Probablemente a nadie le importe por qué una persona concreta fue o no a la huelga general, pero me resigno a ser un número que unos y otros coloquen en este o aquel grupo a su conveniencia y además tengo un blog en el que poder contar cosas como esta.
Las fotos y los vídeos que acompañan este texto proceden de este hilo de Foro coches, donde hay unas cuantas razones más para no haber ido a la huelga, como estos piquetes informativos que comunican al trabajador que conduce su furgoneta lo mala que es la reforma laboral y lo conveniente que resultaría que se uniese a la protesta:
O este otro piquete que informa a los propietarios (o dependientes, no lo sé) de una tienda 24 horas, con amabilidad, de lo mucho que están haciendo los sindicatos para defender los derechos de los trabajadores:
Por mucho que los sindicatos insistan en que la huelga general fue un éxito, creo que fue un fracaso. Hay quien habla de huelga a medio gas y eufemismos así, pero si una huelga general no logra parar un país no sirve de nada. Pero claro, a las diez de la mañana, repito, a las diez, con los comercios a medio abrir, los colegios recién abiertos y sin saber qué iba a hacer la gente que, como yo, trabaja por la tarde, los representantes sindicales ya hablaban de un 71% de seguimiento. De locos. A los sindicatos sólo les importa el sector industrial, y a ellos redujeron sus cálculos. Con todos mis respetos para quienes trabajan en la industria, eso es sólo una parte del tejido productivo español. La mayoría de los españoles no trabajamos en grandes fábricas ni en cadenas de montaje de automóviles, pero para los sindicatos no somos importantes. Ni tampoco los autónomos, que no estaban convocados al paro (será porque los consideran empresarios y aunque tengan a su cargo a uno o ningún trabajador los meten en la misma cesta que al sinvergüenza de Díaz Ferrán; por cierto, señores empresarios: ese tipo no puede representaros; mancha la imagen de todos).
Yo no estoy a favor de la reforma laboral, ni de la política económica de Zapatero. La reforma es un disparate y las medidas del Gobierno en general una cadena de despropósitos que nos están metiendo en un pozo del que vamos a tardar unos cuantos años en salir. Pero a pesar de no estar de acuerdo no voy a mover un dedo por estos sindicatos de salón que han estado dos años largos callados como putas, poniendo la manita para recoger sus subvenciones (y sus compensaciones por intervenir como asesores en los ERE) y riéndole las gracias al Gobierno. Cuando al fin se decidieron a hacer algo era ya tarde, porque en estos dos años largos han perdido toda la credibilidad que pudieran tener, tanta que la gente se preguntaba (lo he leído muchas veces en los comentarios de los lectores en mi periódico) cuántas huelgas generales le habrían montado a un Gobierno del PP con la que está cayendo.
Los sindicatos convocaron la huelga general cuando la reforma laboral estaba más que aprobada, y lo hicieron tres meses después (lo lógico habría sido llevarla a cabo cuando la ley se estaba desarrollando, como medida de presión). Puede que haya quien no esté de acuerdo conmigo, pero yo creo que más que una protesta, lo que Méndez y Toxo buscaban era un baño de masas, una reválida, una demostración de fuerza ante una ciudadanía que no confía en ellos (habría que ver si lo ha hecho alguna vez).
En las semanas previas a la huelga hemos visto al dúo de sindicalistas más que en los dos años largos de crisis que llevamos. Mañana, tarde y noche han estado en radios, teles y saraos diversos (hasta en La Noria) movilizando a los ciudadanos y diciendo estupideces como que "el derecho de huelga prevalece sobre el derecho al trabajo" (Méndez). Pues no, señor Méndez, no es así. Los dos son derechos equiparables y, por tanto, uno no puede prevalecer sobre el otro. Nadie puede decirme si debo hacer huelga o ir a trabajar, y defender que los piquetes son necesarios para vencer a los empresarios que amenazan a sus trabajadores para que no vayan a la huelga es otra estupidez. Habrá excepciones, pero los piquetes que vemos en las fotos y vídeos y que hemos visto en televisión y en la Red no informaban.
Evidentemente no critico a quienes decidieron voluntariamente hacer huelga, como no critico a quienes fueron a trabajar. Sólo critico a los salvajes que amenazaron a unos y otros y que les impidieron ejercer sus derechos. Y también a estos sindicatos de chiste que se supone nos representan y a los que dentro de no mucho veremos sonrientes en una foto de familia con el Gobierno.
jueves, 30 de septiembre de 2010
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Perlas del periodismo
A cuenta de la huelga, Carlos Colón ha escrito en el periódico en el que trabajo un artículo titulado Godzillas de la revolución industrial (sobre piquetes informativos) que comienza así:
El artículo no está mal, pero no es él el protagonista de la perla de hoy, sino este comentario de un lector:
Es posible que usted no pueda leer este artículo porque un piquete, además de informar al quiosquero de sus derechos, le haya coaccionado para que no abra. Vulnerando así su derecho a no secundar la huelga y el de usted a leer este u otro periódico. Como de seguro se vulnerarán hoy los de quienes quieran trabajar y no puedan hacerlo por carecer de medios de transporte o porque un piquete se lo impida".
