martes, 27 de septiembre de 2011

El adiós perdido de Steve Jobs

[Ayer nos sorprendió una de esas noticias que no queremos leer, uno de esos acontecimientos que hacen que todo se paralice y que logran que, por una vez, las opiniones y reacciones sean unánimes. Ayer Steve Jobs nos dejó huérfanos en muchos sentidos, pero también nos legó ese espíritu que nos anima a pensar diferente, a creer en nuestros sueños y en nuestras posibilidades, a seguir adelante pese a adversidades tan duras como el maldito cáncer. Ayer hizo exactamente una semana que publiqué este artículo en el blog, un relato de ficción que comencé a escribir hará ya tres años, justo cuando se intensificaron los rumores sobre la retirada de Steve Jobs por motivos de salud, y que narra lo que personalmente pienso que podría haber sido el final de camino deseado por él mismo. Por aquel entonces no me decidí a publicarlo, no sé muy bien por qué, pero finalmente parece que todo se ha confabulado para que sea el pequeño homenaje de este humilde blog a la figura del hombre que será recordado por sus amigos y rivales, entre muchas cosas, como uno de los más respetados líderes del mundo tecnológico de todos los tiempos. Algún día puede que reúna ánimos para escribir sobre su influencia sobre mí; hasta entonces, descansa en paz y muchas gracias por todo, Steve]

Paseaba entre bastidores cinco minutos antes de la presentación, despacio, saboreando cada una de las notas que Bach prestaba momentáneamente a sus oídos desde aquel iPod de primera generación. Hacía tiempo que estaba obsoleto, viejo, pero de lejos era su preferido y siempre le acompañaba en los momentos en los que expulsar algunos fantasmas era prioritario.

La música de la sala comenzó a superponerse a la de sus auriculares. Era el momento de salir y comprobar que el campo de distorsión de la realidad seguía en buena forma, al menos durante la hora y media prevista. Una vez más escuchó la ovación que seguía al anuncio de su intervención por la megafonía. Apagó el iPod, se quitó lentamente los auriculares, lo guardó con cuidado en su bolsillo izquierdo, miró hacia el lugar desde el que siempre le observaba su esposa y salió decidido al escenario bañado por la vieja amiga luz de los focos. Una vez deseó, como siempre hacía, buenos días a todos los presentes, comenzó.

En ese momento todo empezó a transcurrir despacio, en secuencias perfectamente editadas y coreografiadas en las que todo ocurría con unas muy leves concesiones a la improvisación o al fallo. La fascinación, el asombro y los aplausos del público crecían, conducidos inefablemente hacia esa 'cosa más' que, esta vez, prometía ser realmente arrebatadora y sorprendente. Y, la verdad, no sabían cuánto.

Llegaba el final de la presentación y al fin apareció: era pequeño, muy pequeño, potente, ligero e increíblemente sexy. Las miradas de admiración y deseo fueron seguidas de una larga y estruendosa ovación en toda la sala. No pudo evitar sonreír ampliamente, satisfecho, relajado, único conocedor de que la 'cosa más' aún no había llegado, a pesar de que todos creían estar ante ella. Con este pensamiento seguía mirando al público cuando éste pareció sospechar algo, como si en la mirada que recibían hubiese algo de: “Sé algo que vosotros no sabéis, algo que no queréis saber”. El silencio llegó tan rápido como los aplausos y la expectación se adueñó de las miradas.

