miércoles, 25 de enero de 2012

Mi primer pedido en Amazon España

Aunque no somos clientes masivos, en casa hemos hecho unos cuantos pedidos a Amazon, tanto a su tienda británica como a la estadounidense. Todo lo que hemos pedido, ya fuesen productos vendidos por la propia Amazon o por particulares o empresas adheridos al Marketplace ha llegado en tiempo (siempre llegaban antes de lo que anunciaban) y forma adecuados, incluidos productos delicados o las cajas repletas de libros (más bien cajones) que necesitaba para la UNED.

Hace unos meses abrieron su tienda española, lo que permitía, entre otras cosas, acceder a productos que puede ser difícil encontrar en sus otras tiendas (libros y DVD en español, por ejemplo). Además, la apertura española trajo consigo el Kindle, que ya no hacía falta pedir a Estados Unidos (la versión más simple, que es la que venden aquí). La parte mala es que volvieron los gastos de envío a la tienda británica (durante un tiempo fueron inexistentes si se compraba desde España y el pedido superaba las 35 libras; muchos de los libros para la UNED que he comprado estos años eran allí mucho más baratos que aquí, así que el cambio no me ha hecho mucha gracia).

Pero cuando vi que Amazon España vendía el Kindle tuve claro el regalo que le haría a mi marido para nuestro aniversario. Como quería comprarle algo más, añadí al pedido el libro The making of The Empire Strikes Back, para que continúe con la colección que inició con el volumen dedicado a La guerra de las galaxias.

El pedido llegó el día anunciado, pero el resultado no ha sido demasiado satisfactorio. Hay un par de detalles menores y un fallo importante. Creo que los detalles se deben a una mala explicación en la web.

Cuando vas a comprar un Kindle, te dan la opción de que indiques si es un regalo. Eso significa, según ellos:

-Enviar el Kindle sin registrar. Así el destinatario podrá registrar su Kindle en su propia cuenta de Amazon cuando lo reciba.
-Enviar el Kindle en una caja de Amazon sin logotipos que muestren que se trata de un Kindle. Normalmente el Kindle se envía en una caja específica y exclusiva. Si quieres que el contenido sea sorpresa, indica que se trata de un regalo.
-No incluir el precio en el albarán que va dentro del paquete.

No tengo quejas con respecto a los puntos uno y tres, pero sí con el segundo. Esta es la caja en la que venía el Kindle de mi marido:

Kindle, boxed A lo mejor se refieren al embalaje exterior, pero si es así deberían indicarlo.

El otro detalle es que puedes pedir que te envuelvan los regalos. Aunque no marques esa opción, puedes adjuntar un mensaje. El mensaje va en el albarán, junto a cada artículo. Es una tontería, pero queda feo. No me hagan perder el tiempo escribiendo un mensaje para esto.

Pero el verdadero problema fue el libro de El Imperio contrataca.

Admito que soy muy puntillosa con los libros. Me gusta comprarlos perfectos y cuidarlos (de eso pueden dar fe todos los que me han comprado los libros de la UNED que puse a la venta hace unos meses), y ese celo se multiplica, obviamente, si el libro es un regalo. Y aún más cuando se trata, como es el caso, de un libro especial. Lo mejor que se puede decir del libro que me mandó Amazon es que parecía de segunda mano:



Si hubiese sido un libro para mí, que necesitase urgentemente, podría haberme dado igual, pero si es un regalo para mi marido, no. De hecho, si me hubiese encontrado este libro en una librería no lo habría comprado. No sé si ha sido culpa del embalaje, del transporte o de la propia Amazon, pero me da lo mismo. Ese libro no puede venderse como nuevo, porque está en peor estado que cualquier libro usado que haya vendido yo. Y no entiendo cómo puede estar así de machacado un libro que en teoría está en un almacén, sin que nadie lo manosee ni lo estropee.