El artículo no está mal, pero no es él el protagonista de la perla de hoy, sino este comentario de un lector:
Bueno, los piquetes son tan trasnochados como los periódicos de papel que el autor menciona en su artículo, en el que empieza diciendo: "Es posible que usted no pueda leer este artículo porque un piquete, además de informar al quiosquero de sus derechos, le haya coaccionado para que no abra". Pues efectivamente, no he ido al quiosco a comprobarlo porque he esto lo he leído desde el teléfono en mi cama a las 6:30 am... tan ricamente!!
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domingo, 26 de septiembre de 2010
House y Cuddy
Una buena serie de televisión no es una mera sucesión de capítulos. Es una historia que vive, respira, cambia, que a veces da rodeos o se equivoca de camino, que tiene un principio y un final o simplemente avanza sin rumbo definido. Una serie está viva, como sus personajes, que son los que la hacen latir, y para que una y otros sigan adelante deben cambiar y evolucionar. Y los seis años que lleva House en la parrilla dan para muchos cambios.
En estos seis años han sido muchas las cosas que han cambiado en el hospital Princeton-Plainsborough y mucho lo que han vivido sus habitantes. Ha cambiado el equipo de House, varias veces; Wilson se ha vuelto a enamorar, ha perdido a quien amaba y hasta se ha ido a vivir con House; Cuddy ha logrado al fin ser madre, ha tenido novio, ha vivido con él y después ha roto la relación; Cameron y Chase se han enamorado, casado y divorciado y hasta ha muerto un miembro del equipo, Kutner (Kal Penn, el actor que lo interpretaba, dejó la serie por un puesto en la Administración Obama).
Toda la serie gira en torno a Greg House, y también lo hacen los personajes que, nunca mejor dicho, le rodean. Pero House no cambiaba. A él le gusta decir que la gente no cambia (y que miente, pero esa es otra historia). Y es cierto. La gente no cambia, pero sí lo hacen sus circunstancias, y eso introduce pequeños cambios de rumbo a veces imperceptibles que no cambian radicalmente a las personas pero sí pueden hacerlas ligeramente diferentes.
En todo este tiempo, las circunstancias de House han cambiado. Casi ninguno de esos cambios fue bueno, pero aparentemente Greg siempre salía indemne, o al menos no peor de lo que estaba al principio. Recuperó a la mujer que amaba y perdió, sólo para volver a perderla; perdió a su padre y descubrió que en realidad no lo era; se enamoró y perdió otra vez; estuvo a punto de llegar a Cuddy pero lo fastidió y hasta casi recupera su pierna. Cada temporada comenzaba o terminaba, según los casos, con el intento de cambiar a House, como si de un experimento se tratase, para, al cabo de pocos episodios, dejarle como estaba. Al menos así era hasta el final de la quinta temporada, que junto a la sexta podría marcar un punto de inflexión para la serie si no abandona esa senda para volver, al cabo de unos episodios, a la ruta de siempre.
Al final de la quinta temporada House tocó fondo. No sólo eso, sino que supo que lo había tocado. Y determinó ponerle remedio. La sexta temporada arrancó con un fabuloso episodio doble, Roto, con el doctor en un psiquiátrico, decidido, aunque al principio se mostrase reticente, a levantar cabeza, a decirle adiós a la Vicodina y a tomar las riendas de su vida, sin excusarse en el dolor para ser un miserable ni hacer que quienes le rodeaban lo fueran.
House se lo tomó en serio. Dejó la Vicodina, fue a terapia (uno de los hallazgos de la temporada fue el personaje del doctor Nolan) y, en definitiva, intentó ser mejor persona. En ese camino, la historia dejó otra joya, una serie dentro de la serie, la comedia de situación que protagonizaron House y Wilson cuando se fueron a vivir juntos.
Pero en el tramo final de la sexta temporada el protagonista comprendió lo que los espectadores ya intuían. Que su propósito de enmienda no servía. Que todos a su alrededor evolucionaban mientras él seguía atascado, empeñado en atrapar una felicidad que se le escapaba. Y así llegó al último episodio, Ayúdeme, con el derrumbe de un edificio que le obliga a abrirse paso entre los escombros hasta un sótano para auxiliar a una mujer herida. La metáfora del descenso a los infiernos es bastante obvia, y en este caso también efectiva.
Para tener una oportunidad de sobrevivir, la mujer atrapada debía renunciar a una pierna. Al principio House, por motivos también obvios, se niega a autorizar la amputación. Con el paso de las horas comprende que es la única posibilidad de sacarla de allí, y para convencerla le cuenta su propia historia, sin adornos, sin guardarse nada, con una honestidad que incluso a su terapeuta le escatima. House le cuenta cómo el dolor que le causa esa pierna a la que debió renunciar ha pasado a gobernar su vida, cómo ha dejado que eso ocurra, cómo se ha escudado durante años en él para mantener todo y a todos lejos, a una distancia desde la que lo pueda controlar. House relata la crónica de su fracaso personal ante la atónita y llorosa mirada de Cuddy.
Pero de nada sirve la amputación. La mujer termina falleciendo y House se marcha de allí, en silencio, dejando su bastón atrás, de vuelta hacia la Vicodina que guarda en un escondrijo de su piso de siempre. Cuando está a punto de iniciar de nuevo el ciclo, de volver a ser él, alguien le detiene. Cuddy está allí, la real, no la alucinación de una temporada atrás. Le dice que le quiere, que quisiera evitarlo aunque no puede. Él pregunta si es una alucinación. “No”, responde ella. A lo mejor eso le asusta más, pero aun así se besan.