Apple Inc. CEO Steve Jobs gives a wave at the conclusion of the launch of the iPad 2 on stage during an Apple event in San Francisco, California March 2, 2011. Jobs took the stage to a standing ovation on Wednesday, returning to the spotlight after a brief medical absence to unveil the second version of the iPad. REUTERS/Beck Diefenbach (UNITED STATES - Tags: SCI TECH BUSINESS)



















Por un instante la tensión era palpable, real. A pesar de no haber pasado ni tan solo un minuto, aquel silencio se hacía ya eterno. Con calma, los miró casi uno a uno. Conocía a muchos de los allí presentes aunque ellos no sospechasen que él sabía sus nombres. Dio un par de pasos, juntó las manos, se las acercó a los labios y comenzó a hablar, sosegada y suavemente, mientras paseaba por el escenario que tantas veces había llenado con su  presencia. Las sonrisas se borraron conforme las palabras se deslizaban por la platea. A pesar de que podían oír su voz con una firmeza que no tenía hacía tiempo, las miradas del público no mostraban otra cosa que una abrumadora incredulidad. Tras unos largos minutos, terminó.

Pasó un instante en el que el tiempo parecía haberse congelado, y entonces miradas de sorpresa y escepticismo se cruzaron entre los presentes cuando, finalmente, reaccionaron al impacto inicial. El silencio era sepulcral y, aun así, el eco de lo que había dicho se mantuvo vivo en el espeso aire durante unos interminables segundos. No era posible. Se iba, lo dejaba. Los dejaba. Demasiados años, demasiados problemas y demasiado cansancio. Su amplia y franca sonrisa era la única de la abarrotada sala y reflejaba, a todas luces, una sensación de liberación que había sido postergada durante muchos años. Al fin levantó una mano, agradeció a todos su presencia, les deseó buenos días y caminó fuera del escenario que le había acogido tantas veces.

Tras las cortinas se detuvo y miró a su esposa que, aprobadora y cómplice, asintió despacio. Ella sabía que aún quedaba un momento para que se reunieran, así que le observó mientras él terminaba su ritual: inspiró profundamente, deslizó la mano en su bolsillo izquierdo para coger su iPod, se colocó de nuevo los auriculares y cerró los ojos para dejar que Here Comes the Sun, de The Beatles, inundara sus oídos suavemente. La sonrisa dibujada en su rostro se acentuó hasta casi la risa cuando giró levemente la cabeza a su izquierda hacía los nerviosos murmullos que continuaban en la sala. Miró al frente y subió el volumen mientras se alejaba de las luces, feliz.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Libros del Grado de Estudios Ingleses de la UNED

Vendo unos cuantos libros de los dos primeros cursos del Grado de Estudios Ingleses de la UNED. Todos fueron comprados nuevos y la mayoría están tal como me los entregaron. Unos ni los he abierto y otros sólo para leerlos. No tienen marcas, ni dobleces ni ninguna de esas taras que uno puede encontrar en los libros de segunda mano (es lo que tiene ser una fanática de los libros, que los cuidas mucho).

Los he puesto todos a la venta en eBay anuncios, por lo que incluyo el respectivo enlace a dichos anuncios para ver más fotos y detalles de cada volumen y también a la Librería de la UNED, para comparar precios. A la cantidad que indico hay que añadir cinco euros de gastos de envío por correo certificado. Si alguien compra dos o más, el envío corre de mi cuenta.

Si te interesa alguno o quieres saber algún dato más, puedes contactar conmigo en los comentarios de este post, en el anuncio de eBay o a través del correo de contacto de este blog.

El precio que indico es el que me gustaría conseguir, pero no está cerrado. También acepto ofertas.

Todos los libros corresponden a la bibliografía básica/obligatoria de sus respectivas asignaturas. Los he ordenado por cursos y por materias. Los iré tachando a medida que los vaya vendiendo:

Primer curso

Mundos anglófonos en perspectiva histórica y cultural

'Anglophone Worlds (United Kingdom and Ireland)'. Vendido
'Anglophone Worlds (United States and other English speaking countries)'. Vendido
'The Penguin Illustrated History of Britain and Ireland'. Vendido
'The transformation of English life': Hasta el curso pasado, este es el libro que hay que leer para hacer la reseña de evaluación continua del primer cuatrimestre. No sé si sigue eso así o no, pero por si acaso aquí lo pongo. Precio nuevo: 16,80 euros. Mi precio: 12 euros.









