioso y a ratos emocionante, que conocimos, como tantas otras cosas, gracias a The West Wing). En medio de esa agotadora carrera, el ahora presidente encontró a su Toby, un Jon Favreau capaz de emular los arrebatos más inspirados de los mejores Toby Ziegler y Sam Seaborn.

Por suerte para Obama, en el tramo final de la lucha por la Casa Blanca tuvo que vérselas con John McCain y su indefinible compañera Sarah Palin. Aunque la lectura del artículo que David Foster Wallace le dedicó al candidato republicano muestra que McCain no es exactamente como nos lo han contado, lo cierto es que el ficticio Arnie Vinick (Alan Alda) habría sido un rival mucho más difícil de batir (de hecho, si a mí me dan a elegir entre Santos y Vinick, me quedo con el segundo, sobre todo antes de que su partido le obligase a republicanizarse).

The West Wing Jed & AbbeyPero este es también uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción. Jed Bartlet llegó a la Casa Blanca con un Nobel de Economía bajo el brazo (sus críticos siempre le acusaban de ser un esnob, de creerse superior, más inteligente que los demás; no es que lo creyese, simplemente lo era, y no entendía por qué tenía que ocultarlo y hacer creer a los ciudadanos que era idiota) y Barack Obama ha logrado el Nobel de la Paz antes de cumplir nueve meses en el cargo.

The West WingAunque han sido muchas las voces que se han alzado contra la decisión de la Comisión del Premio Nobel, la única pega que yo le pongo es que tal vez es demasiado pronto. Puede que, como dijo el mismo Obama, no sea un reconocimiento a sus logros, sino una llamada de atención, una advertencia para que no se descarríe y no decepcione a los que han puesto tantas esperanzas en él (también hay quien dice que es un castigo a su predecesor, al que no le importaba demasiado que los demás pensasen que era idiota). Lo que está claro es que Barack Obama no se conforma con hacer realidad lo que otros crearon en la ficción. Para Obama no es suficiente parecerse a Matt Santos. Quiere ser Jed Barlet. Ojalá lo consiga.

PD: Buscando cosas sobre la serie me he topado con este encuentro (ficticio, claro) Obama-Bartlet escrito por Sorkin para The New York Times antes de las elecciones del pasado noviembre. Aunque no tiene desperdicio, una de las mejores partes es cuando Obama le pide consejo para lograr el apoyo de esas mujeres blancas que las encuestas dicen que está perdiendo (Bartlet responde: "Llevo 40 años casado con una mujer blanca y sigo sin saber qué quiere de mí") y cómo conseguir el apoyo del pueblo americano: "Yo no tenía que ser el presidente de América, sólo de la gente que veía The West Wing; no te mentiré: ser ficticio fue una gran ventaja".

miércoles, 7 de octubre de 2009

Blogueros patrocinados

Los blogueros estadounidenses deberán indicar claramente en sus artículos si han percibido algo por hablar de un determinado producto o servicio en sus blogs. La normativa, que entrará en vigor a partir de diciembre, pretende proteger a los lectores, que pueden dejarse llevar ciegamente por los consejos de su autor de confianza sin saber si ha recibido algún beneficio por hablar bien de lo que sea.

Esto, en principio, me parece bien, porque prefiero saber si quienes escriben lo hacen con honestidad o impulsados por alguna gratificación, y personalmente me agrada que se considere a los blogs un medio de comunicación más. Lo curioso es cómo se ha dado en algunos medios la noticia. Los que he consultado parten del mismo teletipo de la Agencia Efe, como El País o 233 grados, que enlaza además con una noticia del Wall Street Journal. Pero en casi todos se ha eliminado un párrafo de la pieza de Efe, que sí aparece en la noticia publicada por El Mundo.
A diferencia de los periodistas, que suelen tener prohibido aceptar regalos de empresas y deben devolver los productos sobre los que escriben críticas, ninguna regulación controla esta práctica entre los creadores de blogs".

No sé si efectivamente la Agencia Efe o El Mundo tienen normas al respecto, ni tampoco si las tienen otros medios, pero sí sé que los que yo conozco no las tienen. Los periodistas no devuelven los productos sobre los que escriben críticas. Editoriales y discográficas, por ejemplo, envían decenas (cientos, según los casos) de libros y discos a las redacciones, cada medio tiene a su disposición unas cuantas entradas para cualquier espectáculo que se celebre en la ciudad (vayan o no a informar de ello quienes las aprovechan, porque yo conozco a muchos que nada tienen que ver con las secciones de Cultura que en su vida han pagado por ir al teatro o a un concierto) y cada año, cuando se acerca la Navidad, por las redacciones comienzan a aparecer cestas y cajas de vino con las que las empresas obsequian principalmente a los jefes y a los redactores de la sección de Economía.

¿Quiere eso decir que las críticas culturales o las informaciones económicas están siempre condicionadas por los regalos? No necesariamente. Lo que sí quiero decir es que los productos enviados para su análisis no se devuelven y que sí que se aceptan regalos de empresas.