Y así llegamos a la séptima temporada, con mucho mejor sabor de boca que el verano pasado (al menos ahora House no está en un psiquiátrico) y unas expectativas que ojalá el equipo de la serie sepa satisfacer. La idea de ver al doctor enamorado y feliz es suficiente aliciente para los seguidores de House, que después de tantos años pensarán en él como un amigo, casi alguien de la familia, al que uno quiere que las cosas le vayan bien. Que su pareja sea Cuddy multiplica las posibilidades narrativas (sobre todo las cómicas, teniendo en cuenta el bagaje de ambos personajes) porque implica en esa relación a todo el hospital, incluido un Wilson que ojalá se prodigue en esta etapa tanto como en la anterior.
Del resto de historias de esta séptima etapa poco se sabe todavía, salvo que una de ellas contará con la presencia de Jennifer Grey (Baby en Dirty Dancing), y en cuanto al reparto, los productores han confirmado la ausencia durante unos cuantos episodios de Olivia Wilde (Trece), que rueda junto a Harrison Ford y Daniel Craig Cowboys & Aliens, de Jon Favreau. Su hueco en el equipo de House lo cubrirá una estudiante de Medicina interpretada por Amber Tamblyn. En el apartado de incorporaciones, o regresos esporádicos, Cynthia Watros (la ex mujer de Wilson) volverá a escena y Jennifer Morrison (Cameron), que fue oficialmente despedida (salía muy poco ya pero aun así seguía en nómina) de la producción la temporada pasada, volverá a pasear por los pasillos del hospital.
Este año habrá dolencias extrañísimas, diagnósticos diferenciales y puede que hasta lupus, pero la relación entre House y Cuddy está llamada a ser el motor que mueva la historia (a menos que los guionistas se cansen de ellos y los separen al cabo de un par de episodios), porque lo que muchos espectadores esperan es ver en movimiento las fotos de House y Cuddy en la playa y también esa que ha dado la vuelta a la Red en la que él, tumbado junto a ella en la cama, lleva puesto sólo un ordenador portátil. Un Mac, para más señas.
[Ésta es la versión preliminar de un texto escrito antes de ver la 'premiere' de la séptima temporada y hecho para un nuevo fregado en el que he metido, del que ya informaré]
En estos seis años han sido muchas las cosas que han cambiado en el hospital Princeton-Plainsborough y mucho lo que han vivido sus habitantes. Ha cambiado el equipo de House, varias veces; Wilson se ha vuelto a enamorar, ha perdido a quien amaba y hasta se ha ido a vivir con House; Cuddy ha logrado al fin ser madre, ha tenido novio, ha vivido con él y después ha roto la relación; Cameron y Chase se han enamorado, casado y divorciado y hasta ha muerto un miembro del equipo, Kutner (Kal Penn, el actor que lo interpretaba, dejó la serie por un puesto en la Administración Obama).Toda la serie gira en torno a Greg House, y también lo hacen los personajes que, nunca mejor dicho, le rodean. Pero House no cambiaba. A él le gusta decir que la gente no cambia (y que miente, pero esa es otra historia). Y es cierto. La gente no cambia, pero sí lo hacen sus circunstancias, y eso introduce pequeños cambios de rumbo a veces imperceptibles que no cambian radicalmente a las personas pero sí pueden hacerlas ligeramente diferentes.
En todo este tiempo, las circunstancias de House han cambiado. Casi ninguno de esos cambios fue bueno, pero aparentemente Greg siempre salía indemne, o al menos no peor de lo que estaba al principio. Recuperó a la mujer que amaba y perdió, sólo para volver a perderla; perdió a su padre y descubrió que en realidad no lo era; se enamoró y perdió otra vez; estuvo a punto de llegar a Cuddy pero lo fastidió y hasta casi recupera su pierna. Cada temporada comenzaba o terminaba, según los casos, con el intento de cambiar a House, como si de un experimento se tratase, para, al cabo de pocos episodios, dejarle como estaba. Al menos así era hasta el final de la quinta temporada, que junto a la sexta podría marcar un punto de inflexión para la serie si no abandona esa senda para volver, al cabo de unos episodios, a la ruta de siempre.
Al final de la quinta temporada House tocó fondo. No sólo eso, sino que supo que lo había tocado. Y determinó ponerle remedio. La sexta temporada arrancó con un fabuloso episodio doble, Roto, con el doctor en un psiquiátrico, decidido, aunque al principio se mostrase reticente, a levantar cabeza, a decirle adiós a la Vicodina y a tomar las riendas de su vida, sin excusarse en el dolor para ser un miserable ni hacer que quienes le rodeaban lo fueran.
House se lo tomó en serio. Dejó la Vicodina, fue a terapia (uno de los hallazgos de la temporada fue el personaje del doctor Nolan) y, en definitiva, intentó ser mejor persona. En ese camino, la historia dejó otra joya, una serie dentro de la serie, la comedia de situación que protagonizaron House y Wilson cuando se fueron a vivir juntos.