Comentario de textos literarios en lengua inglesa
'Beginning theory: an introduction to literary and cultural theory'. Vendido
'Literary theory: a practical introduction'. Vendido
'The bluest eye'Vendido

Inglés Instrumental I y II
'A grammar companion to Lengua Inglesa I'. Vendido

Segundo curso

Literatura norteamericana
'American Literature to 1900'. Vendido

Inglés Instrumental III y IV
'English Skills for Independent Learners'Vendido

Género y literatura en los países de habla inglesa
'Literature and Gender'Vendido
'Gender and sexuality: critical theories, critical thinkers'Vendido
'The bluest eye': Vendido
'The woman who walked into doors'. Vendido

Literatura clásica
'Introducción a la literatura griega'. Vendido
'Antología de la literatura latina'. Vendido

Además, vendo estos otros libros del primer curso de la licenciatura:

'Literatura inglesa hasta el siglo XVII'

'El lenguaje'

'Lengua española para Filología Inglesa'

'Ejercicios de gramática y expresión en lengua española'

'Lengua Inglesa I'

viernes, 2 de septiembre de 2011

El agujero de la alfombra de Tolkien

[Esto lo escribí hace ya unos cuantos años en el medio en el que trabajaba entonces. Tenía pendiente desde hace unos meses recuperarlo por aquí. Conmemorar el aniversario del fallecimiento de Tolkien es tan buena excusa como cualquier otra]















 





“En un agujero en el suelo vivía un hobbit”. La frase se le ocurrió a John Ronald Reuel Tolkien cuando corregía los exámenes de sus alumnos de Oxford. Mientras hacía un descanso, su mirada se detuvo en un agujero de la alfombra de su despacho, y sin saber muy bien cómo (ni qué demonios era un hobbit ni por qué vivía en el suelo) la frase apareció.

Aunque nacido en Sudáfrica, Tolkien (1892-1973) era muy pequeño cuando su familia se trasladó a Birmingham, por lo que siempre se consideró un ciudadano inglés. De hecho, fue ese amor por su país lo que le llevó a escribir las historias de la Tierra Media. A Tolkien le dolía que Inglaterra no contara con una mitología propia similar a la de las culturas griega o escandinava, así que optó por crear él mismo un mundo legendario que pudiera dejar como herencia a su gente.

Como buen lingüista, no sólo se ocupó de imaginar esas leyendas, sino también el idioma de sus protagonistas. Así, comenzó a trabajar en El libro de los cuentos perdidos, tarea a la que dedicó toda su vida y que se publicaría tras su muerte como El Silmarillion. Sin embargo, paralelamente, decidió aprovechar su descubrimiento de los hobbits para escribir una historia que nació como un cuento con el que mandar a sus hijos a la cama y que se llamaría El hobbit. El libro es el germen de la historia de El Señor de los Anillos y la presentación en sociedad de los llamados medianos a través de las peripecias de Bilbo Bolsón, un apacible hobbit acostumbrado a los pequeños placeres de la vida cotidiana (la buena comida y fumar en pipa hundido en su sillón) que ve cómo una tarde un mago (Gandalf) y 12 enanos le arrastran hasta una aventura que tiene su final en la guarida de un dragón.


Lo que empezó en 1930 como un entretenimiento se convirtió, siete años más tarde –gracias a la insistencia de algunos amigos de su círculo de Oxford, como C. S. Lewis, que le animaron a publicarlo–, en todo un éxito de público y ventas.

Aunque en un principio Tolkien se resistió a darle una continuidad al relato de los hobbits, porque estaba más centrado en su proyecto mitológico, decidió fundir ambas historias. La filología dejó paso a la epopeya y nació El Señor de los Anillos. La mal llamada trilogía (en realidad es una sola historia, dividida en seis libros que se editaron de dos en dos) se publicó en 1954. Ese año vieron la luz el primer volumen, La Comunidad del Anillo, y el segundo, Las Dos Torres. El tercero, El Retorno del Rey, lo haría al año siguiente.