He presentado la pertinente devolución, con un enlace a las fotos de más arriba, y les he enviado el libro de vuelta. Aún no sé si me devolverán el dinero ni tampoco si me reintegrarán los gastos de envío que he pagado para mandarles el paquete de vuelta, pero si no lo hacen no creo que me vuelvan a ver comprando por su tienda española.

jueves, 12 de enero de 2012

Perlas del periodismo

Una de las muchas ventajas que tiene escribir y publicar en internet es que el feedback es inmediato, tanto para alabanzas como para críticas, y también para completar lo que has escrito o rectificar algún dato erróneo. Siempre se agradecen los comentarios que advierten sobre errores, que además, en internet, puedes corregir al instante (las pifias en periódicos o revistas impresos ahí se quedan para los restos). Pero lo más divertido es cuando corrigen cosas que son correctas. Este es un comentario a la noticia de Huelva Información El Museo del Mundo Marino echa el cierre por falta de financiación:

Una pena que cierren el museo pero mas pena que escriban "echa" el cierre sin H... Por favor, que es un periodico no una redaccion de un nino de segundo!

Sé que hay mucha gente que se lía con "hacer" y "echar", pero antes de lanzarse a corregir a nadie, con esos aspavientos, además, qué menos que comprobar si se tiene o no razón, ¿no? Por cierto, que lo he pegado tal cual. Quiero pensar que su teclado no tiene acentos, ni eñes, ni signos exclamativos de apertura...

martes, 3 de enero de 2012

2012

(Sí, ya sé que estamos a 3 de enero y que debería haber publicado esto hace un par de días, pero también hay gente que se pasa medio mes felicitando el nuevo año a quien se va encontrando y nadie les dice nada, ¿no?)


Las doce uvas (puede que alguna más), la ropa interior roja, brindar con cava (o champán, o sidra) y meter una joya de oro en el fondo de la copa, tener sólo el pie derecho en el suelo mientras se da la bienvenida al nuevo año, encender una vela de este o aquel color, pedir un deseo, escribir en un papel todo lo que se quiere dejar atrás con el cambio de calendario y luego prenderle fuego...

Los ritos, tradiciones y tonterías en general que hacemos cada vez que llega el 31 de diciembre son tan numerosos como inútiles. Hay quien cree que si se hace todo lo que decía en el párrafo anterior (y alguna que otra cosa más) uno se garantiza un nuevo año estupendo. La mayoría lo hacemos (no todo, claro, básicamente sólo las uvas) por costumbre, por tradición, no porque realmente creamos que con ello se conjura a la suerte, los hados, los dioses o como queramos llamarlos. Ojalá fuese tan fácil como seguir una lista de instrucciones.

Esto no va de buenos propósitos para el nuevo año, al menos no de los que suele plantearse la gente 'normal' (seamos sinceros, no creo que vaya a dejar de fumar ni desde luego voy a apuntarme -ni mucho menos ir- a un gimnasio; sí me gustaría volver a escribir a menudo, pero cada día que pasa me cuesta más y más concentrarme lo suficiente para hacerlo). En realidad es más bien un deseo, que podría resumirse en que este 2012 se porte mejor que sus predecesores (ya toca) para que, si los mayas tenían razón, al menos el fin del mundo nos pille con una sonrisa de satisfacción. En cualquier caso, la previsión habla de diciembre, así que nos vamos a tener que zampar todo el año sí o sí. Y encima es bisiesto (¿alguien más le tiene tirria a los años bisiestos?).

No sé si alguna vez lo he escrito aquí, pero a alguno quizás os suene haberlo escuchado en alguna que otra película. No sé si es una oración, un mantra o sólo una de esas frases de las típicas que ponían en los pósters esos de payasos supuestamente motivacionales que tanta grima daban (¿se siguen vendiendo esos pósters?):

"Fuerza para cambiar las cosas que puedo cambiar, paciencia para soportar las que no puedo cambiar y sabiduría para distinguirlas".

Venga de donde venga, siempre me ha gustado, y me encantaría conseguir hacerle caso. Ese podría ser mi propósito para 2012, sobre todo la parte de la paciencia, que no me vendría nada mal.

Pese a que es útil saber qué se puede o no cambiar para evitar estrellarse en vano estoy convencida de que hay algunas batallas que merece la pena luchar, aunque tengas claro que nunca vas a poder ganarlas. ¿Quién sabe? A lo mejor sí que logramos tirar algún muro. O a lo mejor se termina el mundo en diciembre. Por si acaso, tratemos de hacerlo lo mejor posible día tras día, para arrepentirnos sólo de los errores que hemos cometido y no de lo que ni siquiera hemos intentado. Además, dicen que de los errores se aprende, ¿no?

Potenciales apocalipsis al margen, espero que tengáis un fantástico 2012 y que sepáis perdonarme este texto tan extraño. Ya decía más arriba que cada vez me cuesta más escribir.