Pero en el tramo final de la sexta temporada el protagonista comprendió lo que los espectadores ya intuían. Que su propósito de enmienda no servía. Que todos a su alrededor evolucionaban mientras él seguía atascado, empeñado en atrapar una felicidad que se le escapaba. Y así llegó al último episodio, Ayúdeme, con el derrumbe de un edificio que le obliga a abrirse paso entre los escombros hasta un sótano para auxiliar a una mujer herida. La metáfora del descenso a los infiernos es bastante obvia, y en este caso también efectiva.
Para tener una oportunidad de sobrevivir, la mujer atrapada debía renunciar a una pierna. Al principio House, por motivos también obvios, se niega a autorizar la amputación. Con el paso de las horas comprende que es la única posibilidad de sacarla de allí, y para convencerla le cuenta su propia historia, sin adornos, sin guardarse nada, con una honestidad que incluso a su terapeuta le escatima. House le cuenta cómo el dolor que le causa esa pierna a la que debió renunciar ha pasado a gobernar su vida, cómo ha dejado que eso ocurra, cómo se ha escudado durante años en él para mantener todo y a todos lejos, a una distancia desde la que lo pueda controlar. House relata la crónica de su fracaso personal ante la atónita y llorosa mirada de Cuddy.
Pero de nada sirve la amputación. La mujer termina falleciendo y House se marcha de allí, en silencio, dejando su bastón atrás, de vuelta hacia la Vicodina que guarda en un escondrijo de su piso de siempre. Cuando está a punto de iniciar de nuevo el ciclo, de volver a ser él, alguien le detiene. Cuddy está allí, la real, no la alucinación de una temporada atrás. Le dice que le quiere, que quisiera evitarlo aunque no puede. Él pregunta si es una alucinación. “No”, responde ella. A lo mejor eso le asusta más, pero aun así se besan.
Y así llegamos a la séptima temporada, con mucho mejor sabor de boca que el verano pasado (al menos ahora House no está en un psiquiátrico) y unas expectativas que ojalá el equipo de la serie sepa satisfacer. La idea de ver al doctor enamorado y feliz es suficiente aliciente para los seguidores de House, que después de tantos años pensarán en él como un amigo, casi alguien de la familia, al que uno quiere que las cosas le vayan bien. Que su pareja sea Cuddy multiplica las posibilidades narrativas (sobre todo las cómicas, teniendo en cuenta el bagaje de ambos personajes) porque implica en esa relación a todo el hospital, incluido un Wilson que ojalá se prodigue en esta etapa tanto como en la anterior.
Del resto de historias de esta séptima etapa poco se sabe todavía, salvo que una de ellas contará con la presencia de Jennifer Grey (Baby en Dirty Dancing), y en cuanto al reparto, los productores han confirmado la ausencia durante unos cuantos episodios de Olivia Wilde (Trece), que rueda junto a Harrison Ford y Daniel Craig Cowboys & Aliens, de Jon Favreau. Su hueco en el equipo de House lo cubrirá una estudiante de Medicina interpretada por Amber Tamblyn. En el apartado de incorporaciones, o regresos esporádicos, Cynthia Watros (la ex mujer de Wilson) volverá a escena y Jennifer Morrison (Cameron), que fue oficialmente despedida (salía muy poco ya pero aun así seguía en nómina) de la producción la temporada pasada, volverá a pasear por los pasillos del hospital.
Este año habrá dolencias extrañísimas, diagnósticos diferenciales y puede que hasta lupus, pero la relación entre House y Cuddy está llamada a ser el motor que mueva la historia (a menos que los guionistas se cansen de ellos y los separen al cabo de un par de episodios), porque lo que muchos espectadores esperan es ver en movimiento las fotos de House y Cuddy en la playa y también esa que ha dado la vuelta a la Red en la que él, tumbado junto a ella en la cama, lleva puesto sólo un ordenador portátil. Un Mac, para más señas.
[Ésta es la versión preliminar de un texto escrito antes de ver la 'premiere' de la séptima temporada y hecho para un nuevo fregado en el que he metido, del que ya informaré]
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martes, 21 de septiembre de 2010
Copiar está feo (II)
El otro día hablaba con El invitado de invierno del calvario por el que está pasando su amigo David con un energúmeno que le fusila sin piedad sus textos (¿era en ¿No eres mayor para leer cómics? o en El camino a casa? Imagino que en el primero). Tres días después descubro que alguien (me niego a darle un solo enlace, así que tendréis que conformaros con las capturas) ha fusilado uno de mis posts en el blog Redes y cacharros.
Si cuando me puse en contacto con él hubiese pedido disculpas, borrado el texto o simplemente hubiese dejado que mis mensajes se pudrieran en el pozo de su indiferencia me habría limitado a hacer una broma por aquí (como ya hice la vez anterior que me pasó esto) o haberme lamentado de los escasos recursos de que disponemos quienes escribimos en blogs para impedir la reproducción no autorizada de nuestros artículos (que yo sepa, salvo ir a la Justicia ordinaria, o a la Policía, para exponernos a que se rían de nosotros, sólo queda el recurso de ponernos en contacto con Google -por fax, según me explicó El invitado de invierno- para que, en el caso de que el blog copiador esté alojado en Blogger o use AdSense, informarles de que está vulnerando sus normas de uso; si no se da ni un caso ni el otro, al menos podríamos conseguir que no lo indexe).