Para celebrar los 50 años de la edición original, los editores anglosajones sacaron hace unos años una versión especial que pretendía corregir algunos de los errores de las versiones anteriores y añadir contenidos nunca publicados. El volumen (los tres libros, más los apéndices, están integrados en un solo tomo, de más de 1.200 páginas) buscaba ser fiel a la idea original de Tolkien. Entre otras curiosidades, incluye las ilustraciones y mapas originales que pintó el propio escritor, pero que quedaron fuera de la publicación original por decisión de la editorial (para abaratar costes).


























El texto fue íntegramente revisado por Christopher Tolkien (hijo del autor y custodio del jugoso legado de la Tierra Media) siguiendo el manuscrito original, que se encuentra en la Universidad estadounidense de Michigan. Entre los añadidos figuran dos árboles genealógicos completos, inéditos, del linaje de los Boffin y los Bolger, y tres páginas del Libro de Mozarbul, escrito por los enanos antes de ser asesinados en las Minas de Moria. Además, la palabra Anillo aparecía impresa en rojo, tal como quiso Tolkien.

Hace unos años, una encuesta de la BBC proclamó a El Señor de los Anillos como el libro preferido por los lectores británicos. Después de más de 100 millones de volúmenes vendidos y su traducción a más de 20 idiomas, poco importa ya la opinión de los estirados críticos que consideraron la trilogía una “aventura juvenil”.

A pesar de que es un texto apto para todas las edades, por decirlo de alguna manera, no es un libro infantil, ni siquiera juvenil (como sí lo son los de Harry Potter, por ejemplo). El Señor de los Anillos no es solamente un relato de aventuras, es la obra de un erudito, de un experto en mitología y filología que creó un universo propio, un mundo ficticio con sus propios idiomas y sus propias razas. Tolkien creó a los elfos, los hombres, los enanos y los hobbits, les dio sus lenguas (incluso el complejo alfabeto élfico y sus distintas variantes dialécticas), su historia, su linaje y su propia geografía (el escritor dibujó los mapas de la Tierra Media y bautizó cada colina, cada valle y cada río).

El Señor de los Anillos es, en esencia, una gran lucha entre el Bien y el Mal por la libertad de la Tierra Media, una batalla que tiene su epicentro en la posesión de un anillo (el Anillo Único) que, por una jugada del azar, cae en las manos de la única raza que no ambiciona poder, ni riquezas, ni gloria: los hobbits. Con la estructura de un viaje, no sólo geográfico sino, sobre todo, personal, el pequeño hobbit portador del Anillo, Frodo (sobrino de Bilbo, el que derrotó al dragón en El hobbit y encontró la joya) abandonará su hogar en compañía de tres amigos hobbits (Sam, Merry y Pippin), un elfo (Legolas), un enano (Gimli), dos hombres (Boromir y Aragorn, heredero de la estirpe de los reyes de los hombres que comparte con los hobbits su falta de ambición) y probablemente uno de los mejores personajes de la serie: el mago Gandalf el Gris, protector y consejero de la Compañía del Anillo.




















En realidad, la historia de El Señor de los Anillos comienza mucho antes, en El Silmarillion, con la misma creación de la Tierra Media, que tiene sus propios dioses y también su ángel caído, Melkor (mentor de Sauron, el malvado forjador del Anillo, que ambiciona someter a los pueblos libres de la Tierra Media).

Tolkien nunca explicó de dónde salió el término hobbit ni por qué los medianos vivían en agujeros excavados en el suelo. Lo que sí está claro es de dónde surgió la afición de los hobbits a las pipas y su gusto por la tranquilidad y la vida sosegada. No hay más que mirar cualquier foto del escritor.