Además de todo eso, está el hecho de que es poco probable encontrar en un periódico, radio o televisión una mala crítica a un libro, disco, película o programa de televisión producido por una firma que forme parte de su misma empresa o grupo de comunicación, aunque imagino que ese es uno de los muchos supuestos en los que la ética periodística se queda guardada en un cajón.

lunes, 5 de octubre de 2009

Catetos olímpicos

Olimpics - Open Ceremony on TVEntiendo que haya gente a la que los Juegos Olímpicos le den igual, como deporte, como espectáculo o como evento mundial y a la que, por lo tanto, le importe bastante poco si una ciudad de su país compite por ellos y aún menos si se los conceden o no, al igual que puedo entender a los que crean que todo ese circo conlleva un despilfarro innecesario.

Pero lo que no entiendo es que haya gente (mucha, o al menos muy ruidosa) que se alegre sin reservas de que no se los den a la capital de tu país por motivos tan peregrinos como que está gobernada por el Partido Popular, que representa el "centralismo autoritario" que asfixia al resto de las regiones o que se "interpuso en el camino" de otras ciudades hacia el sueño olímpico. Tampoco entiendo que hubiese quien celebrase la eliminación en la primera ronda de votaciones de Chicago no porque así Madrid seguía adelante, sino por el "que se jodan los americanos" o "que se joda Obama".

No creo que haya que ser una fanática del deporte o una patriota (eso que en otros países significa simplemente eso y que aquí invariablemente es sinónimo de "facha") para desear que Madrid tenga unos Juegos Olímpicos, y tampoco creo que haya que ser un estratega mundial de la talla de Zapatero para darse cuenta de que la repercusión de unos Juegos sobrepasa con creces los límites de la ciudad que los alberga. Sin ir más lejos, Valencia iba a acoger la competición de vela y ciudades como Córdoba o Málaga parte de los partidos de fútbol, algo que le habría venido de perlas a la primera para terminar de una puñetera vez su estadio gracias al impulso económico olímpico.

Olimpics - Open Ceremony on TVPero no era la pena por la oportunidad perdida o la solidaridad con los madrileños lo que irradiaban los cientos de comentarios que tuve que moderar el otro día. Aunque había unos cuantos que felicitaban a Río y lamentaban la derrota española, la mayoría se congratulaban de que Madrid hubiese perdido, con argumentos tan sólidos como los que mencionaba más arriba: está gobernada por el PP, hay cientos de constructores y empresarios trincones dispuestos a llevárselo calentito (un supuesto catalán decía que los de Barcelona'92 los pagó Cataluña solita y que estos iban a tener que pagarlos todos los españoles), estaba allí Zapatero (para algunos eso ya es más que suficiente para poner a parir lo que sea, y "¡encima habló sólo en español! Claro, como no sabe idiomas..."), o el Rey (¡!), o Raúl (¡¡!!).

Sin embargo, mi favorito es "Madrid se interpuso en el camino de Sevilla", uno de los más populares entre los lectores del periódico (sevillano) en el que trabajo y que no deja de tener su gracia. Sevilla optó a los Juegos de 2004 y 2008. En ambos casos se cayó en las rondas previas, antes de llegar a la votación final. La segunda vez los señores del COI dijeron que Sevilla era "una ciudad mediana de mediana entidad", pero aun así se volvieron a presentar para acoger los de 2012. Entonces fue cuando Madrid se "interpuso en su camino". El COE tuvo que decidir a cuál de las dos mandaba y eligió a Madrid. El resto de la historia ya la conocéis.

Estadio Olímpico Betis-ValladolidEl caso es que hay muchos sevillanos (unos de nacimiento y otros de adopción) que creen que es cierto eso de que, si no fuera por Madrid, Sevilla ya habría cumplido o estaría a punto de cumplir su sueño olímpico, un sueño cuyo vestigio más relevante es el estadio que se construyó al efecto, en el que se celebró el Mundial de Atletismo de 1999 y otros eventos deportivos como la Peace Cup o musicales como los conciertos de Bruce Springsteen, Madonna, el frustrado de Depeche Mode o el de U2 el año que viene pero al que Betis y Sevilla se niegan a mudarse porque no quieren compartir casa con el eterno enemigo (un problema que no han tenido Lazio y Roma, que no son precisamente unos vecinos modélicos).  

En realidad, las desavenencias entre beticos y sevillistas (y la tirria general hacia la candidatura madrileña expresada por los comentaristas de mi periódico) no son más que otro capítulo de la legendaria afición de los españoles (y los seres humanos en general) por enfrentarse a quienes les rodean. En Sevilla tenemos rivalidades futboleras, geográficas (trianeros y sevillanos) y cofrades, por poner algunos ejemplos (las políticas son demasiado obvias), en Andalucía el deseo de Granada y Almería de dejar de formar parte de una comunidad en la que no se sienten representados o la ancestral rivalidad entre sevillanos y malagueños (y andaluces de cualquier sitio contra los sevillanos). ¿Y qué puedo decir del resto que no sepáis? Quinientos y pico años después de que se inventase España seguimos siendo un puñado de tribus que se incordian unas a otras. Como decía uno de los pocos comentarios sensatos que leí aquella tarde, "así no vamos a ningún sitio".