Pero el caso es que el tipo contestó, y lo hizo dando pruebas de que no tiene ni educación ni vergüenza (igual es que ha tenido que enfrentarse tantas veces a reclamaciones de gente a la que copia que ya está de vuelta de todo), y por eso traigo todo esto aquí. En el caso del blog en cuestión, perteneciente al Grupo Joly, está protegido por copyright. Lo he puesto en conocimiento de mis superiores, pero en realidad no sé si el individuo tendrá razón y los servicios jurídicos de mi empresa simplemente pasarán de las quejas de una simple redactora. En cualquier caso, me reservo el uso de un derecho inalienable: el derecho al pataleo.
(Aviso: va a ser largo porque voy a pegar la comunicación -los correos- mantenida con el tipo, imprescindible para comprender la envergadura de su descaro y su chulería).
Fairshare me avisa el sábado de que un blog llamado Comunidad Abeto ha fusilado mi post sobre Internet Explorer 9. Le ha añadido un párrafo al principio y otro al final y una estupidez en medio ("menudo ombligazo tienen estos yankis"). Aquí podéis ver la captura del post original y aquí la de la copia; hasta las fotos y los enlaces son los mismos.
Me pongo en contacto con mis jefes y con el individuo en cuestión y le envío un correo y le dejo un comentario (que inmediatamente elimina por su "carácter intimidatorio"; vaya, un tipo sensible) con este texto:
Y me responde (pego respetando sus variopintas faltas de ortografía; las negritas son mías):
Entonces el tipo modifica el post (captura correspondiente) para incluir mi nombre en él y un enlace, pero mi texto sigue ahí. Y le vuelvo a responder:
Y el tipo no sólo sigue sin darse por aludido (las negritas también son mías), sino que encima me dice que le deje en paz:
En ese momento decidí dejar de contestarle, porque llegados a este punto sólo se me ocurrían barbaridades. Les envié a mis jefes toda la cadena de mensajes y dejé en sus manos el tema. Puede que, como dice este individuo, no hagan nada o si lo hacen, no tenga "valor judicial" (¿qué demonios significa eso? ¿Qué significa "un tono más discernido"?), pero la mera existencia de tipos así, que copian y pegan en su blog todo lo que les llega por correo, tal cual, presentándolo como propio, me revuelve el estómago, como también lo hace que este tipo de gente se ampare (y de paso pervierta) en el "derecho de cita" o el "sin ánimo de lucro" para hacer lo que les salga de las narices (el blog pertenece a una empresa de diseño de San Fernando, Toknine, así que a lo mejor eso redefine lo del ánimo de lucro) y apropiarse del trabajo de los demás porque, se haga o no profesionalmente, lo que se publica en un blog es fruto del trabajo de un autor, aunque a veces parezca que sólo los amigos de Teddy Bautista tienen derecho a ser considerados como tales.
Si cuando me puse en contacto con él hubiese pedido disculpas, borrado el texto o simplemente hubiese dejado que mis mensajes se pudrieran en el pozo de su indiferencia me habría limitado a hacer una broma por aquí (como ya hice la vez anterior que me pasó esto) o haberme lamentado de los escasos recursos de que disponemos quienes escribimos en blogs para impedir la reproducción no autorizada de nuestros artículos (que yo sepa, salvo ir a la Justicia ordinaria, o a la Policía, para exponernos a que se rían de nosotros, sólo queda el recurso de ponernos en contacto con Google -por fax, según me explicó El invitado de invierno- para que, en el caso de que el blog copiador esté alojado en Blogger o use AdSense, informarles de que está vulnerando sus normas de uso; si no se da ni un caso ni el otro, al menos podríamos conseguir que no lo indexe).
Pero el caso es que el tipo contestó, y lo hizo dando pruebas de que no tiene ni educación ni vergüenza (igual es que ha tenido que enfrentarse tantas veces a reclamaciones de gente a la que copia que ya está de vuelta de todo), y por eso traigo todo esto aquí. En el caso del blog en cuestión, perteneciente al Grupo Joly, está protegido por copyright. Lo he puesto en conocimiento de mis superiores, pero en realidad no sé si el individuo tendrá razón y los servicios jurídicos de mi empresa simplemente pasarán de las quejas de una simple redactora. En cualquier caso, me reservo el uso de un derecho inalienable: el derecho al pataleo.
(Aviso: va a ser largo porque voy a pegar la comunicación -los correos- mantenida con el tipo, imprescindible para comprender la envergadura de su descaro y su chulería).
Fairshare me avisa el sábado de que un blog llamado Comunidad Abeto ha fusilado mi post sobre Internet Explorer 9. Le ha añadido un párrafo al principio y otro al final y una estupidez en medio ("menudo ombligazo tienen estos yankis"). Aquí podéis ver la captura del post original y aquí la de la copia; hasta las fotos y los enlaces son los mismos.
Me pongo en contacto con mis jefes y con el individuo en cuestión y le envío un correo y le dejo un comentario (que inmediatamente elimina por su "carácter intimidatorio"; vaya, un tipo sensible) con este texto:
Muy buenas:
Le comunico que acabo de enviar al Departamento Jurídico del Grupo Joly una reclamación, acompañada de la correspondiente captura y el correspondiente enlace, para denunciar que ha copiado íntegramente (con algún que otro añadido) este post del blog del Grupo Joly 'Redes y cacharros'.
Ellos se encargarán de tomar las medidas pertinentes.
Saludos.
Y me responde (pego respetando sus variopintas faltas de ortografía; las negritas son mías):
Buenas tardes.
Realmente no sé que problema hay en la cita, parcial o íntegra, en blog personal y sin ánimo de lucroenviada vía mail. Aún así, dado el carácter intimidatorio de su comentario público, éste será eliminado, la fuente será publicada (ya que se desconocía ésta autoría) y quedaré a la espera de cualquier reclamación procedente de sus servicios jurídicos, aunque deduzco que no se producirá o bien tendrá muy poco valor judicial.
Por favor, para cualquier otro tipo de comunicación puede utilizar el email comunidadabeto@gmail.com que aparece en portada y el cual está a disposición tanto suya como del resto de usuarios para cualquier comunicación, incluida la de este tipo y que siempre podrían llevar un tono más discernido.
Así mismo, aprovecho para agradecerle la visita a este joven blog de diseño gráfico e invitarle, si lo desea, a la participación en el mismo, ya que estoy abierto a todo tipo de sugerencias, noticias o información a través del email citado anteriormente.
¡Gracias y un saludo!
Entonces el tipo modifica el post (captura correspondiente) para incluir mi nombre en él y un enlace, pero mi texto sigue ahí. Y le vuelvo a responder:
Una cosa es una cita y otra, muy diferente, copiar un artículo íntegro. Que el texto (y las fotos, y sus enlaces) le haya llegado por correo electrónico y se haya limitarlo a copiarlo sin más, obviamente, no le exime en absoluto de responsabilidad. También es muy diferente informar de que se ha cometido un plagio y que se va a actuar contra él e intimidar, pero si esa es la percepción que ha tenido, me disculpo.
En cualquier caso, no sé si el añadido al inicio será suficiente porque, si se molesta en leer las condiciones de uso de los blogs (y del resto de publicaciones del Grupo Joly), comprobará que son contenidos sujetos a copyright, y no amparados por ninguna licencia de Creative Commons:
DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL E INDUSTRIAL
El Blog contiene material diverso (incluyendo, sin carácter limitativo, bases de datos, imágenes, dibujos, gráficos, archivos de texto, audio, vídeo y software) propiedad del GRUPO JOLY y consecuentemente protegido por las normas nacionales o internacionales de propiedad intelectual e industrial. La compilación (entendiéndose como tal la recopilación, diseño, ordenación y montaje) de todo el contenido del Blog es propiedad exclusiva de GRUPO JOLY y se encuentra protegida por las normas nacionales e internacionales de propiedad industrial e intelectual.
Y el tipo no sólo sigue sin darse por aludido (las negritas también son mías), sino que encima me dice que le deje en paz:
Sinceramente, no comprendo cual es la reclamación. Como tenemos interpretaciones distintas de lo que es el derecho de cita, pues casi mejor dejamos esto en manos de “nuestro gallos de pelea”, que a veces tienen que ganarse su sueldo y no pasarse el día holgazaneando. Agradezco el haberme comunicado tu autoría, ya que mi política es la de citarlo igualmente así como linkear la información original. Esa supongo que sería la reclamación. Si fuera una revista o publicación y me lucrara con ello lo entendería, no en la actual situación.
Suelo disfrutar de mi tiempo en mi vida profesional y personal y esto no entra dentro de ninguna de las dos. Por tanto, y a partir de ahora, todo esto deberán llevarlo los profesionales que tenemos a sueldo, si así lo deciden.
En ese momento decidí dejar de contestarle, porque llegados a este punto sólo se me ocurrían barbaridades. Les envié a mis jefes toda la cadena de mensajes y dejé en sus manos el tema. Puede que, como dice este individuo, no hagan nada o si lo hacen, no tenga "valor judicial" (¿qué demonios significa eso? ¿Qué significa "un tono más discernido"?), pero la mera existencia de tipos así, que copian y pegan en su blog todo lo que les llega por correo, tal cual, presentándolo como propio, me revuelve el estómago, como también lo hace que este tipo de gente se ampare (y de paso pervierta) en el "derecho de cita" o el "sin ánimo de lucro" para hacer lo que les salga de las narices (el blog pertenece a una empresa de diseño de San Fernando, Toknine, así que a lo mejor eso redefine lo del ánimo de lucro) y apropiarse del trabajo de los demás porque, se haga o no profesionalmente, lo que se publica en un blog es fruto del trabajo de un autor, aunque a veces parezca que sólo los amigos de Teddy Bautista tienen derecho a ser considerados como tales.
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martes, 14 de septiembre de 2010
Mommy Kub
Aunque se prodiga por allí tan poco como por aquí, Gris, (aka El Gris y muchos otros alias más) tiene una cuenta en Deviantart en la que, muy de vez en cuando, publica sus hazañas con el Illustrator. Su última creación, a la que espero sigan otras muchas, es este fondo de escritorio minimalista titulado Mommy Kub y que, con una leve modificación, ha sido publicado también en Simple Desktops.