A lo mejor no nos merecemos que nos den unos Juegos Olímpicos, ni un Mundial de Fútbol, ni estar en el G20 (ni en el ocho, ni en ningún G), y a lo mejor ni siquiera tener euros o formar parte de la Unión Europea. Lo curioso es que no escuché ni leí ninguna crítica de esos ciudadanos preocupados por el gasto que conlleva organizar un evento deportivo internacional cuando hace unos meses le concedieron a España el Mundial de Baloncesto de 2014. Será porque van a construir un nuevo pabellón en Sevilla, y si el dinero se gasta en la ciudad de uno ya no es un despilfarro, sino una inversión.

sábado, 3 de octubre de 2009

Perlas del periodismo (VII)

-Yo creo que 'Los doce mandamientos' es la película más larga.
-Quillo, eran diez. ¿Tan larga se te hizo?

El 'revisionista' es también autor de esta perla y de esta otra
La lúcida voz que le recordó cuántas normas había en 
las Tablas de la Ley es el responsable de esta otra.

[Para que quede claro, las llamo 'perlas del periodismo' porque son cosas escuchadas o leídas en un periódico, que a veces tienen que ver con el periodismo y otras no]

jueves, 1 de octubre de 2009

¿Dónde están los bastardos?

[Como siempre, esto no es más que una opinión con la que uno puede o no estar de acuerdo. A nosotros no nos gustó nada 'Malditos bastardos', pero a Kalimero sí, a Lord Zoltan también pero con matices e IP Anónima, de 'Tierra de Cinéfagos', coincide bastante con nuestra percepción. Va a haber 'espoilers', así que cuidado]

Inglourious BasterdsAl difunto David Foster Wallace sus críticos más acérrimos le recriminaban que nunca sería capaz de escribir una novela. Que era bueno con los relatos cortos (o lo que él entendía como cortos), con las reseñas literarias y con artículos de todo tipo y condición, pero que no era capaz de construir una narración larga. A Quentin Tarantino le pasa un poco eso. [Pulp Fiction, que sigue siendo, tantos años después, un prodigio y tal vez el mejor ejemplo de lo que es una película de Tarantino, muestra su talento para engarzar distintas historias, de relevancia similar y sin que rechine ninguno de esos fragmentos, pero no es más que un libro de relatos].

Foster Wallace respondió a los críticos con una colosal novela de más de mil páginas (con letras chiquitas y márgenes bien aprovechados) que tituló, con algo de sorna, La broma infinita. Tarantino hizo lo propio con Kill Bill, en la que aunque seguía habiendo muchas pequeñas historias, todas confluían en el que claramente era el relato principal: la venganza de la Novia.

Inglourious Basterds (Shosanna)Desde el título a la promoción (tanto los tráilers y carteles como entrevistas al director y a sus actores), todo apuntaba a que Malditos bastardos narraba la historia de un comando de soldados judíos cuya única misión es matar, de la forma más salvaje posible, a todo nazi que se cruce en su camino. Pero la realidad es bien distinta. Los bastardos apenas salen en unas cuantas secuencias porque la historia que le importa a Tarantino (o esa impresión da cuando uno ve la versión estrenada en cines) es la de la chica judía que escapa para después vengarse (sí, otra venganza de una chica, también rubia).

Inglourious Basterds (Raine)Que la película se haya vendido como algo que no es puede deberse a un intento deliberado de sorprender al público o simplemente fruto de los distintos remontajes que el director ha llevado a cabo desde su primer pase en el Festival de Cannes, quién sabe. Puede que en la versión inicial la historia de los bastardos y la de la chica estuviesen más compensadas. O puede que no. El caso es que echamos en falta saber más del escuadrón que comanda Brad Pitt.

Otro de los problemas es que casi todas las secuencias duran más de lo necesario, en un intento de crear tensión que lo único que consiguió fue aburrirnos y, en mi caso, desear que fuesen terminando para que la historia avanzase. Tampoco funcionan aquí la división en capítulos y el uso de música tipo espagueti-western que tan buen resultado le dieron en Kill Bill. La música no encaja para nada (no por las melodías, sino por su uso) y los capítulos parecen más una forma de camuflar sus problemas para enlazar distintas secuencias e historias que un recurso necesario.

Inglourious Basterds (Landa)
La película en general nos dio una impresión de un quiero y no puedo. Están todos los mimbres para hacer un filme colosal, pero la cosa hace aguas por todas partes porque sistemáticamente desaprovecha las bazas con las que cuenta (salvo a Hans Landa -Christoph Waltz-, ese sí está bien aprovechado), como presentar a personajes (el crítico de cine inglés metido a espía, el austríaco azote de nazis o el Golem judío) que mueren a las primeras de cambio o simplemente desaparecen sin aportar mucho más que una buena presentación.

No sabemos si los Weinstein han metido mano, si necesita un montador que ajuste la duración de las secuencias y ordene la historia (en Pulp Fiction funcionaba; aquí es sólo caos) o si simplemente Tarantino no tenía muy claro qué película quería hacer y qué historia quería contar.