Mommy Kub by *gris on deviantART
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lunes, 13 de septiembre de 2010
Libros de California
Casi siempre que viajo a algún sitio traigo de vuelta unos cuantos libros, y el viaje a California no iba a ser una excepción. Suelen ser libros que me cuesta encontrar por aquí (aprovecho los viajes para buscarlos y, si no hay suerte, llamo a la puerta de Amazon), títulos en oferta y ediciones curiosas. Teniendo en cuenta que estuvimos bastante tiempo fuera y que ya veníamos muy cargados de equipaje, tuve que contenerme para no llenar una maleta (otra más) de libros, pero aun así me traje unos cuantos. Éstos:

Although of Course You End Up Becoming Yourself - A road trip with David Foster Wallace
Un libro de David Lipsky sobre, como indica su título, David Foster Wallace. Como encargo para la revista Rolling Stone (que nunca lo publicaría), Lipsky acompañó a Wallace durante cinco días de su tour de promoción de La broma infinita. En ese road trip hablaron de cine, de música, de la peculiar visión sobre la vida y las artes que el fallecido escritor tenía y, claro está, sobre literatura y escritura. Dicen las críticas que es una honesta y respetuosa aproximación al autor y que la inclusión de las entrevistas (o conversaciones) que mantuvieron uno y otro, sin editar, proporciona al lector una ocasión única de acercarse un poco al escritor. En el libro también se incluyen un par de artículos de Lipsky en los que habla del suicidio de Wallace y de cómo lo afrontaron algunos de sus allegados, como su hermana o Jonathan Franzen. Yo todavía no me he leído el libro. No he leído nada que tuviese que ver con David Foster Wallace desde que murió. Ayer hizo dos años.
The Prometeus Project
Este libro de Douglas E. Richards forma parte del botín de la Comic Con. Es la primera entrega de una serie.
Pride and prejudice
Hay mucha gente que critica las grandes cadenas de librerías, como Borders o Barnes & Noble (un buen ejemplo es la película Tienes un e-mail), pero hay mucho que aplaudirles, como el WiFi gratuito en muchas de sus tiendas o, en el caso de la segunda, sus ediciones críticas de clásicos a precios muy asequibles. Este volumen pertenece, al igual que el siguiente de mi lista, a la colección Barnes & Noble Classics. En esta casa (cuando digo "en esta casa" quiero decir yo, pero creo que queda mejor así) somos muy fans de Jane Austen, y de esta novela en particular (y de su adaptación televisiva, y de Colin Firth en general...), y además es una de las lecturas obligatorias para este nuevo curso (sí, sigo adelante con Filología Inglesa, aunque al pasar a los grados de Bolonia se convierte en algo así como Estudios Ingleses; no suena igual de bien).
Great American Short Stories
De la misma colección de la que hablaba antes, este volumen incluye relatos desde Hawthorne hasta Hemingway, con ensayos introductorios y análisis (o sea, una edición crítica). Su compra fue inspirada por motivos bibliófilos y también académicos, como la del anterior.
A Heartbreaking Work of Staggering Genius
La primera novela de Dave Eggers, un estupendo novelista, editor de McSweeney's y perteneciente a la misma generación (grupo o como queramos llamarlo) que David Foster Wallace o Jonathan Franzen. Descatalogado en español desde hace mucho, sólo he encontrado ejemplares de segunda mano en dudoso estado y una copia en catalán. En California también me costó encontrarlo, así que cuando le eché el ojo lo metí en el bolso. Después de haber pasado por caja, claro.
First among sequels
Quinto libro de la serie de Jasper Fforde sobre Thursday Next. Hasta ahora sólo he leído el primero, El caso Jane Eyre, gracias a una recomendación de Pedro Jorge, que además es su traductor al español. Ya sólo me quedan por comprarme el segundo, el tercero y el cuarto para poder leerme éste...

Although of Course You End Up Becoming Yourself - A road trip with David Foster Wallace
Un libro de David Lipsky sobre, como indica su título, David Foster Wallace. Como encargo para la revista Rolling Stone (que nunca lo publicaría), Lipsky acompañó a Wallace durante cinco días de su tour de promoción de La broma infinita. En ese road trip hablaron de cine, de música, de la peculiar visión sobre la vida y las artes que el fallecido escritor tenía y, claro está, sobre literatura y escritura. Dicen las críticas que es una honesta y respetuosa aproximación al autor y que la inclusión de las entrevistas (o conversaciones) que mantuvieron uno y otro, sin editar, proporciona al lector una ocasión única de acercarse un poco al escritor. En el libro también se incluyen un par de artículos de Lipsky en los que habla del suicidio de Wallace y de cómo lo afrontaron algunos de sus allegados, como su hermana o Jonathan Franzen. Yo todavía no me he leído el libro. No he leído nada que tuviese que ver con David Foster Wallace desde que murió. Ayer hizo dos años.
The Prometeus Project
Este libro de Douglas E. Richards forma parte del botín de la Comic Con. Es la primera entrega de una serie.
Pride and prejudice
Hay mucha gente que critica las grandes cadenas de librerías, como Borders o Barnes & Noble (un buen ejemplo es la película Tienes un e-mail), pero hay mucho que aplaudirles, como el WiFi gratuito en muchas de sus tiendas o, en el caso de la segunda, sus ediciones críticas de clásicos a precios muy asequibles. Este volumen pertenece, al igual que el siguiente de mi lista, a la colección Barnes & Noble Classics. En esta casa (cuando digo "en esta casa" quiero decir yo, pero creo que queda mejor así) somos muy fans de Jane Austen, y de esta novela en particular (y de su adaptación televisiva, y de Colin Firth en general...), y además es una de las lecturas obligatorias para este nuevo curso (sí, sigo adelante con Filología Inglesa, aunque al pasar a los grados de Bolonia se convierte en algo así como Estudios Ingleses; no suena igual de bien).
Great American Short Stories
De la misma colección de la que hablaba antes, este volumen incluye relatos desde Hawthorne hasta Hemingway, con ensayos introductorios y análisis (o sea, una edición crítica). Su compra fue inspirada por motivos bibliófilos y también académicos, como la del anterior.
A Heartbreaking Work of Staggering Genius
La primera novela de Dave Eggers, un estupendo novelista, editor de McSweeney's y perteneciente a la misma generación (grupo o como queramos llamarlo) que David Foster Wallace o Jonathan Franzen. Descatalogado en español desde hace mucho, sólo he encontrado ejemplares de segunda mano en dudoso estado y una copia en catalán. En California también me costó encontrarlo, así que cuando le eché el ojo lo metí en el bolso. Después de haber pasado por caja, claro.
First among sequels
Quinto libro de la serie de Jasper Fforde sobre Thursday Next. Hasta ahora sólo he leído el primero, El caso Jane Eyre, gracias a una recomendación de Pedro Jorge, que además es su traductor al español. Ya sólo me quedan por comprarme el segundo, el tercero y el cuarto para poder leerme éste...
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libros
domingo, 12 de septiembre de 2010
Introducing: My (first) iPad

[Este es el iPad que me compré en San Diego (California). Ya sé que es seguro contra los ataques, los virus y esas cosas, pero por si acaso tengo al doctor Alan Grant de guardia con su arma favorita, la bengala, para prevenir cualquier asalto.]
Desde que lo presentó Steve Jobs, quise un iPad. En realidad, hace bastante tiempo que quería algo parecido al iPod Touch, mucho más cómodo y versátil que un ordenador, por pequeño que sea. Pero me aguanté. Para ciertas cosas soy bastante poco impulsiva, y también lo fui con respecto al iPad, que no pensaba comprarme enseguida. Escarmentada con el affaire Touch (le regalé uno -de la primera generación- a Contradictorio y diez días después Apple sacó uno nuevo, mejor y más barato, como de costumbre, y ahora el pobre tiene una reliquia que va muy bien pero a la que no le puede actualizar el sistema operativo; voy a tener que regalarle otro), decidí esperar al siguiente modelo. Pero este verano íbamos a California, y la tentación de comprarme el cacharro algo más barato que por aquí fue demasiado fuerte. Así que me lo compré, no sin algunos problemas.
Como sabréis los que sigáis en San Eustaquio el errático (sobre todo por lo que estoy tardando en escribirlo) relato de nuestro viaje por tierras californianas, nuestro punto de partida fue San Francisco. Allí ni siquiera preguntamos por el iPad, pese a que estuvimos en una de las tiendas Apple de la ciudad.
La idea era comprarlo más adelante y ahorrarle al cacharro el calor que a buen seguro íbamos a pasar atravesando el desierto rumbo a Las Vegas. También estuvimos en Cupertino, y tampoco allí intentamos comprarlo. Ni en Los Ángeles, donde ni siquiera fuimos a tiendas Apple (íbamos a ir a la de Pasadena, pero se nos hizo tarde y la pillamos cerrada).
Pero en Las Vegas sí preguntamos, porque empecé a temer que, si lo dejábamos para el último día, igual me iba a ir sin poder comprarlo. Y preguntamos en la Apple Store de la galería comercial del Caesar's Palace. No lo tenían y tardarían al menos dos semanas en tenerlo. Al día siguiente fuimos a un centro comercial a la entrada de la ciudad (o a la salida, más allá del Welcome to Fabulous Las Vegas), Town Square (un centro abierto, en julio, en el desierto, en el que, como es de suponer, hacía un calor del demonio), donde tampoco lo tenían.
El viaje llegaba a su fin y ya sólo nos quedaba San Diego. Allí preguntamos en un reseller cerca del Centro de Convenciones. Nos volvieron a decir lo de las dos semanas y que no lo había en ninguna parte. Quizás lo tengan en Nueva York, nos comentaron. Pero no íbamos a ir allí (haríamos escala, pero sólo veríamos el JFK, igual que a la ida), así que me resigné a irme sin el iPad.
De todas formas, Contradictorio propuso ir a otra tienda Apple, que estaba relativamente cerca de nuestro hotel de San Diego, para preguntar una vez más y, si no, llevarme un Touch (menos mal que no lo hice porque ahora mismo me tiraría de los pelos). Y allí fuimos, en nuestro último día en California. Llegamos a la tienda (muy cerquita de otra de Microsoft, que no pueden negar en quién se han inspirado...) y preguntamos, sin esperanza. "Sí, tenemos el iPad". "Really?", pregunté yo. "¿Todos los modelos?". "Sí, todos".

Y esa es la historia de cómo llegó mi primer iPad a mis manos, uno de 16GB, sólo con WiFi. Puede que me dure toda la vida o puede que no, por eso digo que es el primero. Otro día cuento las aplicaciones que tengo instaladas, por si le son a alguien de utilidad, y también para qué lo uso, para demostrar, como dicen en Usa tu iPad, que "no es sólo un objeto bonito". Yo por ahora estoy encantada con él.
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